Cambio climático: las olas de calor, más largas, frecuentes y peligrosas

Un grupo de chicos juega con agua, ayer, en un barrio de Chicago, que soportó 46,1°C
Un grupo de chicos juega con agua, ayer, en un barrio de Chicago, que soportó 46,1°C Fuente: AFP
Mientras varias regiones de Estados Unidos enfrentan temperaturas récord, los expertos advierten que el calentamiento potencia cada vez más esos fenómenos
Kendra Pierre-Louis
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20 de julio de 2019  

NUEVA YORK.- Este fin de semana se espera que dos tercios de Estados Unidos se cocinen con récords históricos de temperatura en varias regiones. Por eso, las agencias de gobierno emitieron alarmas que pueden sonar ominosas. El Servicio Meteorológico Nacional, por ejemplo, advirtió sobre "un calor sofocante y peligroso", mientras que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica se hizo eco y alertó sobre "el exceso de calor, ese asesino silencioso".

Los más vulnerables a los efectos del calor extremo son las personas con problemas de salud, los adultos mayores y los chicos pequeños, una amenaza que crece a la par del cambio climático, que está generando olas de calor más frecuentes, largas y peligrosas, según los expertos.

Michael Mann, director del Centro de Ciencias del Sistema de la Tierra de la Universidad Estatal de Pensilvania, explicó que para entender mejor por qué el cambio climático aumenta la frecuencia de las olas de calor hay que pensar que la temperatura de la Tierra es como una Curva de Bell, también conocida como "Campana de Gauss". El cambio climático está revirtiendo esa curva hacia la parte de temperaturas más elevadas de esa escala. Incluso un ínfimo cambio en el centro implica que una porción mayor de la curva toque esa parte de temperaturas extremas de la escala.

"O sea que basta con un calentamiento de 1°C, que es lo que ha aumentado la temperatura hasta ahora, para hacer que la frecuencia de días de 38°C de temperatura en Nueva York se multiplique por 10", dice Mann. Según el Programa de Estados Unidos para la Investigación sobre el Cambio Mundial, desde de la década de 1960, en las 50 mayores ciudades norteamericanas se triplicó la cantidad promedio de olas de calor, definidas como dos o más días consecutivos con temperaturas mínimas que exceden las temperaturas históricas de julio y agosto, meses de verano en el hemisferio norte.

Ese programa usa las mínimas históricas, porque los efectos más perniciosos del calor extremo suelen producirse cuando no refresca durante la noche. En la década actual, la cantidad de olas de calor aumentó de un promedio anual de dos, en la década de 1960, a las actuales casi seis por año. Y también duran más.

El cambio climático también empeora las olas de calor de otra manera: altera la "corriente en chorro", el flujo de aire rápido y estrecho que circula en las capas altas de la atmósfera. Esas corrientes de aire que contribuyen a dinamizar los sistemas climáticos deben su fuerza a las diferencias de temperatura, que ahora se están achicando. Así que cuando llega una ola de calor, se queda donde está durante más tiempo.

"Estamos calentando el Ártico más rápidamente que el resto del hemisferio norte", dice Mann. "Eso está haciendo disminuir el diferencial térmico desde el subtrópico hasta el polo, cuando ese contraste es justamente el que impulsa las corrientes en chorro".

Al mismo tiempo, en determinadas condiciones esa "corriente en chorro" queda "atascada" entre la pared atmosférica del subtrópico y la del Ártico, dejando encerrados los sistemas climáticos en donde se encontraban. "Ahí es cuando se producen esos récords de temperaturas máximas, con olas de calor y sequías sin precedente, con incendios forestales e inundaciones", señala Mann.

Según el experto, eso explica la ola de calor del verano europeo del año pasado y del actual, y también está detrás de la ola de calor en Norteamérica de este año.

Según el Programa de Estados Unidos para la Investigación sobre el Cambio Mundial, el período del año en que son esperables olas de calor en el país es actualmente 45 días más largo que en la década de 1960.

Además, pronto las muertes por calor superarán a las que se producen por las olas de frío extremo.

Según el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades del gobierno norteamericano, actualmente el frío causa más víctimas fatales que el calor. Pero con la temperatura global en aumento, se prevé que las muertes por frío disminuirán, y que en contrapartida aumentarán las relacionadas con el calor extremo. Y ese incremento de muertes por calor, según la Evaluación Nacional del Clima de Estados Unidos, superará la baja de las muertes por frío extremo, lo que implica que la tasa de mortalidad general relacionada con el clima aumentará.

Es importante aclarar que el calor extremo no afecta a todos de igual modo. Además de los grupos vulnerables, también importa el lugar donde se vive. Los investigadores de la Universidad de California, en Berkeley, analizaron datos del censo de 2000 y descubrieron que las personas negras tienen hasta un 52% de probabilidades de vivir en los sectores más calurosos de las ciudades.

En la misma línea, Eric Klinenberg, director del Instituto para el Conocimiento Público de la Universidad de Nueva York, descubrió que durante la ola de calor que azotó Chicago en 1995 -que mató a más de 700 personas- la mayor cantidad de muertes se concentraron en lugares no solo pobres y segregados racialmente, sino también "vaciados institucionalmente".

"Durante las olas de calor y muchos otros eventos climáticos no hay nada más peligroso que el aislamiento social", dice Klinenberg. "En una ola de calor, una persona anciana y frágil que vive sola corre mucho más riesgo de morir si no tiene aire acondicionado".

Según Mann, no hay otra solución que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. "Piensen en el verano más caluroso que hayan vivido. Si seguimos por el camino actual, para mediados de siglo así será un día de verano cualquiera", alertó.

Las causas de un fenómeno alarmante

El cambio climático está aumentando tanto la frecuencia como la extensión de las altas temperaturas

Periodicidad

La temperatura de la Tierra es como una Curva de Bell, y el cambio climático la está revirtiendo hacia la parte de temperaturas más altas, con lo que aumenta la frecuencia de las olas de calor; incluso un ínfimo cambio de 1°C, que es lo que aumentó la temperatura hasta ahora, puede hacer que la frecuencia de días de calor extremo en una ciudad se multiplique por 10.

Tiempo

El cambio también hace que las olas de calor duren más tiempo, al alterar la "corriente en chorro", el flujo de aire rápido que circula en las capas altas de la atmósfera. Esos flujos contribuyen a dinamizar los sistemas climáticos y deben su fuerza a las diferencias de temperatura, que se están achicando. Así que cuando llega una ola de calor, se queda durante más tiempo.

Riesgos

Según el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos, en la actualidad el frío causa más víctimas mortales que el calor. Pero con la temperatura global en aumento, se prevé que las muertes por frío disminuirán y que aumentarán las relacionadas con el calor extremo. Pronto, estas últimas superarán a las primeras.

Traducción de Jaime Arrambide

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