Cenas, confabulaciones y presión: cómo se tejió la elección del Papa

Un nuevo libro revela los detalles del desarrollo del cónclave que en marzo de 2013 catapultó a Bergoglio al pontificado
El Papa Francisco
El Papa Francisco Fuente: AP - Crédito: Alberto Pizzoli
Un nuevo libro revela los detalles del desarrollo del cónclave que en marzo de 2013 catapultó a Bergoglio al pontificado
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13 de abril de 2019  

NUEVA YORK.- Seis años y un mes después del cónclave que determinó la llegada al trono de Pedro de Jorge Bergoglio, el primer papa latinoamericano y jesuita, un libro que se publica hoy en Estados Unidos ( La elección del papa Francisco : un relato íntimo del cónclave que cambió la historia) revela cómo fue ese evento, uno de los más secretos del mundo.

Según diversas fuentes -cardenales que rompieron el secreto pontificio-, el veterano vaticanista irlandés Gerard O'Connell, corresponsal de la revista jesuita America Magazine, reconstruye allí cómo el entonces arzobispo de Buenos Aires llegó a ser electo.

A los 76 años y a punto de jubilarse, pocos consideraban a Bergoglio papable. En el libro, escrito en forma de diario, O'Connell relata qué pasó desde la renuncia de Benedicto XVI hasta el 19 de marzo de 2013, día de la asunción de Francisco. Describe el shock de los cardenales electores por la renuncia de Benedicto; el clima antiitaliano tras el escándalo por la filtración de cartas reservadas, y la falta de preparación. A diferencia del cónclave de 2005, tras la muerte de Juan Pablo II, los cardenales no estaban listos, no habían hecho campaña y no tenían un candidato fuerte como entonces Joseph Ratzinger.

O'Connell describe cómo, tras bambalinas, algunos purpurados intentaban impulsar ciertos nombres. Y revela reuniones, cenas en trattorias romanas y encuentros en departamentos de cardenales. Al comenzar un cónclave marcado por la incertidumbre, el 12 de marzo, para O'Connell las cartas ya estaban echadas para que por primera vez el papado cruzara el Atlántico. Aunque pocos analistas lo habían tenido en cuenta, Bergoglio tenía buenas credenciales: había sido el segundo más votado en 2005, detrás de Ratzinger. Al haber participado en ese cónclave, era conocido por 68 de los 115 cardenales electores. También había sido clave su rol en la reunión del episcopado latinoamericano en Aparecida, Brasil (2007).

La prensa italiana había pronosticado que era el cardenal Angelo Scola -entonces arzobispo de Milán, fino teólogo conservador y delfín de Benedicto- el candidato en la pole position. Pero O'Connell, que previó la elección de Bergoglio, al hacer cálculos cayó en la cuenta de que Scola no contaba con el respaldo de los otros 27 italianos que participaban de la elección, totalmente divididos. Bergoglio, en cambio, contaba con un apoyo transversal de algunos cardenales italianos -que se juntaron la noche anterior al encierro "bajo llave" a cenar en lo del cardenal Attilio Nicora-, de latinoamericanos, europeos y asiáticos.

Desde la primera votación, en la tarde del 12 de marzo en la Capilla Sixtina, quedó claro el potencial del arzobispo de Buenos Aires, que obtuvo 26 votos. Fue el segundo más votado después de Scola (30), muchos menos de lo que se especulaba. Le siguieron el canadiense Marc Ouellet (22), prelado conservador, en principio candidato del bloque norteamericano; el estadounidense capuchino Sean O'Malley (10); el brasileño Odilo Scherer (4), y otros que cosecharon dos o un voto, entre ellos, el argentino Leonardo Sandri (1).

Después de una noche en la que algunos cardenales, incomunicados en la residencia de Santa Marta, se reunieron en grupos reducidos y confabularon, en la mañana siguiente, 13 de marzo, la candidatura del cardenal porteño tomó vuelo. En el segundo escrutinio superó a Scola y conquistó una delantera que ya no abandonaría: Bergoglio, 45; Scola, 38; Ouellet, 24, y O'Malley, 3. En el tercero, sumó votos y llegó a 56, ante los 41 de Scola y los 14 de Ouellet. "Parecía que los estadounidenses y quizás algunos más en la tercera votación habían cambiado su preferencia de Ouellet a Bergoglio", apunta O'Connell. El autor revela que después de esta votación Scola, que se dio cuenta de que ya era imparable el deseo de un cambio de continente para el papado, le pidió al bloque que lo sostenía que apoyara a su rival argentino.

En el almuerzo en Santa Marta algunos cardenales que no querían al jesuita intentaron boicotearlo. ¿Cómo? Al tratar de difundir información de que solo tiene un pulmón (en verdad le fue extirpado un lóbulo del pulmón derecho, a los 21 años) y plantear su supuesta complicidad con la dictadura. Fue el cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga quien se ocupó de desmentirlo. Después de ese almuerzo, el futuro papa durmió una siesta.

En la cuarta elección de la tarde, el arzobispo porteño se acercó a los 77 votos necesarios para ser electo (equivalentes a los dos tercios de los 115): Bergoglio, 67; Scola, 32; Ouellet, 13; Vallini, 2, y O'Malley, 1. En este escrutinio la sorpresa fue la entrada de un nombre nuevo: el italiano Agostino Vallini, entonces vicario de Roma. "¿Significaba que alguien a último minuto quería bloquear la trayectoria de Bergoglio hacia el papado? Cualquiera fuera el motivo, una movida fútil", escribe O'Connell.

La quinta votación debió anularse porque la papeleta de un cardenal quedó pegada a otra. Finalmente, Francisco fue electo en la sexta votación con 8 votos más que los necesarios: 85. Scola quedó con 20; Ouellet, con 8, y Vallini, con 2.

O'Connell detalla que en medio del júbilo de los participantes no todos estaban contentos: "Esto será un desastre", comentó el cardenal esloveno Frank Rodé. Cuando los aplausos terminaron, Bergoglio se levantó y fue a darle un abrazo a Scola.

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