Charlie Hebdo, la revista satírica que ya había sufrido atentados y generado polémicas

Las caricaturas de Mahoma en 2012 generaron polémica y repudio
Las caricaturas de Mahoma en 2012 generaron polémica y repudio
En 2011, la redacción en París había sido incendiada para repudiar un especial cargado de ironías sobre las elecciones en Túnez; en 2012 cerraron 20 embajadas en países islámicos ante posibles estallidos de violencia por la publicación de caricaturas de Mahoma
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7 de enero de 2015  • 10:32

Charlie Hebdo, el semanario satírico de París donde hombres encapuchados entraron y mataron a al menos once personas, posee una gran tradición crítica y reivindicativa.

"Somos una publicación satírica de actualidad que hace su trabajo al hablar de lo que sucede en el mundo. Nuestra forma de evocar los temas es mediante la caricatura", había afirmado su director, Stephane Charbonnier, ante las polémicas que generaban los dibujos publicados.

En septiembre del 2012, París se vio obligada a cerrar embajadas y centros culturales en 20 países islámicos ante la amenaza de un estallido por las caricaturas de Mahoma publicadas en el semanario francés donde ocurrió el ataque de esta mañana. Además, las publicaciones generaron estupor en Washington e indignación en los centros de poder islámico.

El Gobierno de François Hollande, preocupado por los estallidos de violencia que podían generar los dibujos contra sus intereses en países como Egipto, Libia, Indonesia, Yemen o Túnez, había calificado la publicación como "una provocación" y acusado a los editores de "echar gasolina al fuego".

En noviembre del 2011, la sede del semanario satírico Charlie Hebdo resultó gravemente dañada por un atentado con un cóctel molotov, que provocó un incendio y dejó las instalaciones inutilizables.

El atentado fue ligado al número de ese momento, rebautizado excepcionalmente como Sharia Hebdo, y dedicado al avance islamista en Túnez y Libia. En la portada aparecía un dibujo del profeta Mahoma, nombrado "redactor jefe" del número. La portada, que ya había provocado revuelo en las redes sociales, retrataba al profeta, sonriente, prometiendo "100 latigazos a quienes no se mueran de risa".

En 2011, la redacción en París había sido incendiada para repudiar un especial cargado de ironías sobre las elecciones en Túnez
En 2011, la redacción en París había sido incendiada para repudiar un especial cargado de ironías sobre las elecciones en Túnez Crédito: LP/Olivier Corsan

El número tenía como objetivo "celebrar la victoria" del partido islamista Ennahda en Túnez y el anuncio por parte del Consejo Nacional de Transición libio de que la sharía sería la principal fuente de la nueva Constitución del país. Los 75.000 ejemplares distribuidos en ese momento se agotaron en horas.

En marzo del 2007, la justicia francesa absolvió a Philippe Val, director de Charlie Hebdo, por la publicación de las polémicas caricaturas de Mahoma en 2006. Val, denunciado por varias asociaciones musulmanas francesas, se enfrentaba a una pena máxima de seis meses de prisión. El Tribunal Correccional de París consideró que la publicación de esas caricaturas estaba sujeta al derecho de la libertad de expresión y no atacaba a la religión musulmana como tal, sino a los integristas de esta religión. La defensa de Val, que también había pedido la absolución, afirmó que nunca hubo intención de herir a nadie y subrayó que Francia es un país laico donde la libertad de expresión es fundamental.

El año anterior a la absolución del director de la revista, Charlie Hebdo reprodujo las 12 caricaturas de Mahoma que habían aparecido en septiembre de 2005 en el periódico danés Jyllands-Posten. La tapa de ese número del 8 de febrero de 2006 afirmaba: "¡Es duro ser amado por imbéciles!" Cuando en épocas normales la revista tira unos 60.000 ejemplares, ese número, con una tirada de 600.000 ejemplares, se agotó rápidamente.

La revista, con una línea osada, fue creada en 1992 por el escritor y periodista Francois Cavanna, fallecido el 29 de enero de 2014 a los 90 años. Fue sucedido por su discípulo, el dibujante Charb, que continuó con la línea considerada como una blasfemia para los musulmanes y de libertad de expresión para la editorial.

Durante el 2014, las ventas se cayeron, alcanzando la cifra de 50.000 ejemplares. De hecho, Stéphane Charbonnier, el director del semanario que no cuenta con publicidad ni accionistas, llamó a sus lectores a salvar la publicación mediante una donación de solidaridad.

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