China se frena: la desaceleración y los conflictos sociales golpean al régimen

Natalia Tobón Tobón
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18 de diciembre de 2011  

PEKIN.- China se levanta como la estrella de Oriente en los momentos de oscuridad. Al menos eso suele esperar el mundo del gigante asiático en épocas de crisis económica. Con sus reservas de hasta 3,2 billones de dólares, Pekín podría no sólo aliviar la deuda occidental, sino convertirse en el motor global el año que viene. Pero, cada vez más, las autoridades chinas parecen más preocupadas por los problemas como la desaceleración de su pujante economía, el creciente malestar social por la falta de libertades cívicas o los conflictos sociales y laborales que han estallado en algunas ciudades del país y que amenazan la estabilidad interna.

Hace unos días, el régimen chino reconoció las primeras señales de debilidad de su economía, tras una desaceleración de su producto bruto interno (PBI), que fue cayendo progresivamente desde el 10,4% con que cerró en 2010 hasta el 9,1% del tercer trimestre de este año. La caída en la demanda mundial derivada de la crisis global llevó al gobernante Partido Comunista a dar la voz de alarma y anunciar la aplicación de una política monetaria "prudente" para 2012.

El gobierno chino siempre se esforzó en mantener la calma frente a la crisis económica mundial, confiado en un crecimiento de hasta dos dígitos, incluso durante el complicado 2008. Pero diversos analistas afirman ya que China no podrá mantener un crecimiento superior al 8%, cifra que es su objetivo anual desde hace seis años y que siempre superó sin dificultad.

La compleja situación que viven los principales socios comerciales de China ya golpea de fondo el desarrollo de su mediana y pequeña empresa. "Las empresas chinas que dependen de las exportaciones enfrentan su peor situación en años. No podemos descartar la posibilidad de un déficit comercial el próximo año", señaló Wei Jianguo, ex viceministro de Comercio y director del Centro Chino para los Intercambios Económicos Internacionales.

Con la crisis, la pujante mediana empresa china se está quedando sin recursos, generando estancamientos regionales y un alto desempleo. Y así, las pymes, consideradas por los grandes estatistas chinos -comenzando por Deng Xiaoping- como el motor de la economía local, podrían convertirse, en el largo plazo, en una de las mayores amenazas de la estabilidad china.

La estabilidad social

El pujante crecimiento económico chino siempre ha sido la forma más fácil de controlar la estabilidad social. Pero este año, esta difícil armonía se ha visto cada vez más amenazada, especialmente por diferentes explosiones masivas de descontento y preocupación.

En los últimos tres meses, las protestas por el desempleo, el encarecimiento del costo de vida y conflictos laborales entre trabajadores y empleadores han aumentado considerablemente a lo largo de todo el país. Ya el salario mínimo de 260 dólares mensuales no alcanza en un país con cifras de hasta 6,5% de inflación. Especialmente, en el caso de un trabajador raso, migrante y dependiente de las horas extra. "Las protestas no están siendo organizadas por sindicatos oficiales, sino por los mismos trabajadores, que han formado organizaciones espontáneas mediante redes sociales. Son los jóvenes trabajadores quienes están al mando de las protestas, pero siguen estando presentes trabajadores viejos que se preocupan por su seguridad social y compensaciones por despidos", declaró a La Nacion Geoff Crothal, activista chino de la ONG China Labour Bulletin.

En la prensa china, las protestas laborales comúnmente se publican cuando son en empresas extranjeras, pero Crothal afirmó que tienen informes de grandes marchas en empresas chinas, tanto estatales como privadas, especialmente en el sector de transportes y construcción.

Esta situación no sólo afecta a los empleados, sino que se extendió a los presidentes de compañías, que para sustentar su desarrollo a lo largo del tiempo se endeudaron masivamente, recurriendo incluso a préstamos en el mercado negro.

Wenzhou, una ciudad de la costa oriental china, que antes brillaba por su pujanza empresarial, hoy es lugar de fábricas desiertas. Casi cien presidentes de compañías se esfumaron ante la imposibilidad de pagar las deudas y doce se suicidaron.

El descontento laboral, la inflación y unas estrictas políticas inmobiliarias, que no han logrado frenar la especulación y bajar los precios de las viviendas, llevaron a una situación que tiene preocupada a la población. Si bien todos serán problemas que el gobierno ya declaró como objetivo base para el próximo año, también reconoció que necesita estar más preparado para las expresiones sociales de protesta.

Más protestas

Las bajas salariales, disminución de horas extra, reducción en condiciones laborales y desempleo por el cierre masivo de fábricas han llevado a un aumento en esas protestas a lo largo de todo el país. Las alarmas ya se han prendido y el gobierno se lo quiere tomar en serio, especialmente cuando en 2012 habrá un cambio de gobierno.

Zhou Yongkang, miembro del Politburó, declaró que es hora de que en China se ponga en marcha un sistema de manejo social con características chinas. Es decir, un control más fuerte y monitoreado desde lo alto, frente a posibles erupciones sociales. Antes de ayudar a sus socios, China quiere garantizar que el pueblo esté contento, trabajando y gastando, para así depender de su demanda interna.

"No hemos desarrollado un mecanismo de control social, especialmente cuando enfrentemos los efectos negativos de la economía de mercado", declaró.

Las palabras de Zhou recuerdan las del ex primer ministro Zhu Rongji, a quien muchos reconocen como el artífice del ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace exactamente diez años. Zhu resaltó en varios de sus discursos que la pobreza va de la mano con el malestar social y que una recesión llevaría inmediatamente al caos. Las protestas van directamente en contra del sistema y hay que cortarlas de raíz, afirmó hace varios años, precisamente en el foro económico anual del gobierno.

Zhou confirmó la amenaza a la estabilidad y le dio un nuevo toque social: invitó a los funcionarios de cada provincia a evitar gastos exagerados que terminan impulsando aún más las protestas sociales en los pasados años. Una recomendación que llega en un momento particular. En Wukan, en la provincia de Guangdong, el pueblo ha logrado enfrentarse a las autoridades, forzándolas a abandonar la ciudad, después de que protestaran masivamente en contra de desalojos forzados para construir villas residenciales con campos de golf.

Los conceptos que más se repitieron en la prensa china esta semana son crecimiento sostenible, demanda interna, control monetario y unión nacional. Estas palabras componen, como en años anteriores, la fórmula económica para 2012 en China. O en otras palabras: estabilidad social, económica y política. La misma receta de los últimos años, pero en un contexto diferente, más "severo y complicado", según ha reconocido el propio régimen.

La locomotora china se frena y el descontento de algunos de sus pasajeros inquieta más que nunca a los maquinistas del régimen.

EL MUNDO, PENDIENTE DE LA MARCHA DE LA ECONOMÍA CHINA

Una tasa de crecimiento del 5% sería óptima para muchos países, pero no para China. Si ésa fuera su expansión en los próximos años, sufriría un "aterrizaje complicado", luego de la gran expansión de la última década.

Baja del precio de las commodities

La demanda de las commodities (como acero, cobre y soja) podría caer de forma significativa si la economía china se estancara, con lo que los grandes productores (como la Argentina con la oleaginosa) se podrían ver afectados por fuertes bajas de precios.

Cae la demanda de alta tecnología

Los países que exportan a China insumos de alta tecnología para la industria local se verían afectados si el gigante asiático sufriera un freno. Uno de los principales afectados sería Alemania, uno de los grandes productores de tecnología del mundo, que es muy dependiente de sus exportaciones para equilibrar su economía.

Incertidumbre por los bonos del Tesoro norteamericano

En las últimas semanas, Pekín, el mayor tenedor mundial de bonos del Tesoro norteamericano (US$ 1,14 billones), retomó la compra de bonos ante la incertidumbre que vive Europa. Pero el año próximo podría salir a vender, lo que disminuiría su valor y agregaría más presión en el gasto público.

El acero y la maquinaria, afectados

Una desaceleración agravaría la creciente debilidad del mercado chino de bienes raíces, por lo que podría caer la sobredemanda de maquinaria pesada y de la industria del acero que China exporta para la producción de EE.UU. y de la UE. También golpearía a vecinos de China, como Japón, que también le exportan maquinaria pesada.

Los precios en Occidente, hacia arriba

Si China, el principal motor de la economía global, desacelerara su ritmo de crecimiento, exportaría menos productos, lo que provocaría aumentos de precios en países de Occidente. Así, alimentaría las presiones inflacionarias.

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