
Clinton, el vecino más polémico de Harlem
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NUEVA YORK.- Sábado a la mañana en la calle 125 de Manhattan, el corazón del barrio negro de Harlem. Pese al calor, la gente que hace sus compras no para de hablar -para bien o para mal- del nuevo vecino que se acaba de mudar a unas cuadras de allí.
"No creo que traiga problemas. Al contrario", aseguró a LA NACION Theresa Traynor, una jubilada que ha vivido sus 73 años en Harlem y que está fascinada con la idea de que el ex presidente Bill Clinton haya instalado sus oficinas en el número 55 Oeste de la calle 125.
"Yo ya estoy un poco vieja para el tipo de problemas que él me podría traer a mí. No voy a postularme para ser pasante suya", bromeó Theresa, que con una gorra de baño protegía del súbito chaparrón veraniego su blanquísima cabellera, recién salida de la peluquería.
Theresa fue una de las dos mil personas que el lunes pasado se acercaron hasta el edificio Adam Clayton Powell para recibir al famoso inquilino del piso 14. Y Clinton no los defraudó. Acompañado de diversos líderes políticos negros, al ritmo del Coro de Niños de Harlem y con helicópteros de canales de televisión sobrevolando el área, el ex presidente, con su característica sonrisa y buen humor, ofreció uno de los shows a los que tiene acostumbrado al público norteamericano.
Cantó "Stand by me", bailó chasqueando los dedos, tocó el saxo y repartió besos y abrazos a ancianos, niños, mujeres, vecinos y turistas curiosos, entre los que se encontraba un grupo venido desde el barrio sudafricano de Soweto. La CNN, que estaba presentando en vivo un discurso del presidente George W. Bush en Washington, cambió de ciudad y prefirió transmitir la calurosa bienvenida de Harlem a Clinton.
La gente lo recibió como a un verdadero héroe. Agitaban abanicos con su cara, gritaban "¡We want Bill!" ("¡Queremos a Bill!"), festejó cada una de sus frases y lo aplaudió como si se tratara del nuevo rey del hip-hop y no del "rey de las relaciones públicas". El hombre cuyo carisma hace vibrar y emocionar a cualquier auditorio que se le ponga delante. El hombre cuya personalidad avasallante ha logrado una y otra vez que se le perdonen los pecados del pasado. Sobrevivió a la rubia Gennifer Flowers, a la morocha Paula Jones, al escándalo inmobiliario de Whitewater, a "esa mujer" Monica Lewinsky, a los criticados perdones presidenciales de último momento e incluso al papelón de haberse llevado muebles y regalos de la Casa Blanca.
Un lugar simbólico
Pero Clinton está atravesando un nuevo renacimiento. Tal vez por eso no había un lugar más simbólico que Harlem neoyorquino, el ex gueto negro que en las décadas del 70 y del 80 fue sinónimo de crimen, drogas y pobreza. Hoy -en parte gracias a una ley presentada por Clinton cuando era presidente para reconstruir el barrio- la zona está nuevamente de moda, como lo fue en los años 30 y 40, la época gloriosa del jazz.
Duke Ellington, Ella Fitzgerald y Louis Armstrong ya no se presentan en el Cotton Club o en el Apollo Theater (que siguen en pie y donde de tanto en tanto tocan "grandes" como Wynton Marsalis), pero lo que atrae a la gente son nuevos negocios como la Disney Store, la tienda de ropa Old Navy, la disquería HMV, el complejo de cines Loews, la cafetería Sturbucks o los bancos JP Morgan y Chase Manhattan.
Nuevos puestos de trabajo y más dinero han sido clave para la reconversión del barrio. Sus tradicionales edificios victorianos están siendo renovados y donde antes había drogadictos y " gangs " (pandillas callejeras), ahora hay flores, árboles y familias de profesionales y yuppies, de distintas razas y extranjeras, y hasta un ex presidente. Estas mejoras llevaron al aumento de los precios inmobiliarios y con ello a las protestas de pequeños comerciantes amenazados por las grandes tiendas y los sectores de menores recursos, mayoritariamente negros, que no pueden pagar los nuevos alquileres.
Resistencia
"La reconversión de Harlem para nosotros significará el genocidio . No podremos vivir más aquí", dijo con tono dramático Malik Zulu Shabazz, líder de las Nuevas Panteras Negras, un grupo que lucha por los derechos de la minoría afroamericana y se refiere a Clinton como el presidente de los "United Snakes of America" (Serpientes Unidas de Norteamérica).
Junto a otros 25 miembros de las Panteras Negras -todos con uniforme paramilitar-, Shabazz estuvo el lunes en la recepción a Clinton. El grupo gritó: "¡Mantengan el Harlem negro!" y "¡Clinton, go home!".
Sin embargo, el ex mandatario no se dejó intimidar. "No quiero que los pequeños comerciantes se vean obligados a irse porque yo llego -aclaró- Todos nos necesitamos."
Las Panteras Negras siguieron con sus cánticos hasta que varias señoras mayores les pidieron que se callaran. Antes de retirarse, Shabazz aseguró que usarán "todos los medios necesarios" para evitar que Clinton se mude a sus oficinas.
Por lo pronto, el ex presidente continúa viviendo en Chappaqua, en el Estado de Nueva York, y va seguido a Washington a visitar a su esposa Hillary, ahora senadora.
Según dijo a LA NACION Julia Payne, secretaria de Clinton, el ex presidente no dará entrevistas por un largo tiempo (tiene más de 200 pedidos). Mientras tanto, se concentrará en sus redituables conferencias (cobra unos 125.000 dólares) y en jugar al golf por el mundo (ninguno de los clubs de su condado quiso aceptarlo como miembro, aunque ahora puede que revean la decisión).
Biblioteca y algo más
Además, está en campaña para juntar fondos para la biblioteca presidencial que piensa construir en su natal Little Rock, Arkansas (mientras estuvo en Nueva York esta semana organizó una fiesta en los Dakota Apartments -donde vivía John Lennon- a la que asistieron Robert De Niro, Donald Trump, Tommy Hilfiger y Oscar de la Renta, entre otros). También está recaudando dinero para respaldar iniciativas contra el sida y en favor de la reconciliación racial y la paz mundial.
¿Podría presentarse como candidato a la alcaldía de Nueva York en cuatro años, como tanto se especula? "Sin comentarios", fue la respuesta de su secretaria.

