Colombia: la detención de Uribe complica el frente interno de Duque

El expresidente Álvaro Uribe
El expresidente Álvaro Uribe Fuente: Reuters
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5 de agosto de 2020  • 20:36

BOGOTÁ.- El poderoso expresidente derechista Álvaro Uribe pasó a engrosar la fila de exmandatarios latinoamericanos enredados con la justicia. En Colombia , su arresto domiciliario golpea sobre todo a su delfín, el presidente Iván Duque , cuando intenta levantar a un país en crisis por la pandemia de coronavirus .

La Corte Suprema agitó el mundo político con la decisión de ordenar ayer la prisión preventiva contra el también senador y jefe natural del partido en el poder, mientras lo investiga y decide si lo llama a juicio por manipular testigos contra un legislador de oposición.

Un día después de conocerse la orden judicial, voceros de su partido indicaron hoy que Uribe, de 68 años, dio positivo al examen de coronavirus.

El expresidente que gobernó entre 2002 y 2010, está respondiendo en su condición de parlamentario, por lo que su único juez es el alto tribunal, que dictó la medida alegando "posibles riesgos" de obstrucción de la justicia.

"Es una figura muy reconocida en Colombia, pero también es una figura controversial", afirmó Felipe Botero, politólogo de la Universidad de Los Andes.

El fundador del partido Centro Democrático (CD) mueve pasiones como ninguno en Colombia. Su oposición al acuerdo de paz de 2016 con las FARC , la antigua guerrilla que combatió sin tregua, fracturó a la opinión pública desde entonces.

Ayer hubo caravanas motorizadas y cacerolazos a favor y en contra.

Interrogado por los magistrados en octubre pasado, Uribe terminó enredado en un giro insospechado de la justicia.

En 2012 presentó una denuncia contra el senador de izquierda Iván Cepeda por un supuesto complot judicial que estaba preparando en su contra, apoyado en testimonios falsos.

Uribe sostenía que Cepeda -uno de sus mayores adversarios y testigo en su proceso- contactó a exparamilitares presos para que lo involucraran en actividades criminales.

Pero la corte se abstuvo de enjuiciar al izquierdista y en cambio decidió abrir en 2018 la investigación contra el exmandatario bajo la misma sospecha: manipular testigos contra su opositor.

"No hay personas que en Colombia estén por encima de la justicia y de la ley por muy poderosas e influyentes que sean", celebró entonces Cepeda.

Además de este expediente, Uribe está vinculado a más investigaciones penales por sus presuntos vínculos con los grupos de ultraderecha que enfrentaron clandestinamente a las guerrillas durante el largo conflicto colombiano.

Bajo su gobierno también estalló el peor escándalo que ha implicado a las Fuerzas Militares, el de la ejecución de cientos de civiles que fueron presentados como rebeldes caídos en combate.

El político colombiano más influyente de este siglo es así admirado por su mano dura contra los rebeldes y odiado, con igual fervor, por los múltiples escándalos de corrupción y de violaciones de derechos humanos que alcanzaron a su círculo próximo.

Tras la prisión domiciliaria, Duque hizo suyo el dolor de los uribistas expresando su rechazo a que su líder tenga que defenderse preso mientras los exguerrilleros - algunos también senadores - lo hagan en libertad cuando han "lacerado al país con barbarie".

De la suerte que corra Uribe depende en gran parte el futuro de la derecha que recuperó el poder en la figura de un inexperto Duque, quien pasado mañana completa dos de los cuatro años de su mandato.

Duque "queda muy presionado porque ya tenía un incendio en lo económico y social (por la pandemia), y ahora puede tener un incendio político y podría hasta tener un incendio institucional", opina el politólogo Álvaro Forero.

Aparte del lío que supone el arresto de Uribe, quien aglutina a la frágil coalición de gobierno en el Congreso, Duque soporta desde ahora la presión de su partido, tras ser blanco de sus críticos por convertirse en "defensor de oficio" de su mentor y abstenerse de referirse a un proceso judicial.

Ayer el CD planteó reformar la justicia a través de una asamblea constituyente, es decir, cambiar la Constitución de 1991 para "aliviar" el peso de Uribe, según la senadora Paloma Valencia.

Para esa fuerza de derecha, su líder es víctima de una persecución y se requiere "despolitizar" las cortes y dar paso a una único tribunal que dé garantías a los investigados, lo que implicaría la disolución de la Corte Suprema.

Pero esto solo "debilita a Duque, porque golpea el prestigio del partido y, segundo, fortalece a los sectores radicales", que quieren "la revancha contra la Corte Suprema", comenta Forero.

El jefe de Estado apoyó una reforma a la justicia, pero evitó hacer lo propio con la constituyente aduciendo el largo trámite parlamentario.

Por ahora el caso Uribe impide la "paz política y unidad" que necesitan el gobierno para manejar la crisis cuando la pandemia azota con fuerza con más de 300.000 contagios y 11.300 muertos.

Uribe nunca quiso retirarse de la política, rechaza la justicia de paz acordada con las FARC para juzgar los peores crímenes del conflicto y más de una vez puso en duda la imparcialidad de los altos magistrados.

Agencia AFP

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