Con Clinton de gira, Gore se quedó a cargo de la Casa Blanca
Intenta dar una imagen de tranquilidad.
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WASHINGTON.- Bill Clinton partió de gira por Asia; su mujer, Hillary, viajará en las próximas horas a Israel para representar a los Estados Unidos en el funeral de Leah Rabin; y el vicepresidente, Al Gore, quedó a cargo de la Casa Blanca.
Todo muy normal, si no fuera por la pelea cada vez más ácida que están librando Gore y George W. Bush en los tribunales de Florida para determinar quién ganó las elecciones presidenciales hace una semana.
El primer impacto de la indefinición se sintió en Wall Street, con una caída de casi 2 por ciento del Dow Jones, y ahora se trasladó al Congreso, que resolvió reducir al mínimo las actividades hasta el 5 de diciembre.
Gore, después de pasar cuatro días sin hacer declaraciones a los medios, habló ayer por la tarde en un jardín de la Casa Blanca, intentando transmitir la imagen de que no hay crisis en el gobierno federal.
"Aquí está en juego la integridad de nuestra democracia, por eso debemos asegurarnos de que cada voto sea contado, y de manera adecuada", dijo Gore para justificar la insistencia de su campaña en avanzar con el recuento manual de votos en los municipios más demócratas de Florida, que le podrían dar los sufragios que necesita para ser el próximo presidente.
"Yo no quisiera ganar por una diferencia de unos pocos votos mal contados o malinterpretados, y supongo que el gobernador Bush tampoco", agregó el vicepresidente, para sugerir que un triunfo del candidato republicano, sin el recuento manual, puede estar cubierto por la falta de legitimidad.
En una guerra de imágenes, Bush había llamado a las cámaras de televisión para que tuvieran registro de su encuentro con las personas que seguramente van a formar parte de su gabinete si logra finalmente llegar a la presidencia. Quería mostrarse como quien ya se siente el ganador.
Gore respondió ayer desde la Casa Blanca y con el título de presidente provisional. Clinton partió con rumbo a Brunei, donde participará de una cumbre del grupo APEC (de cooperación económica de los países de Asia Pacífico) y de ahí seguirá camino a Vietnam, para protagonizar la primera visita de un presidente de los Estados Unidos tras la guerra. Hillary Clinton, la primera dama que es al mismo tiempo senadora electa por Nueva York, se sumará a la comitiva presidencial en Hanoi.
Mientras que la pelea por la Casa Blanca se dirime por primera vez en la historia de la democracia norteamericana con la intervención de los tribunales, el mensaje implícito en el viaje de Clinton es que no hay crisis constitucional que justifique que el presidente cancele su viaje.
La Constitución prevé un período largo de transición entre la elección del presidente (que se realiza el primer martes de noviembre, que este año fue el 7), la votación del Colegio Electoral (18 de diciembre) y la transmisión de mando (el 20 de enero). Tanto Clinton como Gore dicen que sólo hace falta paciencia, y que sobra el tiempo para dirimir el problema dentro de los plazos establecidos.
"Nos tenemos que tomar el tiempo necesario para escuchar exactamente lo que dijo el pueblo norteamericano, porque eso es lo que requiere nuestra Constitución", afirmó ayer el vicepresidente.
El Congreso, en suspenso
El Congreso, que dejó de sesionar el 3 de este mes, debe completar el trabajo que quedó pendiente antes de las elecciones. Parte del presupuesto para el año fiscal 2001, que en los Estados Unidos se empieza a ejecutar en octubre, aún debe ser aprobado. Siete secretarías del gabinete de Clinton, y otras tantas más pequeñas, están funcionando con partidas provisionales.
"Tenemos muchas cosas pendientes", dijo el senador Tom Daschle, jefe del bloque demócrata, pero el primer intento por empezar a funcionar fracasó ayer, porque los legisladores no quieren avanzar con los proyectos que significarían aumentos del gasto público y recortes de impuestos sin saber quién será el próximo presidente.
Los republicanos preservarán una mayoría muy ajustada en la Cámara de Representantes, y mínima en el caso del Senado. "Tendremos que pensar de una manera innovadora", dijo Trent Lott, jefe de la bancada mayoritaria del Senado.
Si Gore finalmente se impone, la banca de su compañero de fórmula Joe Lieberman caerá en manos de un republicano, y quedarán divididos entre 49 demócratas, con 50 miembros de la oposición. Si Bush gana, entonces el Senado estará partido por la mitad, y el vicepresidente Dick Cheney tendrá el voto del desempate.
En sus declaraciones públicas, los legisladores parecen tener en claro que, cualquiera sea el resultado final, tendrán que buscar consensos para que el Congreso pueda funcionar con su nueva composición a partir de enero.
"Ignorar la ley"
- AUSTIN (AFP).- Los encargados de la campaña de George W. Bush acusaron al vicepresidente Al Gore de tratar de "ignorar la ley" al insistir en el recuento de votos en Florida. "Hoy el vicepresidente esencialmente dijo que debemos ignorar la ley para que pueda modificar los resultados de esta elección", dijo la vocera de la campaña republicana, Karen Hughes.


