Condenaron a la ex esposa de Gucci
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ROMA (EFE).- El Tribunal de Apelación de Milán condenó ayer a 26 años de prisión a Patrizia Reggiani como inductora de la muerte de su ex esposo, el rey de la moda italiana Maurizio Gucci, en la segunda instancia de uno de los procesos más controvertidos del país.
Reggiani, que ha visto reducida en sólo tres años la primera pena impuesta por la Justicia en 1998, siempre se ha declarado inocente de la muerte del industrial, asesinado a balazos en la puerta de la compañía que dirigía, en 1995.
Los jueces, tras más de siete horas de deliberaciones, acordaron disminuir también las condenas de los otros acusados: Benedetto Ceraulo, considerado autor material del homicidio; Orazio Cicala, conductor del automóvil desde el que se produjo el disparo, y Pina Auriemma e Ivano Savioni, organizadores del asesinato.
Condenado a prisión perpetua en primera instancia, Ceraulo cumplirá 28 años y 11 meses de prisión, mientras que Cicala pasará 26 años en la cárcel, en lugar de los 29 iniciales; Auriemma ha visto reducida su pena de 26 a 19 años, y Savioni, de 26 a 20.
Auriemma, confidente y amiga de Reggiani y convertida durante el proceso en su principal acusadora, ha sido la que mayor reducción ha conseguido, al beneficiarse de su colaboración con la fiscalía, que había pedido la condena a perpetuidad para la viuda de Gucci.
Según la fiscal Laura Bertole, la decisión de Reggiani de ordenar la muerte de su ex esposo no era fruto de una enfermedad mental, como alegaban sus defensores, en vista de que había sufrido una enfermedad cerebral poco antes del asesinato.
"La nueva sentencia reconoce un profundo cambio de personalidad como consecuencia de la enfermedad, aunque la reducción de tres años es demasiado leve", declaró el defensor Gaetano Pecorella.
Escenas dramáticas
Durante la semana que duró la apelación, el Palacio de Justicia de Milán ha sido escenario de lágrimas, desmayos, nervios y hasta ataques de ira de la acusada, que ayer abandonó la sala, pocos minutos después de comenzar la vista, al ser informada por su abogado de que se le había negado el arresto domiciliario.
"Es inútil que siga aquí, pues no veo qué serenidad puede tener un juez que me mantiene en prisión. Me voy", dijo gritando, ante la incredulidad de los magistrados y la aprobación de su madre, que no dejaba de repetir "es una vergüenza".
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