Coronavirus. Gioconda Belli: "Los gobiernos autoritarios o populistas son expertos en manipular un sentido de secta"

La poetisa nicaragüense Gioconda Belli
La poetisa nicaragüense Gioconda Belli Crédito: Patricio Pidal/archivo
Hugo Alconada Mon
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19 de julio de 2020  • 08:58

"Vestida con el traje protector azul/ en la cara la visera transparente/ la mascarilla en la boca y la nariz/ mi hija Melissa/ doctora, especialista en medicina familiar/ en medicina natural y holística/ muchacha que desde niña lloraba por los mendigos/ y en el primer año de medicina/ por los perros que operaba/ y los conejillos de indias,/ me manda la foto donde parece una astronauta/ lista para abrir la puerta y salir al espacio./ 'Aquí voy' escribe en el pie de foto/ y allá va, mi niña, al frío planeta de la pandemia/ en misión de rescate".

El poema, "Melissa y la pandemia", es de Gioconda Belli, que dialoga con LA NACION desde Nicaragua . Es optimista . Saldremos adelante como humanidad, dice, aunque se lamenta que su tierra padece un doble azote: el coronavirus y la dictadura de Daniel Ortega .

El problema, dice Belli, es que el gobierno nicaragüense dice seguir el "modelo sueco" para lidiar con la pandemia. Esto es, evitar el confinamiento de los ciudadanos y confiar en que respetarían las pautas de distanciamiento social para cuidarse y, al mismo tiempo, mantener activa la economía. Pero aquello es Suecia. e incluso allí está en duda.

"De un día al otro, sigiloso y mortal/ el virus se hizo carne y habitó entre nosotros./ De cuerpo a cuerpo extendió sus puentes:/ puntas de los dedos, saliva, el beso, la mano, la cercanía/ fueron el inicio de su desaforado, inconsciente viaje/ transmutando, transportándose/ trastornando la existencia/ amenazándola".

La amenaza, dice la poetisa, pasa por el coronavirus , pero más aún por ciertos líderes, de izquierda o de derecha, que anteponen sus ideas o su soberbia a la ciencia . "Y sus seguidores", añade, en una dinámica enfermiza que se replica en Venezuela , Brasil o Estados Unidos .

"Durante períodos convulsos de la historia, las ideologías se convierten en "religiones", "iglesias"", plantea la otrora referente del Frente Sandinista de Liberación Nacional que un día de 1993 rompió con Ortega. "La fe en un líder o un partido se vuelve el madero al que nadan aferrados los que se sienten arrastrados por corrientes que los desconciertan. Prefieren cerrar los ojos a la realidad que los impreca y disturba, que escuchar otros puntos de vista".

Pero si eso le preocupa, al igual con el impacto de la pandemia sobre la educación, la ilusiona el desempeño de muchas líderes alrededor del mundo. De Islandia a Alemania y de Finlandia a Nueva Zelanda . "Creo que las mujeres estamos desarrollando cada vez más la seguridad en nosotras mismas" , celebra.

-En una entrevista reciente, planteó que Nicaragua va en sentido contrario a las sugerencias de la Organización Mundial de la Salud . ¿Por qué?

-El gobierno de Ortega no ha aceptado las sugerencias de la OMS porque decidió seguir el modelo sueco. Esa es, al menos, la justificación que ha dado para un confinamiento muy limitado. Pero aquí realmente no se ha hecho el modelo sueco, lo que se ha hecho es un modelo muy particular de Ortega y de su esposa, Rosario Murillo, que ha tenido pésimos resultados. Pensar que el segundo país más pobre de América Latina iba a poder montar el modelo sueco, que es un modelo basado en una población con una educación cívica muy alta y un sistema hospitalario muy desarrollado, era una idea sin razón ninguna y bastante arbitraria.

-¿Cuál es la situación, hoy, en su país?

-La pandemia llegó en enero de 2020 a Nicaragua, donde el poder está totalmente centralizado en Ortega y su esposa, que tuvieron una actitud irresponsable. Primero dijeron que no se iba a cerrar el país porque sería agravar más la economía, que no iba a haber confinamiento, ni cerrar las fronteras. Al contrario, trataron de convencer a la gente de que era una gripe más y que quienes alertamos sobre la gravedad de lo que se nos venía encima estábamos exagerando, tratando de hacer un golpe de Estado. También dijeron que la pandemia era el ébola de los ricos, que no iba a tocar a los pobres y empezaron a organizar actividades masivas.

-Similar a lo que ocurrió en otros países.

-El 16 de marzo, por ejemplo, se hizo una gran procesión con carrozas que se llamó "Amor en los tiempos de Covid" donde hicieron que las enfermeras y los doctores fueran en una carroza pretendiendo que curaban a alguien, y luego mandaron brigadas con militantes y una persona del Ministerio de Salud a visitar, según ellos, cuatro millones de hogares nicaragüenses para decirle a la gente cuáles eran las medidas que debían de tomar. En realidad, diseminaron el contagio por todo el país, mientras que la situación hospitalaria está muy mal. Ahora la mortandad entre médicos y enfermeras es enorme, han muerto más de 60. Y tenemos más de 7000 reportes de contagios y más de 1000 muertos, según un observatorio ciudadano que se montó porque los números del Ministerio de Salud no coinciden con los entierros exprés, con la enorme cantidad de ataúdes que se están fabricando y con la situación en los cementerios. Estamos viviendo un mundo de mentiras.

-Yendo más allá de Nicaragua, ¿cómo explica que millones en América Latina, pero también en Estados Unidos, prefieran obviar la realidad y seguir a líderes, ya sean de izquierda o de derecha, incluso cuando esa ceguera voluntaria puede matarlos a ellos o a sus familiares?

-Creo que. durante períodos convulsos de la historia, las ideologías se convierten en "religiones", "iglesias". La fe en un líder o un partido se vuelve el madero al que nadan aferrados los que se sienten arrastrados por corrientes que los desconciertan. Prefieren cerrar los ojos a la realidad que los impreca y disturba, que escuchar otros puntos de vista. Tener identidad propia les significaría cambios trascendentales que pondrían en peligro su zona de confort, sus trabajos y su sentido de pertenencia social. Creo que las redes sociales y la manera en que actualmente nos informamos influye en esto por cuanto nos expone a un sólo punto de vista mientras que bloqueamos o descalificamos a los demás. Y los gobiernos autoritarios o populistas son expertos en manipular ese sentido de secta y trabajan sus mensajes para dividir a sus "fieles" del resto que los cuestiona. Lo hace [Donald] Trump , lo hace Ortega, lo hace [Nicolás] Maduro . Es un fenómeno extendido en este siglo.

-Alude a Estados Unidos, Nicaragua y Venezuela . Le sumo a México y a Brasil . ¿Extrae alguna lección sobre cómo gerencian la pandemia?

-Me parece que donde peor se ha gerenciado la pandemia es en los países donde se ha usado para politizar a la población, haciendo ver el lado del gobernante como el que desafía la pandemia y a quienes toman más precauciones como faltos de fuerza. O sea, una posición absolutamente machista, como la que ha tomado [Jair] Bolsonaro , Trump o Nicaragua.

-Por el contrario, ¿observa algo esperanzador en lo que afrontamos hace meses?

-Es interesante que donde mejor se ha afrontado la pandemia es en los países que tienen mujeres a la cabeza. Angela Merkel en Alemania, Jacinta Arden en Nueva Zelanda, la primera ministro de Islandia [por Katrín Jakobsdóttir], la primera ministra de Finlandia [por Sanna Marin]. Las mujeres han dado una muy interesante demostración de cómo la femineidad tiene una vocación especial por el cuidado, ve a la población con gran empatía y eso marcó mucho la diferencia entre los países que están gobernados por varones o por mujeres. En el caso de Nicaragua es triste porque la persona que tenemos aquí a cargo es una mujer [por la esposa de Ortega, Rosario Murillo] que es todo lo contrario. Una mujer arpía, desafortunadamente. No ha habido mejora, ni es una ventaja tener una mujer en una posición alta de poder; todo lo contrario.

-¿Qué es lo que más le preocupa del día después de esta pandemia?

-Estoy viendo que en Estados Unidos, por ejemplo, se está reformulando el sistema de educación para que sea solamente online, que en su gran mayoría los universitarios vayan a clases el primer año y el último año. Y a mí me parece que las clases en línea van a ser un gran problema para la educación de los jóvenes en el futuro porque lo que se pierde al no ir a una universidad no es solamente la presencia del maestro, la posibilidad de hacer preguntas, sino también la vida universitaria, los amigos, todo lo que se aprende fuera de las aulas. Eso va a sustituirse por muchas horas de soledad y de relación a través de las redes sociales que tendrá un impacto grande en la juventud. Por otro lado, también me preocupa cómo vamos a cambiar. Porque realmente este ha sido un parón en el curso de la historia, en el curso de nuestra historia moderna que tendría que enseñarnos muchas cosas.

-¿Cuáles serían esas enseñanzas?

-Que el Estado tiene una función muy importante en el cuidado de sus ciudadanos. Esa función se había estado abandonando por la doctrina neoliberal de achicar al gobierno y dejar que la empresa privada se hiciera cargo de todo. Pero eso no funciona. Creo también que los Estados tienen ahora la gran responsabilidad de reforzar los sistemas de salud, de cuidado, de educación ciudadana, de higiene, del manejo de la basura, de los mercados; por ejemplo, en China , donde trafican y negocian con animales que son peligrosos para la salud del ser humano. Eso podría ser algo bueno que salga de esta pandemia. También creo que nos hemos dado cuenta de cuán necesaria es la comunidad, cuán necesarias son las amistades. Habría que tener una política cultural diferente, donde se valore mejor la literatura, el cine, el arte. Necesitamos que haya más controles del Estado sobre el mercado, que el mercado no quede a su libre albedrío, como tampoco se puede dejar a los bancos por la suya. Estamos siendo explotados por un sistema que nosotros mismos hemos inventado y tolerado y que está enriqueciendo a una mínima cantidad de gente mientras que la mayoría está cada vez más indefensa, con menos posibilidades, sufriendo más y produciendo menos. Porque la producción se está robotizando en muchos lugares y se van a acabar los empleos.

-¿Llegaremos a ese extremo?

-Creo que tendría que considerarse un salario básico universal y, también, un reconocimiento estatal al trabajo de los artistas. Es uno de los sectores peor pagados y tendría que haber una forma de que pudiéramos subsistir haciendo lo que hacemos sin necesidad de estar dependiendo del mercado. También debería abordarse la violencia de género para ayudar a todas esas mujeres que se ven encerradas con hombres que las maltratan, con un enfoque diferente, con castigos a los violadores, a los asesinos, mucho más ejemplares.

-En su novela "El pergamino de la seducción", Juana "la Loca" dice: "¡Qué destino el mío, de tener que someterme a voluntades empecinadas en domarme como a una fiera salvaje!". Al leerlo, pensé en usted. ¿Siente que también buscan o buscaron domarla por defender su libertad a ultranza?

-Bueno, yo no siento que me hayan domado. Siento más bien que me he liberado bastante porque he luchado contra ese instinto del hombre de domar a la mujer. Y no solo del hombre, sino de la sociedad como tal. Y creo que las mujeres estamos desarrollando cada vez más la seguridad en nosotras mismas. No podemos dejar de decir lo que queremos y manifestarnos como seres humanos plenos, inteligentes y maravillosos que somos. Creo que iremos mejorando en la medida en que esa manifestación de nuestra fuerza se vaya liberando de todas esas cercas que se le han puesto a través de la moral patriarcal. Y también pienso que la mujer tiene que ir logrando mayores lugares de poder para mostrar cómo se puede incorporar y hacerse esencial el cuidado como un concepto ético, fundamental, en las relaciones de los gobiernos hacia sus gobernados.

"Mi hija Melissa/ Doctora, especialista en medicina familiar/ en medicina natural y holística/ se viste como astronauta./ Deja sus niños en casa./ Deja su miedo guardado./ Y va a plantar la batalla/ porque mientras quede uno/ dispuesto a salvar a otro/ no se rendirá la vida/ la ciudad/ la humanidad/ y bajo un cielo lavado/ habrá que recomenzar".

Biografía

-Nacida en 1948, en Managua, estudió Publicidad y Periodismo en Filadelfia, Estados Unidos, y retornó a Nicaragua, donde integró el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

-Desde 1970 publicó poemas, novelas, ensayos y memorias que se tradujeron a más de 20 idiomas y por los que ganó numerosos premios y reconocimientos en América Latina, Estados Unidos y Europa.

-Perseguida por la dictadura de Anastasio Somoza, se exilió en México y Costa Rica hasta que, con el triunfo de la Revolución Sandinista, en 1979, volvió a su país y desempeñó varios cargos públicos hasta su renuncia en 1993.

-Es miembro del PEN Club Internacional y de la Academia Nicaragüense de la Lengua, e integra el Orden de las Artes y las Letras de Francia en el grado de Caballero.

Recomendación para aprovechar el tiempo

-Dado que millones de argentinos deben permanecer en sus casas desde hace meses, ¿qué libros, películas, música u otra actividad les recomienda para distraerse o "aprovechar" el tiempo? ¿Qué hace usted en su tiempo libre?

-El arte tomó un lugar fundamental para transitar este confinamiento. Sin los libros, sin la televisión, sin las series, sin las posibilidades de ver museos, de asistir a obras de arte, se torna más arduo. Yo vi Hamilton, por ejemplo, en mi televisión. Hay maravillas a las que hemos tenido acceso debido a esto. Esas maravillas son el arte, el producto espiritual del ser humano que es lo más trascendente que tenemos. Y cuando tenemos la soledad nos damos cuenta cuánto lo necesitamos y cómo las sociedades de consumo nos han llenado de ruido, de obligaciones y de una necesidad de concebir el éxito como más dinero. Somos en parte como engranajes en una máquina que nos está triturando.

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