Coronavirus: "No cedamos a la resignación", pidió el Papa en la Vigilia Pascual

"No cedamos a la resignación", pidió el Papa en la Vigilia Pascual
"No cedamos a la resignación", pidió el Papa en la Vigilia Pascual Fuente: Reuters - Crédito: Remo Casilli
Elisabetta Piqué
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11 de abril de 2020  • 18:06

ROMA.- "Hermana, hermano, aunque en el corazón hayas sepultado la esperanza, no te rindas: Dios es más grande. La oscuridad y la muerte no tienen la última palabra. Ánimo, con Dios nada está perdido". En una vigilia pascual distinta, sin fieles, que presidió en una Basílica de San Pedro vacía, el Papa envió hoy un mensaje de esperanza a un mundo trastocado por la pandemia del coronavirus . En su homilía, recordó las palabras que Jesús, apenas resucitado le dijo a las mujeres que descubrieron que su tumba estaba vacía: "no tengan miedo".

"He aquí el anuncio de la esperanza. Que es también para nosotros, hoy. Son las palabras que Dios nos repite en la noche que estamos atravesando. En esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios", aseguró.

"No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia. Es un don del Cielo, que no podíamos alcanzar por nosotros mismos. Todo irá bien, decimos constantemente estas semanas, aferrándonos a la belleza de nuestra humanidad y haciendo salir del corazón palabras de ánimo", siguió, aludiendo a la consigna que desde el estallido de la trágica epidemia por el Covid-19 reina en Italia, #andrátuttobene (irá todo bien), leyenda que puede leerse en carteles y banderas que cuelgan de los balcones de ciudades desiertas, paralizadas y asustadas.

Temores y esperanza

Francisco reconoció, sin embargo, que "con el pasar de los días y el crecer de los temores, hasta la esperanza más intrépida puede evaporarse". Y recordó que "la esperanza de Jesús es distinta, infunde en el corazón la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida".

"Por eso, no cedamos a la resignación, no depositemos la esperanza bajo una piedra. Podemos y debemos esperar, porque Dios es fiel, no nos ha dejado solos, nos ha visitado y ha venido en cada situación: en el dolor, en la angustia y en la muerte. Su luz iluminó la oscuridad del sepulcro, y hoy quiere llegar a los rincones más oscuros de la vida", aseguró.

El tradicional rito de la bendición del fuego, que normalmente tiene lugar en la vigilia pascual en el atrio principal de la Basílica -normalmente con 8000 fieles-, esta vez tuvo lugar a los pies de la Altar de la Confesión. La procesión inicial fue mucho más corta, porque partió desde allí y fue hasta el Altar de la Cátedra, ubicado al fondo del templo.

Debido a la emergencia sanitaria, debió omitirse la preparación del cirio pascual, así como la iluminación de las velas de los presentes, que se contaban con los dedos de una mano y que mantenían la distancia interpersonal obligatoria. Tampoco se celebraron los tradicionales bautismos de adultos, pero sí se renovaron las promesas bautismales. Al comienzo, cuando un coro entonó el Gloria, progresivamente se fueron prendiendo las luces de la Basílica.

En su sermón, muy intenso, el exarzobispo de Buenos Aires comenzó recordando que, según el Evangelio, las mujeres no se quedaron paralizadas al ver la tumba vacía de Jesús: no se encerraron en el pesimismo, no huyeron de la realidad. "Cuántas personas, en los días tristes que vivimos, han hecho y hacen como aquellas mujeres: esparcen semillas de esperanza. Con pequeños gestos de atención, de afecto, de oración", comentó.

Que cesen los abortos

Al final, al destacar que el anuncio de esperanza de Jesús resucitado no se tiene que confinar, sino que hay que llevarlo a todos, invitó a los cristianos a ser "mensajeros de vida en tiempos de muerte". Y lanzó un fuerte llamado a que no haya más guerras, a que no haya más abortos y a que quienes tienen más, puedan ser generosos con los que menos tienen.

"Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producción y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles", exhortó. "Que cesen los abortos, que matan la vida inocente. Que se abra el corazón del que tiene, para llenar las manos vacías del que carece de lo necesario", pidió. "Nosotros, peregrinos en busca de esperanza, hoy nos aferramos a Ti, Jesús Resucitado. Le damos la espalda a la muerte y te abrimos el corazón a Ti, que eres la Vida", concluyó.

Francisco celebrará mañana la misa de la Resurrección del Señor, una vez más sin fieles y siempre en el altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro a las 11 (6 en la Argentina). Terminada la misa, luego de quitarse sus paramentos, pronunciará su mensaje pascual al mundo e impartirá la indulgencia plenaria y la bendición urbi et orbi, a la ciudad y al mundo.

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