Con polémica por las reuniones masivas, el islam comienza el Ramadán

Una mezquita abierta, en Paquistán
Una mezquita abierta, en Paquistán Fuente: AP
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23 de abril de 2020  • 16:46

Algo menos de un cuarto de la población mundial, 1600 millones de islámicos, comenzarán hoy al anochecer y hasta el 23 de mayo la celebración del Ramadán, un mes sagrado que este año será muy particular, mientras las autoridades luchan para que no se rompan las normas de aislamiento impuestas en gran parte del planeta ante la pandemia de coronavirus .

En Indonesia, el país islámico más poblado, el gobierno prohibió el habitual traslado de millones de personas a sus ciudades y pueblos de origen para reunirse con sus familiares. Pero en otros países como Paquistán la fe prevalece desde el comienzo de la pandemia sobre cualquier otra consideración. Las autoridades intentaron limitar la asistencia a las mezquitas o cerrar algunas de ellas, pero los fieles rezaron en las calles adyacentes, hombro con hombro, desafiando las reglas de distanciamiento social.

El Ramadán, que recuerda la fecha en la que el profeta Mahoma recibió la primera revelación del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, es básicamente un mes de ayuno durante las horas de sol. "Es un mes que sirve de purificación física del cuerpo y espiritual donde el alma trata de erradicar pensamientos e intenciones negativas como el egoísmo, la ambición desmedida, la envidia, la soberbia, el sadismo,y el autoritarismo. Es también un mes dedicado a la acción solidaria para ayudar al prójimo material y espiritualmente", explicó a LA NACION Ricardo Elia, secretario de Cultura del Centro Islámico de la Argentina.

Pero una de las prácticas habituales durante el Ramadán es que las familias se reúnan a partir de la puesta del sol e incluso se hacen grandes reuniones familiares al finalizar el mes de ayuno cuando se celebra al-Fitr o Fiesta de la Ruptura del Ayuno.

"Pero por primera vez en 1500 años, este año no habrá peregrinaciones a La Meca y se desaconsejan todas las reuniones comunitarias. Algo absolutamente inédito e inimaginable", explicó Elia.

Sin embargo en Asia, hogar de la mitad de los musulmanes del mundo, aunque las autoridades intentan limitar las reuniones para frenar la propagación de la Covid-19, los imanes siguen llamando a los fieles a acudir a las mezquitas.

Los imanes de Bangladesh, por ejemplo, pidieron explícitamente a los fieles que afluyan masivamente a los templos. Los de Paquistán convencieron a las autoridades para que no cierren los lugares de culto durante el mes sagrado musulmán. Noche tras noche, amigos y familias celebrarán juntos la ruptura del ayuno.

Las autoridades trataron de limitar los efectos sanitarios del Ramadán, pero los dignatarios religiosos descartaron toda recomendación que implique un cambio en las costumbres locales.

El gobierno de Bangladesh pidió que se reduzca el número de personas en las mezquitas. Una sugerencia que contrarió a uno de los principales grupos de imanes del país.

"La cuota de fieles impuesta por el gobierno no es aceptable para nosotros. El islam no apoya la imposición de ninguna cuota de fieles", dijo Mojibur Rahman Hamidi, miembro del grupo extremista Hefazat e Islam, que representa a estos imanes.

Rezar en la mezquita es "obligatorio" para los musulmanes sanos, agregó.

En Paquistán, ya antes del Ramadán, las autoridades tuvieron que ceder ante la presión religiosa, permitiendo las oraciones diarias y las congregaciones nocturnas en las mezquitas, después de que les prometieran que serán limpiadas regularmente.

Y eso que el número de contagios y de muertos diarios aumenta en un país que en las próximas horas superará los 10.000 enfermos y los 200 muertos.

"Tomaré todas las medidas preventivas, me lavaré las manos y usaré una mascarilla, pero eso no significa que vaya a dejar de asistir a las oraciones, especialmente durante el Ramadán", declaró Zubair Khan, un taxista de Peshawar (noroeste).

Malasia debatió si permitiría los bazares del ramadán, donde los musulmanes compran los dulces que consumen después de la ruptura del ayuno.

El gobierno, después de imponer un confinamiento nacional, declaró la semana pasada que sólo permitiría los "bazares electrónicos", con entregas a domicilio.

"Los musulmanes están obligados a preservar la vida sobre cualquier práctica o costumbre. Proteger su vida y las de los demás. Si no lo hacen en esos lugares están cometiendo algo absolutamente desaconsejable, una falta muy grave", consideró Elia.

Los riesgos de propagación de la enfermedad a través de las concentraciones religiosas son un hecho. En marzo, las reuniones masivas de misioneros musulmanes provocaron el contagio de cientos de personas en Malasia, India, Paquistán y otros lugares.

Aunque la mortalidad por Covid-19 es actualmente mucho menor en los países asiáticos con población joven que en Europa y Estados Unidos, está aumentando bruscamente, lo que hace temer que la pandemia sature sus sistemas sanitarios, con frecuencia infrafinanciados.

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