Coronavirus: las tripulaciones de mercantes que llevan meses en el mar

Las tripulaciones de los mercantes se convirtieron en inesperadas víctimas colaterales del coronavirus
Las tripulaciones de los mercantes se convirtieron en inesperadas víctimas colaterales del coronavirus Crédito: AP
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4 de junio de 2020  • 10:43

ATENAS.- El capitán Andrei Kogankov y la tripulación de su petrolero llevan cerca de cuatro meses sin pisar tierra firme. Con los viajes internacionales paralizados por la pandemia, este oficial ruso se vio obligado a extender su contrato. Aún no sabe cuándo podrá volver a casa.

Países de todo el mundo impusieron cuarentenas, cerraron fronteras y suspendieron vuelos internacionales para frenar la propagación del nuevo coronavirus. Por eso, las tripulaciones de los mercantes se convirtieron en inesperadas víctimas colaterales.

Alrededor de 150.000 marineros están varados en el mar a la espera de ser relevados, según la Cámara Naviera Internacional (ICS, por sus siglas en inglés). Y unos 150.000 más aguardan en tierra poder regresar al trabajo. "De alguna forma, han sido un ejército de gente olvidada", dijo Guy Platten, secretario general de la ICS. "No es una posición sostenible que se puedan mantener indefinidamente", agregó.

Con más del 80% del comercio global por volumen transportado por mar, los más de dos millones de marinos mercantes del mundo juegan un papel clave. "Nadie lo ve y nadie piensa en ellos y aún así son absolutamente esenciales para el transporte de combustible, comida, suministros médicos y otros productos vitales para alimentar el comercio mundial", agregó Platten.

Las organizaciones navieras internacionales, los sindicatos y las empresas mercantes instaron a los países a que reconozcan a las tripulaciones de estas embarcaciones como trabajadores esenciales para que les permitan viajar y realizar cambios de personal. "Nuestro desafío es hacer llegar un potente mensaje a los gobiernos. No se puede esperar que la gente mueva equipos de protección, medicamentos y todo lo que necesitamos para responder al Covid-19, y mantener los países en cuarentena alimentados, si no mueven la carga en barcos", apuntó Steve Cotton, secretario de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF).

Kogankov lleva siete meses con un contrato de cuatro y se suponía que debía ser reemplazado a mediados de marzo en Qatar. Pero unos días antes de su llegada, el país decretó una cuarentena y prohibió todos los vuelos internacionales. Desde allí fue a Corea del Sur, Japón, Corea del Sur de nuevo, Singapur y Tailandia. Y cada vez la misma historia: cuarentena. No hay vuelos. No se va a casa.

La ampliación indefinida de su contrato y la responsabilidad que conlleva sobre su tripulación de 21 hombres y sobre la embarcación que transporta material inflamable le está pasando factura. "Cuando llevas siete meses embarcado, estás física y mentalmente exhausto", señaló Kogankov a través de un teléfono satelital desde Tailandia. "Trabajamos 24 horas los siete días de la semana. No tenemos, digamos, el viernes por la noche, el sábado por la noche o los fines de semana. No, el barco está funcionando todo el tiempo", contó.

Los oficiales suelen firmar contratos de tres o cuatro meses, mientras que el resto de la tripulación de alrededor de siete. Pero siempre tienen fecha de finalización. Quiten eso y, de pronto, la perspectiva de días de trabajo sin fin se vuelve una carga. "Estamos muy preocupados porque pueda haber un mayor incremento de incidentes y accidentes. Pero también estamos viendo un alto grado de lo que yo describiría como ansiedad y frustración", dijo Cotton. "No saber cuándo se va a bajar del barco se suma a un alto nivel de ansiedad que es realmente bastante desmoralizador", añadió.

A menos que los gobiernos faciliten el relevo de las tripulaciones, "es difícil para nosotros convencer a los marineros de que no tomen medidas más drásticas y dejen de trabajar", advirtió Cotton. Pero los cambios de personal no fueron los únicos problemas durante la pandemia. Proporcionar atención médica a los tripulantes también resultó complicado, como descubrió el capitán Stephan Berger cuando uno de sus trabajadores cayó enfermo, no con coronavirus.

Las restricciones en los sucesivos puertos hicieron imposible visitar a un doctor. Se necesitaron múltiples llamadas y los esfuerzos de un paramédico de Dubai, de Berger y de la naviera alemana para que el marinero, que pasó más de tres semanas hospitalizado, pudiese recibir la atención que necesitaba.

De las 23 personas a bordo del Berlin Express de Berger, 18 debían ser reemplazadas cuando atracó en Valencia, España,a finales de mayo. Los oficiales amplicaron lo que normalmente son contratos de tres meses a cuatro y cinco, aunque la mayoría de la tripulación filipina lleva embarcada ocho o nueve en lugar de los habituales tres o cuatro. A pesar de esto, el ánimo es bueno, reconoció Berger. Nadie está especialmente contento con las extensiones de contrato, "pero tenemos que tomarlo como lo que es. A veces parece una prisión", reflexionó.

Agencia AP

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