
Críticas al gobierno de Zapatero por su respuesta al atentado en Barajas
Apuntan a cómo La Moncloa manejó la información después del ataque
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MADRID.- El gobierno español fue, este fin de semana, blanco de varias críticas respecto del manejo de la información del atentado del sábado último de ETA del que, con cuentagotas, se conocen algunos detalles.
Con el brutal ataque, la banda terrorista rompió su falsa tregua de nueve meses, provocó la desaparición de dos inmigrantes ecuatorianos y batió todo un récord en cuanto a la carga explosiva utilizada.
Pese a que aún no hay información oficial sobre la cantidad y calidad de explosivo utilizado, técnicos de la Comunidad de Madrid multiplican hasta cuatro veces la estimación oficial de 200 kilos: ahora se descuenta que fueron no menos de 500 y, posiblemente, hasta 800 kilos de carga explosiva.
Según datos de archivo, hay que remontarse al menos 15 años para encontrar una operación terrorista con semejante potencia. Fue en 1988, cuando la banda utilizó media tonelada para hacer volar una sede madrileña de la Guardia Civil.
Las mismas fuentes indicaron que el artefacto, colocado en una furgoneta secuestrada tres días antes, podría estar rodeado con cordón detonante y cartuchos de dinamita para multiplicar el efecto de la onda expansiva.
Quienes trabajan en la investigación aseguran que fue una operación "montada al detalle", atribuida, supuestamente, a un "comando madrileño itinerante" formado por cuadros "que carecen de ficha policial", que es lo que suele decirse cuando no hay datos muy claros.
También llamó la atención el hecho de que en esta ocasión se rompieran, al menos, dos patrones habituales en la conducta de ETA. El más importante es que, según el gobierno, la banda "quebró de hecho" su tregua, sin que previamente confirmara esa intención con una comunicación expresa.
En por lo menos dos ocasiones anteriores -en 1989 y en 1998- la organización ilegal había puesto fin al alto el fuego con un comunicado, antes de volver a la sangre.
Según el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ése es un dato significativo y, de hecho, se escudó en él para indicar que el atentado del pasado sábado en Barajas tomó por sorpresa al gobierno.
Otra alteración significativa en la conducta de la organización es la decisión de mantener secuestrado "durante al menos tres días" al dueño de la furgoneta en la que finalmente se colocó la carga usada para volar el edificio de estacionamiento de la nueva terminal cuatro del aeropuerto de Barajas.
"Es muy raro que ETA se anticipe tanto. Generalmente robaba sus vehículos para preparar coches bomba apenas horas antes. Pero no con tres días de antelación porque eso es muy riesgoso", se explicó.
Lo cierto es que ahora se sabe que el operativo empezó el miércoles 27, cuando un ciudadano español de vacaciones en el sur de Francia fue secuestrado por la banda, retenido cautivo y su vehículo -una furgoneta lista para acampar- convertida en coche bomba.
El ciudadano en cuestión -del que nada se sabe- fue puesto en libertad horas después del atentado. Y mientras estaba secuestrado, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, absolutamente ajeno a todo, anunciaba públicamente su confianza en un pronto acuerdo de paz con los terroristas.
Junto con otros indicios, esas dos alteraciones en el patrón habitual de la banda alimentaban conjeturas sobre qué tipo de estructura de la ETA estaba detrás del atentado. Y si podría tratarse de una nueva forma de operar.
La bomba estalló en la mañana del sábado último, luego de dos advertencias telefónicas previas. Gracias a eso, la policía llegó a evacuar parte de la flamante terminal del aeropuerto. Pero dos ciudadanos ecuatorianos, que dormían en el interior de sus vehículos, supuestamente no escucharon las advertencias y quedaron atrapados por el estallido. Nada se sabe de ellos desde entonces y fuentes gubernamentales los dan por muertos, bajo la montaña de escombros.
Esa tragedia trajo ya el primer roce para el gobierno por supuestas contradicciones en el manejo de la información. Ocurre que la nota oficial en España es que aún se busca a los dos desaparecidos. Pero el gobierno ecuatoriano asegura haber recibido ya comunicación formal y hasta condolencias por la muerte de sus nacionales. "Lo primero en estos casos es informar con seriedad", decían ayer sectores de oposición.
El ministro Pérez Rubalcaba aseguró que así sería. Pero lo cierto es que poco se sabe, más allá de la enorme magnitud del daño, al que calificó de "salvajada".
Al menos 450 propietarios de automotores presentaron documentación en reclamo por los autos que volaron en el estallido. Nada pudieron decirles todavía. "Esto es talco", fue la gráfica expresión de un socorrista. Eso también da una idea de la magnitud del daño material.



