
De la revolución feminista al regreso del ama de casa
Por Mario Diament
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MIAMI.- Después de treinta y cinco años de fervoroso activismo, el feminismo está a punto de perder muchas de sus conquistas a manos de un enemigo inesperado: su propia contrarrevolución.
Tal vez sea la fatiga del viejo liderazgo, tal vez la ausencia de mística frente al hecho de que muchos de los objetivos iniciales del movimiento forman hoy parte de la normalidad, o tal vez sea, simplemente, el hecho de que toda generación nueva reacciona contra los postulados de la anterior, pero lo cierto es que muchas de las banderas que el feminismo levantó en los años de lucha, están siendo reemplazadas hoy precisamente por aquellos valores y aspiraciones contra los cuales el feminismo más había reaccionado.
Es innegable que no sólo en las sociedades más industrializadas, sino aún en aquellas más tradicionales y atávicas, la mujer ha hecho progresos impensables medio siglo atrás. Por eso no deja de resultar asombroso que dos de cada tres mujeres norteamericanas, entrevistadas en una reciente encuesta, respondieran que, puestas a elegir, preferirían volver al viejo rol de amas de casa que trepar por la cuesta corporativa.
La vuelta al hogar
Encorsetadas en sus trajes de ejecutivas, triunfadoras en la lucha por purgar al lenguaje de todo signo de "sexismo", después de haber concientizado al mundo sobre el significado del acoso sexual y haber erosionado considerablemente la fortaleza del sexo fuerte, como clama un controvertido libro aparecido recientemente, las mujeres norteamericanas están descubriendo amargamente que el premio al tope de la escalera no es otra cosa que una consumada soledad.
"A lo mejor seré feliz dejándome estar / dedicar mi vida a hacer postres de gelatina / Aprender a cocinar, aprender a coser / Soy la feliz ama de casa / Descalza y embarazada / nunca lució mejor", canta la canadiense Melanie Doane, poniéndole música a una sensación cada vez más generalizada.
Hasta algunas de las pioneras del movimiento han comenzado a reconsiderar públicamente sus viejos postulados.
Sueños de embarazo
Germaine Greer, una de las vacas sagradas de la revolución feminista, quien en los años 60 denunció la maternidad como "opresiva", "sofocante" y "enemiga de la mujer liberada", confesó días atrás a la revista británica Aura que todavía tiene "sueños de embarazo" a pesar de que sus intentos han resultado, por el momento, infructíferos. Y Joyce Purnick, de The New York Times, admitió durante un discurso en la ceremonia de graduación de la prestigiosa universidad femenina Barnard, cuánto lamentaba haber sacrificado la maternidad por perseguir una carrera.
La contrarrevolución feminista busca recobrar algunas de las diferencias perdidas en la gesta emancipadora y por la cual muchas mujeres parecen sentir nostalgia. La necesidad de protección, el flirteo, el piropo, la caballerosidad son algunas de las cualidades que más frecuentemente se invocan en una larga sucesión de artículos periodísticos.
Linda Lovric, una escritora y comentarista, proclama en un ensayo publicado por el Toronto Star: "No nos equivoquemos, yo soy una ferviente defensora de la igualdad. Sin embargo, estoy convencida de que las feministas modernas están interesadas en algo más que igualdad.
"Muchas están allí simplemente por venganza. Esta es precisamente la razón por la cual me niego a abrazar el feminismo y me siento feliz de declarar que el feminismo ha muerto. Por lo menos es así en mis ojos y en los de muchas mujeres jóvenes que conozco. Creo que la mayoría de las mujeres se ha dado cuenta de que quemar los corpiños es meramente una forma ridícula de tirar el dinero y que deletrear la palabra Ômujer´ correctamente no es necesariamente opresivo."
El más reciente ataque contra el movimiento provino de la escritora Christina Hoff Sommers, autora de "¿Quién se robó el feminismo?" y que en su nuevo libro, "La guerra contra los chicos: Cómo el feminismo mal dirigido está perjudicando a los muchachos", denuncia la negativa influencia que el movimiento ha tenido en la formación de los varones en las escuelas.
El varón descuidado
"Las chicas obtienen mejores notas, hacen más deberes, tienen más actividades extracurriculares y van a la universidad en mayor proporción que los varones", escribe Hoff Sommers. "Esto no sucede porque las chicas sean académicamente superiores, sino porque los chicos están siendo descuidados."
La paradoja de la historia puede terminar siendo que aquel "has recorrido un largo camino, muchacha", que proclamaba una propaganda de cigarrillos, sea, en realidad, un círculo y todo termine una vez más en la cocina.
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