
De médico de familia al peor asesino serial
Harold Shipman, condenado el año último por 15 asesinatos, habría matado en realidad a 345 de sus pacientes en 24 años
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LONDRES.- Las autoridades británicas confirmaron ayer que Harold Shipman, el médico condenado el año último a 15 prisiones perpetuas por asesinar a un número similar de pacientes, pudo haber despachado a la muerte a un total de 345, lo que lo convertiría en el mayor asesino en serie del mundo.
La cifra, sin embargo, es sólo fruto de una comparación estadística realizada sobre el número de certificados de muerte expedidos habitualmente por sus colegas y las que él registró durante sus 24 años de ejercicio.
El estudio, encargado por el Departamento de Salud al profesor Richard Baker, de la Universidad de Leicester, muestra un exceso de 345 muertes, 297 de las cuales corresponden a certificados entregados tras una visita domiciliaria y 48 en su consultorio. Esto colocaría las probabilidades en un asesinato por mes.
Pero algunos creen que el marcador puede ser todavía peor y alcanzar hasta las 1500 personas, porque durante su juicio se probó que Shipman adulteró sustancialmente los registros para ocultar gran parte de sus crímenes.
Aun así, la fiscalía británica admitió ayer que es "muy probable" que Shipman no sea juzgado por el resto de sus delitos porque la Justicia no cuenta con fondos suficientes. Se estima que el proceso costaría al erario nacional más de 200 millones de dólares.
Solas y por la tarde
Si las dudas sobre el número de víctimas persisten, el estudio del profesor Baker permite precisar en cambio que la mayoría de las víctimas eran mujeres mayores de 75 años y solían morir solas y por la tarde.
La policía ya sabía que Shipman escogía a sus presas entre sus pacientes de entre 49 y 80 años, de clase media y con una vida activa. A algunas las mataba para robarles una joya, la jubilación o la herencia; a otras, simplemente "por placer". Su arma preferida era una inyección de "diamorfina", una droga empleada para aliviar el dolor en enfermos de cáncer.
"Doctor Amistad"
La historia de este homicida es escalofriante. Con su canosa barba, gruesos anteojos y siempre dispuesto a responder a las llamadas de sus enfermos, Shipman, de 54 años, casado y con cuatro hijos, se ganó el apodo de "Doctor Friendship" (Doctor Amistad) en la pequeña ciudad inglesa de Hyde. Un nombre que ahora inevitablemente evoca a "El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde".
Ya al principio de su carrera, en 1974, los socios de su primer consultorio médico en el condado de Lancaster lo denunciaron por prescribir en forma excesiva un derivado de la morfina (petidina). Shipman se negó a renunciar a su cargo, pero fue expulsado tras ser condenado por la Justicia con una multa de 1200 dólares. Una pena menor obtenida al asegurar que utilizaba la droga para "uso personal".
Shipman llegó a Hyde en 1977, donde nadie lo conocía, decidido a instalar un consultorio propio. Con sus modales paternalistas y una dosis de simpatía, no tardó en ganarse el aprecio de todos, al punto de contar en 1998 con 3100 pacientes y otros 1000 en una lista de espera de hasta seis meses.
Pero tras veinte años de ejercicio, una persona en la comunidad comenzó a abrigar sospechas: la dueña de la empresa fúnebre.
Susan Booth notó que mientras otros facultativos traían a su negocio un máximo de 20 o 30 pacientes por año, Shipman pasaba los 90 y recomendaba siempre a los familiares que emprendieran una cremación.
Booth transmitió su inquietud a una colega de Shipman, Linda Reynolds, que también estimó la proporción demasiado alta. Juntas informaron de esto a las autoridades. La policía inició una discreta investigación pidiendo al Departamento de Salud que cotejara los legajos de los pacientes de Shipman para determinar si la prescripción de diamorfina era adecuada.
Su mayor error
El resultado fue totalmente correcto porque Shipman se había tomado el trabajo de adulterar en su computadora todos los historiales médicos. La policía atribuyó entonces las muertes a la "edad madura" de las víctimas y dio el caso por cerrado.
Tres mujeres más caerían bajo su influjo antes de que cometiera un grave error. En 1998, una ex alcaldesa de Hyde, Kathleen Grundy, murió súbitamente tras hacerle una visita. Horas más tarde, una firma de abogados recibió por correo un testamento en el cual Grundy dejaba a Shipman más de un millón de dólares y tres propiedades.
Lo que Shipman no sabía era que la hija de su víctima, Angela Woodruff, es abogada y no tardó en descubrir que tanto el texto como la firma del testamento eran falsas.
La autopsia de su madre reveló que no sufría ninguna enfermedad seria. Esto condujo a la policía a efectuar la exhumación de otras 14 víctimas cuyas familias no habían llevado a cabo una cremación. Y la conclusión fue similar.
Shipman negó -y sigue negando- ser responsable de las muertes y durante todas esos peritajes continuó atendiendo en su consultorio. Pero el peso de la evidencia recogida lograría finalmente poner fin a su nefasta farsa.
Los mayores asesinos seriales
Luis Alfredo Garavito: ceste colombiano, conocido como "el monstruo de Génova" fue condenado por la muerte de 189 personas.
Pedro López Monsalve: ecuatoriano, lo condenaron por el asesinato y violación de unos 60 niños y niñas, pero habría matado a 300.
Andrei Chikatilo: conocido como "el carnicero de Rostov", fue reconocido culpable de 52 asesinatos sexuales.
Javed Iqbal: este paquistaní de 38 años fue condenado a muerte en marzo del año último en Islamabad por el asesinato de cien niños.
John Wayne Gacy: alias "el payaso asesino", confesó haber violado y estrangulado a 33 jóvenes.
Jeffrey Dahmer: llamado "el carnicero de Milwaukee" cometió 17 asesinatos.
Moses Sithole: fue condenado en Sudáfrica por 38 asesinatos.




