
Declaran santo al último zar de Rusia
Nicolás II fue fusilado por los bolcheviques en 1917; su veneración rememora la antigua época imperial.
1 minuto de lectura'
MOSCU.- La Iglesia Rusa Ortodoxa cerró uno de los capítulos más polémicos de la historia contemporánea de Rusia y encendió el recuerdo de los nostálgicos de la época dinástica al canonizar al último zar, Nicolás II, y a su familia como mártires del comunismo.
Además del zar, el Concilio de la Iglesia aprobó la canonización de la zarina Alexandra y de sus hijos, el zarevich Alexis y las princesas María, Olga, Tatiana y Anastasia.
Los Romanov fueron ejecutados el 18 de julio de 1918 en la ciudad de Yekaterimburgo, en los Urales, donde permanecían bajo arresto domiciliario de los vencedores de la revolución bolchevique.
Los prelados ortodoxos tuvieron que reaccionar ante la creciente peregrinación de rusos que rememoran los viejos tiempos del zarismo y que daban por sentado que Nicolás II ya era un santo tras la aparición de un icono milagroso del emperador. La figura del zar es venerada en la catedral de San Petersburgo. La ceremonia formal de canonización se realizará el próximo domingo.
Según testimonios aceptados por la Iglesia Ortodoxa, el icono "milagroso" con su efigie "llora mirra", lo que los feligreses interpretan como una señal del "renacimiento espiritual de Rusia".
El último monarca
"En el último monarca ortodoxo y su familia vemos personas que sinceramente aspiraban a seguir los mandamientos del Evangelio", dijeron los obispos en su primer día de sesiones del Concilio que conmemora los dos milenios del nacimiento de Cristo.
La canonización de Nicolás II abrió además un agitado debate en Rusia respecto de si las bondades del zar eran suficientes como para hacerlo merecedor de la categoría de santo.
Tras haber sido derrotado en una guerra contra Japón, en 1906, el país se sumió en un período de crisis y el zar instauró un régimen de durísima represión. Entonces era llamado "Nicolás, el sanguinario".
Entre los episodios más oscuros de esos años se encuentran el "domingo rojo" de San Petersburgo, el 22 de enero de 1905, cuando el ejército abrió fuego contra una manifestación de 100.000 obreros, y la masacre de los trabajadores en huelga de las minas de oro de Lena, en Siberia, en abril de 1912.
Es además la época de poder de Grigori Rasputín, el "monje negro", que ejerció una influencia desmesurada sobre la zarina consiguiendo, por su poder de sugestión, aliviar el dolor del joven hijo de ésta, Alexis, que era hemofílico.
Rodeado de individuos sin escrúpulos, explotando a fondo el carácter indeciso del soberano, Rasputín reinó en la corte. Su asesinato, en diciembre de 1916, ocurrió demasiado tarde: el zar había perdido la confianza en sus consejeros y el respeto de su pueblo.
Rusia se aproximaba a la revolución. El último de los Romanov abdicó el 2 de marzo de 1917, dejando vía libre a los bolcheviques.
¿Dictador o humilde?
Los restos de sus cadáveres, que fueron rociados con ácido para borrar toda huella y arrojados al pozo de una mina abandonada, aparecieron tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991.
Laboriosos exámenes clínicos con análisis de ADN efectuados durante dos años determinaron, con un 99,9 por ciento de certeza, la identidad de los restos, que fueron solemnemente enterrados en San Petersburgo el 17 de julio de 1998.
El poder dictatorial del zar era temerario antes de la revolución de 1917, pero la Iglesia optó por subrayar la "humildad" con que Nicolás II y su familia aceptaron la muerte.
"Los sufrimientos padecidos por la familia imperial en el cautiverio, la humildad y resignación cristiana con que aceptaron su martirio son una victoria de la Fe de Cristo sobre el mal", dijeron los obispos en la resolución de canonización.
Además del zar fueron canonizados otros 860 mártires del comunismo, la mayor canonización de la historia de la Iglesia Ortodoxa Rusa.




