Desde un segundo plano, Marione Maréchal busca renovar al clan Le Pen

Marine Le Pen y Marion Maréchal
Marine Le Pen y Marion Maréchal Fuente: Archivo
Procura unir a la derecha tradicional, de raíz gaullista, con la pujante extrema derecha de su abuelo y su tía Marine, líder de RN
Marc Bassets
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17 de septiembre de 2019  

PARÍS.- Un espectro recorre la derecha francesa. Se llama Marion Maréchal. Tiene 29 años y es nieta de Jean-Marie Le Pen, el fundador del Frente Nacional (FN), y sobrina de Marine Le Pen, actual presidenta de este partido bajo su nuevo nombre, Reagrupamiento Nacional (RN). Está presente en todos los debates, pero ausente de la primera fila, consagrada a su escuela de ciencias políticas en Lyon, después de ejercer de diputada durante una legislatura.

Nadie sabe si su potencial es real o si nunca dejará de ser una eterna promesa. Su objetivo es unir a la declinante derecha tradicional, de raíz gaullista, con la pujante extrema derecha de su abuelo y su tía.

"No entiendo qué justifica todavía estas barreras tan radicales entre nosotros. Todo lo que contribuyó a desunir a las familias de la derecha ya no es válido", dijo Maréchal en una entrevista con el diario Le Figaro. Al contrario que su tía, ella se identifica como conservadora y marca distancia con la etiqueta de populista. También renunció al Le Pen en su apellido (antes figuraba como Marion Maréchal-Le Pen).

El 28 de septiembre será la invitada estrella de la Convención de la Derecha, un cónclave organizado en París para agrupar a conservadores que no se ven representados en los partidos y buscan una alternativa al presidente Emmanuel Macron y al "progresismo, multiculturalismo y librecambismo" que atribuyen a la vieja derecha. De nuevo volverán las especulaciones sobre sus ambiciones políticas, hoy en suspenso.

¿Candidata en las presidenciales de 2022? "Dentro de tres años todavía será demasiado joven", descartó en mayo Marine. La líder del RN, que aspira a ser candidata, añadió: "Se equivoca en su idea del populismo. Cree que es la defensa de las clases populares. Pero el populismo es la defensa de todo el pueblo".

Al contrario que en Alemania o en España, en Francia no existía un partido que abarcase desde la centroderecha hasta la extrema derecha. La peculiaridad francesa era la existencia de una figura como el general De Gaulle, líder de la Francia libre durante la ocupación alemana y fundador de la V República. Otra peculiaridad era una extrema derecha con raíces en el colaboracionismo con la Alemania nazi y en la oposición a la independencia de Argelia que negoció De Gaulle. La extrema derecha era visceralmente antigaullista.

La estrategia de la desdiabolización del FN, puesta en práctica por Marine desde que asumió el control del partido, en 2011, dio frutos. Marine se distanció de los exabruptos antisemitas de su padre. En 2014, ganó las elecciones europeas. En 2017, se clasificó para la segunda vuelta de las presidenciales. En mayo, el partido más votado en las europeas volvió a ser el de Le Pen.

El problema es que estos éxitos no sirvieron para romper el cordón sanitario que lleva al resto de los partidos a aliarse contra ella y frenar su acceso al poder. Le Pen es más fuerte que nunca, pero sigue en un rincón.

Para salir del aislamiento, una vía es buscar el voto de la clase trabajadora que se siente despreciada por las elites y víctima de la Unión Europea y la globalización. Esta vía, calificada a veces de populista, uniría a los votantes de La Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon, con los de Le Pen. Ambos rechazan la etiqueta de izquierda y derecha y compiten por el mismo electorado.

"La idea de la unión entre populistas y soberanistas de izquierdas y derechas, todos contra el sistema, tiene una cierta coherencia desde el punto de vista intelectual. Pero en la práctica no veo cómo podría establecerse esta alianza", dice Jean-Yves Camus, director en la Fundación Jean Jaurès. "En la inmigración o la identidad nacional, La Francia Insumisa es aún un partido de izquierda internacionalista, y el RN, un partido nacionalista de derecha".

La otra vía consistiría en la unión de las derechas. Marion, que promueve esta opción, ofrece un discurso más sofisticado que el de su tía. La rodean una corte de jóvenes intelectuales que están esbozando en revistas y seminarios una refundación de la derecha, con una mezcla de valores tradicionalistas como la oposición al matrimonio homosexual, con combates contemporáneos como el del medioambiente. Trufan sus discursos de citas del ideólogo reaccionario Charles Maurras y del comunista Antonio Gramsci. Creen que la victoria en la batalla de las ideas precede a la victoria en las urnas.

"La famosa unión de las derechas no creo que se haga por medio de los partidos. Marion quiere unir a las derechas en el nivel de los electores", explica Pascale Tournier, autora de Le vieux monde este de retour ( El viejo mundo ha vuelto), una crónica sobre los nuevos conservadores. "Ella se sitúa en el ámbito de las ideas: la famosa batalla cultural a lo Gramsci".

Los dirigentes de Los Republicanos -la derecha tradicional- son reacios a cualquier acercamiento con Maréchal, aunque ideológicamente haya coincidencias. Los seguidores de la joven Le Pen se miran en el espejo de Macron: un líder joven que rompe los esquemas del pasado.

"Esta gente -dice Tournier en alusión a los seguidores de Marion Le Pen- detesta a Macron, pero al mismo tiempo les fascina que de la noche a la mañana se convirtiese en presidente. Es el mito del hombre providencial. Y quizá podría ser ella".

© El País, SL

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