Día Cero: la amenaza de una sequía extrema tiene en vilo a Ciudad del Cabo

Los residentes de Ciudad del Cabo recolectan agua de una fuente natural en la zona de Newlands
Los residentes de Ciudad del Cabo recolectan agua de una fuente natural en la zona de Newlands Crédito: JoAo Silva / New York Times
El 11 de mayo, los cuatro millones de habitantes prácticamente se quedarían sin suministro si no se revierte la situación; violencia, robos y agresiones
María Amasanti
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6 de febrero de 2018  

Las imágenes muestran innumerable cantidad de gente alineada mientras espera su turno. Parece una cola para el nuevo iPhone, pero no lo es. En Ciudad del Cabo, la segunda ciudad entre las más visitadas de todo el continente africano, aguardan lo que hace solo unos meses atrás podían conseguir en sus casas: agua.

Después de tres años de sequía, las represas que hidratan la Provincia Occidental del Cabo están casi vacías: las seis presas principales tienen solo un 25,5% de su capacidad normal y los especialistas advierten que el 10% de esa agua no se puede usar. La más importante de ellas, la represa Theewaterskloof, que provee a la mitad de la ciudad, se encuentra actualmente al 12,5% de su nivel. El gobierno local estima que el 11 de mayo todas las represas alcanzarán el 13,5% de capacidad.

Ese será el "día cero", cuando se cortará la provisión general de agua, excepto en los hospitales y los barrios vulnerables. Si los residentes no cambian sus hábitos, ese día puede llegar antes de lo esperado.

"Es el desafío más grande que una gran ciudad haya tenido que enfrentar en cualquier parte del mundo desde la Segunda Guerra Mundial o el 11-S", escribió Helen Zille, la premier de la provincia, en un artículo de opinión en un medio local. "No hay forma de que los planes destinados a aumentar la provisión de agua compensen nuestra incapacidad para frenar la demanda lo suficiente en el corto plazo", agregó.

A medida que las represas se secan y la amenaza de un futuro sin agua se acerca, los residentes muestran su temor ante un posible aumento de crímenes y enfermedades debido a la falta de higiene.

"La gente está tratando de robar agua de lugares privados. Se arriesgan a ir de noche, al amparo de la oscuridad, para abrir las canillas y tomar todo lo que puedan cargar", dijo Lesley Katerinic, una nativa de la ciudad. "En uno de los puntos de distribución de un manantial, hubo mucha agresión y violencia, peleas a puñetazos. Las llamamos 'guerras del agua'; son casos aislados, pero ni siquiera estamos en el 'día cero' y ya hemos oído que están ocurriendo".

Kimberly Liell-Cock, una estudiante de 24 años, comparte su inquietud: "Habrá suficiente agua para que podamos sobrevivir. El problema sería que la gente empezara a saltar la cerca de tu casa para robar agua. Hay más miedo al crimen que a no tener suficiente agua".

La higiene es otra de las preocupaciones. "Creo que es lo que nos va a afectar más. No poder limpiar adecuadamente o lavar las frutas; son cosas que nos harán enfermar", dijo Katerinic. Por su parte, Collins Churchill Cheche, un keniano de 26 años que vive en Ciudad del Cabo desde 2011, opinó: "La ciudad no está preparada para lidiar con enfermedades relacionadas con la falta de agua, como el cólera. Es uno de los problemas más grandes".

Desde el 1º de febrero, los residentes deben limitar su consumo diario a solo 50 litros por persona, alrededor de 6000 litros mensuales por hogar. Una ducha de 90 segundos consume 10 litros de agua; lavar los platos, 9 litros, y utilizar el inodoro, otros 9 litros más. Un lavarropas usa unos 70 litros y por eso el gobierno recomienda no hacer más de un lavado por semana. En caso de superar el límite, hay que pagar una multa.

Cuando llegue el "día cero", el límite por persona bajará hasta 25 litros de agua diarios provistos por el gobierno en 200 puntos de distribución alrededor de la ciudad, y la policía y el ejército entrarán en estado de alerta. Mientras tanto, muchos residentes ya cambiaron drásticamente su forma de vida para cumplir con el limite de 50 litros.

"Mi esposa y yo ahora nos duchamos dos veces por semana y usamos esa misma agua para descargar el inodoro -contó Brett Allen-White, de 33 años-. Los otros días nos lavamos en una pequeña bañera de agua tibia, un poco de jabón líquido y una esponja". Recibieron un tanque de agua de 750 litros como regalo de casamiento el año pasado y compraron otro para agua de lluvia de 1000 litros. "Se destinarán a lavar los platos, los inodoros y otras necesidades del hogar", explicó.

"La gente está empezando a almacenar agua. Entras en la casa de alguien y hay agua debajo de la cama, debajo de la mesa, en los armarios; hay botellas por todos lados", dijo Liell-Cock. Lis Martínez, una emprendedora argentina que vive en Ciudad del Cabo desde hace un año, compra bidones de agua de 25 litros cada vez que va al supermercado, desde hace dos meses. Allen-White ha estado recolectando botellas de 5 litros desde el año pasado.

El agua sucia de las duchas, llamada agua gris, se usa para descargar el inodoro. La campaña oficial del gobierno recomienda: "Si fuiste a orinar, dejalo estar". Los residentes reciclan el agua que usan para lavar los platos, usan alcohol en gel para lavarse las manos y, si pueden pagarla, beben agua embotellada en lugar del agua de la canilla.

"Aprendí a no desaprovechar ni la más mínima cantidad –dijo Kristian Gerstner, un reciente graduado de la Universidad de Ciudad del Cabo–. Me he dado cuenta cuánto se desperdicia día a día simplemente descargando el inodoro, lavando mi ropa, el auto, o usando un lavavajillas".

Un futuro incierto

Martina Buxman vivió en el campo de su familia toda su vida, a solo 80 kilómetros de Ciudad del Cabo. Produce alimento para ganado y trigo, y posee poco más de 400 vacas. Solo las vacas consumen alrededor de 40.000 litros de agua diarios.

Según Buxman, los agricultores de los campos y los viñedos cercanos cortan sus plantas para evitar que florezcan. Con poca agua, la producción será de menor calidad y muchos agricultores prefieren saltarse este año por completo. Otros, como su familia, pidieron permiso para perforar un pozo y buscar agua subterránea.

"Es un riesgo: cuando perforan por primera vez, no sabes si habrá agua, y si la hay, no sabes si es agua dulce", explicó. La perforación cuesta unos 12.500 dólares, un precio prohibitivo para la mayoría de los agricultores.

A medida que el clima se vuelve más extremo y los inviernos menos lluviosos, los productores se preguntan qué efectos habrá a largo plazo en la agricultura. "Soy la quinta generación en nuestro campo. No se me ocurre ni siquiera pensar en venderlo, me da miedo", dijo Buxman.

Su tía, Katerinic, concluyó: "Podés vivir sin electricidad, podés vivir sin muchas cosas. Pero el agua es algo de lo que simplemente no podés prescindir".

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