
Divide a España una mujer que pidió morir
La cuestión disparó una encendida polémica ética y legal
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MADRID.- No tiene familia ni afectos; lleva 30 años postrada en una cama, diez de ellos, conectada a un respirador. Dice que son peores la soledad y los días vacíos que el dolor físico y, con un hilo de voz, pidió en cámara ayuda para morir. Desde entonces, en España se opina y se discute, pero nadie sabe cómo resolver la cuestión.
Inmaculada Echevarría tiene 51 años, pero su último gran sueño fue cuando tenía 11 años, en el que le gustaba "perderse por allí" y pensaba ser "médica y karateca". Fue entonces cuando todo cambió: le diagnosticaron atrofia muscular, se quedó sola y, a los 25 años, pensó que su mayor deseo era morir.
Para ella, nada mejoró en los 26 años transcurridos hasta ayer en que, con la ayuda que supo ganarse entre médicos y enfermeras del hospital donde vive, llamó a conferencia de prensa para pedir, ante cámaras y micrófonos, que la ayuden a morir.
"Mi vida está llena de nada; llena de vacío, de silencios; no puedo hablar con nadie, nadie me entiende; vivir así no merece la pena, sólo pido que me ayuden a morir sin dolor", dijo con el cuerpo hundido en su cama de hospital y, de fondo, el ruido del respirador artificial.
Desde que, con un hilo de voz, Inmaculada concluyó su ruego, media España la elevó para dar su opinión, pero lo cierto es que nadie parece tener muy en claro qué hacer. Y mientras muchos opinan que podría aplicársele la eutanasia, otros aseguran que eso sería un crimen, penado por la ley en vigor.
Al menos en el campo legal, la confusión fue admitida por voces autorizadas. "Es necesario aclarar esto por vía legislativa porque, si un caso así llega a tribunales, la solución dependería mucho del juez que toque, y eso genera inseguridad jurídica", dijo el jurista Perfecto Ibáñez, integrante del Tribunal Supremo español.
Durante su campaña, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero prometió abordar una regulación de la eutanasia o, en su defecto, del suicidio asistido pero en medios gubernamentales se duda de que exista margen para abrir la cuestión. De hecho, ante este caso y por medio de sus ministerios, optó por inhibirse.
Sí existe en España desde hace cuatro años la llamada "ley de autonomía del paciente", que contempla el derecho de negarse al tratamiento. Pero en este caso, una desconexión del respirador entraría en colisión con el Código Penal, que sancionaría el hecho como delito, según advirtió el integrante del Tribunal Supremo.
Antecedente
No es la primera vez que se enfrenta aquí un ruego de muerte. Hace seis meses, un paciente de 53 años, imposibilitado de casi todo movimiento, murió luego de que una mano no identificada lo sedó y le desconectó luego el respirador. Nunca se supo quién cumplió su deseo y nadie fue procesado.
Un drama similar fue expuesto en la producción española Mar adentro , basada en la historia real de Ramón Sampedro, a quien la justicia española le negó la eutanasia en reiteradas ocasiones hasta que, finalmente, fue ayudado a morir. Hace poco se identificó a la persona que lo hizo, pero no hubo cargos en su contra.
Inmaculada no tiene quejas para el trato médico y, desde cierto punto de vista, hasta podría considerarse que, en ese terreno, no le ha faltado nada, pero ella no lo soporta más. "Esto no es vida, esto es una opresión constante", dice.
Tras pasar por varios hospitales, la mujer que lleva sola media vida reside en el hospital San Rafael, en Granada. El centro está administrado por la orden religiosa de San Juan de Dios, que permitió sin inconvenientes el desarrollo de la conferencia de prensa.
"Este es un hospital de confesión católica, pero se respeta aquí el cumplimiento de la ley", aclararon autoridades del hospital en alusión a la citada figura de "autonomía del paciente" en la que, según entienden algunos, podría basarse Inmaculada para pedir que le retiren el respirador.
Pero llegado ese extremo, ¿quién lo haría? La pregunta no tuvo respuesta clara.
Mientras, la cuestión fue abordada desde todos los enfoques. "Nadie puede tomar la iniciativa de quitar la vida a otro ser humano, no nos corresponde y es peligroso para la sociedad", dijo anoche el obispo de Huelva, José Villaplana.
Desde el costado bioético, varios expertos se encargaron de subrayar la diferencia entre eutanasia -como práctica activa para acabar con una vida- del hecho de que una persona quiera renunciar a un tratamiento aunque, como consecuencia de esa decisión, se acelere su muerte.
En tanto, Inmaculada teme que "semejante revuelo no sea nada más que palabras y todo quede en nada".
Debate en Italia
- CIUDAD DEL VATICANO (AP).- Las autoridades eclesiásticas reiteraron ayer su oposición a la eutanasia, pero dijeron que la Iglesia está a favor de permitir que los pacientes desahuciados rechacen tratamientos extremos para prolongarles la vida, mientras se analiza en el Senado italiano un proyecto de ley que permitiría a los pacientes decidir cómo tratarse en caso de quedar incapacitados por una enfermedad terminal.




