Drones, muletas y papas: los rusos hacen una vaquita virtual para equipar a su Ejército
Desde el inicio de la guerra, voluntarios llevan reunidos más de 60.000 dólares para comprar alimentos, ropa y pertrechos para los soldados rusos que combaten en Ucrania
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NUEVA YORK.- Natalia Abiyeva es una agente inmobiliaria de 37 años que se especializa en departamentos de alquiler en la ciudad rusa de Nizhny Novgorov, al este de Moscú. Pero en los últimos tiempos se ha puesto a investigar el tema de la medicina de campaña.
Y descubrió, por ejemplo, que un paquete de gránulos homeostáticos puede frenar una hemorragia fatal, y que las agujas de descompresión sirven para aliviar la presión toráxica. En un hospital militar, un comandante herido en la batalla le contó que un camarada suyo había muerto entre sus brazos porque no tenían tubos traqueales para intubarlo.
Así que Natalia decidió ocuparse ella misma del problema. El miércoles, y por séptima vez desde que empezó la guerra, Natalia y dos amigos fueron en camioneta hasta la frontera con Ucrania para llevar bolsones de papas y cebollas, binoculares, walkie-talkies, equipos de primeros auxilios, y hasta un set móvil de odontología básica. Natalia cuenta que desde el inicio de la guerra llevan reunidos más de 60.000 dólares para comprar alimentos, ropa y pertrechos para los soldados rusos que combaten en Ucrania.
“Se diría que el mundo entero apoyo a nuestros grandes enemigos”, dice Natalia. “Así que nosotros queremos manifestarle nuestro a apoyo a los nuestros y hacerles saber que no están solos.”
Y como el caso de Natalia, en toda Rusia han surgido iniciativas y movimientos de aporte colectivo (“crowdfunding”), en general impulsados por mujeres, para ayudar a los soldados rusos. Esos esfuerzos son evidencia de cierto apoyo social a la campaña bélica del presidente Putin, pero también una admisión tácita de que el ejército ruso, ensalzado antes de la guerra como una fuerza de combate de primera clase, resultó estar pasmosamente mal preparado para una verdadera guerra.

En esos envíos de ayuda siempre hay golosinas y mensajes de aliento, pero van mucho más allá: entre los artículos más codiciados hay drones importados y miras de visión nocturna, señal de que el presupuesto militar de 66.000 millones de dólares de Rusia no ha redundado en equipos esenciales para librar una guerra moderna.
“Es que nadie se esperaba que esa guerra fuese a ocurrir”, dice Tatyana Plotnikova, comerciante de la ciudad de Novokuibishevsk, sobre las riberas del Volga. “Creo que ningún ruso estaba listo para algo así.”
Tatyana tiene 47 años y ya cubrió dos veces los 1600 kilómetros que la separan de la frontera con Ucrania para llevar un total de 3 toneladas de ayuda y pertrechos. La semana pasada publicó en su cuenta de la red social rusa VKontakte una nueva lista de productos urgentes: vendas, anestesia, antibióticos, muletas y sillas de ruedas.
La elevada demanda de suministros médicos se debe en parte al creciente poder de fuego de Ucrania gracias a los refuerzos de armas cada vez más poderosas que envía Occidente. Alexander Borodai, comandante separatista y miembro del Parlamento ruso, dijo que los insumos para tratar heridas de metralla y quemaduras eran necesarios “con suma urgencia y en grandes cantidades”. Borodai agregó que en algunas zonas, más del 90% de las heridas de los soldados rusos eran por fuego de artillería.
La mayoría de los grupos que recolectan donaciones para los soldados rusos parecen operar independientemente del gobierno ruso y por lo general se manejan con los contactos personales que tienen los voluntarios en alguna unidad de tropas o en hospitales militares, que les pasan listas de lo que necesitan con mayor urgencia.

Los medios de prensa estatales de Rusia rara vez hacen mención a estos grupos, quizás porque erosionan el mensaje de que el Kremlin tiene la guerra perfectamente bajo control.
Sin embargo, fuera de los medios estatales, los partidarios de la guerra dicen que las donaciones privadas son claves para la victoria. Los blogueros militares prorrusos, algunos de ellos ya incorporados a las tropas, alientan a sus seguidores a donar dinero para comprar equipos de visión nocturna y drones básicos.
“Muchos de nuestros muchachos mueren porque les faltan estos quipos”, escribió un bloguero, “mientras todo Occidente se ocupa de abastecer al bando ucraniano”.
Natalia Abiyeva dice que empezó a colaborar con el crowdsourcing cuando su esposo, capitán del ejército, fue enviado a Ucrania y ella sintió que no podía hacer nada para cambiar las cosas. Fue al hospital adyacente a la base militar donde suele estar destinado su esposo en Rusia y allí consiguió la información de contacto de los cirujanos desplegados en el frente de guerra. Desde entonces, ellos le envían directamente a Natalia la lista de necesidades, y le pasaron su contacto a otros médicos colegas.
Cuando el cirujano de un hospital de campaña pidió catéteres de embolectomía arterial para tratar obstrucciones en las arterias, Natalia encontró a otro voluntario de San Petersburgo que podía hacer el viaje de 1200 kilómetros y entregar de inmediato 10 unidades. Natalia dice que una semana después pudo hacer el viaje ella misma, y que el cirujano le comentó que ya había usado seis de esos catéteres.
“Es posible que hayamos salvado seis vidas”, dice Natalia.
La aparente urgencia del ejército ruso por conseguir equipos médicos esenciales y dispositivos de consumo básicos fabricados en el extranjero hace que algunos rusos se pregunten en qué gasta el Kremlin su ingente presupuesto militar, de más del 3% de la producción económica total del país. En la página de VKontakte de Zhanna Slobozhan, coordinadora de donaciones en la ciudad fronteriza de Belgorod, una mujer escribió que hablar de recaudar dinero para drones y miras de rifle “me hace pensar que nuestro ejército ha sido abandonado y está a merced del destino”.
“Al menos nosotros no abandonemos a nuestros muchachos”, le respondió Slobozhan.
Por primera vez desde que comenzó la guerra, el miércoles Putin visitó un hospital militar. Más tarde, les dijo a sus funcionarios que si bien los médicos con los que habló le habían asegurado que “tienen todo lo que necesitan”, el gobierno debería “responder con celeridad y eficacia a cualquier necesidad” de los médicos de campaña.

Pero la sensación de que los soldados rusos que combaten en Ucrania están mal equipados se está filtrando cada vez más en el discurso público ruso, tanto entre los opositores como entre los partidarios de la guerra. En un documental sobre madres de soldados publicado por la periodista rusa Katerina Gordeyeva y que se viralizó durante el fin de semana en YouTube, una mujer contó que en el frente de batalla su hijo tuvo que atarse con alambre la suela despegada de las botas.
El 19 de mayo, una asociación de oficiales rusos retirados publicó una carta abierta en la que señalaba que la gente estaba recaudando fondos para equipos de los que había graves carencias “a pesar de que el gobierno tiene mucho dinero”. La carta criticaba la campaña bélica de Putin como “poco decidida”, y lo instaba a declarar el estado de guerra y movilización de fuerzas, con el objetivo de capturar toda Ucrania.
Pero sobre el terreno, las preocupaciones son más prosaicas: la llegada del verano marca también el regreso de las garrapatas portadoras de la enfermedad de Lyme, así que en Belgorod los voluntarios se dedican a fabricar repelente de insectos casero, embotellarlo en rociadores, y despacharlo al frente de batalla.
Por Anton Troianovski
Traducción de Jaime Arrambide
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