Durante mucho tiempo subestimamos al enemigo: llegó la hora de destruir su califato

Dominique Moïsi
Dominique Moïsi PARA LA NACION
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17 de noviembre de 2015  

El minuto de silencio frente a La Belle Equipe, en la Rue de Charonne
El minuto de silencio frente a La Belle Equipe, en la Rue de Charonne Fuente: AFP - Crédito: Jacques Demarthon

PARÍS.- La consternación, el miedo, el dolor, la furia y, finalmente, la resiliencia. En el transcurso de unas horas, atravesamos individual y colectivamente toda una gama de emociones diversas. Sabíamos que la barbarie volvería a golpearnos, pero entre esperar un evento terrible y encontrarse de pronto frente a él hay un abismo emocional. De la manera más brutal, descubrimos una realidad que nos empecinamos en no reconocer, por una mezcla de negación y de costumbre, por no decir de comodidad intelectual.

Estamos en guerra. Negarlo sería vano, y hasta peligroso. Para hacer frente a esta guerra y llevar las de ganar debemos hacer gala de claridad, de unidad y de firmeza. Esas tres palabras deberían ser nuestra brújula, por más desamparados que nos sintamos frente a la brutalidad de los hechos.

La claridad de análisis es esencial. De nuestros enemigos sólo conocemos la intensidad de su odio y la profundidad de su barbarie. Pero nos queda entender su estrategia y, en consecuencia, reconocer que nuestro enemigo es inteligente y, a su manera, perfectamente racional. Lo despreciamos y subestimamos durante demasiado tiempo.

En estos últimos días, por no decir semanas, ese enemigo lleva adelante una sistemática campaña de terror y de muerte, desde las calles de Estambul hasta las de París, sin olvidar el derribo de un avión de pasajeros ruso sobre el desierto del Sinaí. La identidad de las víctimas, kurdos, rusos y franceses, ya es por sí misma un programa de acción. "Me atacás, te mato."

Cronología

La cronología de los ataques es tan interesante como la naturaleza de los objetivos. Esa lógica podría resumirse así: cuantas más derrotas sufre Estado Islámico (EI) en el terreno, vale decir, cuanto más amenazados están sus avances territoriales en Siria e Irak, más lleva su guerra al frente de batalla global, que abarca todo el mundo.

Aspiran a disuadirnos de enfrentarlos utilizando el arma del terror. "Recuperás la ciudad de Sinjar, ataco París." Por supuesto que las células de terroristas ya eran operativas y no estaban esperando los reveses sufridos de EI para prepararse.

La fecha en la que pasaron a la acción no es inocente y refleja una mezcla de flexibilidad y capacidad de reacción. Si esta vez EI eligió como blanco a ciudadanos comunes, es precisamente porque son los que no podían estar protegidos, porque no hay manera de custodiar a todo el mundo. Lograr la mayor cantidad de víctimas de la manera más simple y con las armas de guerra más fácilmente accesibles: ésa parece ser la estrategia.

Pero todo eso fue posible, y casi fácil, por todo lo que significan para EI los territorios del "califato", como ocurría antes con el Afganistán de los talibanes para el grupo Al-Qaeda: el califato es su santuario. Por lo tanto, la prioridad de la comunidad internacional ahora debe ser la destrucción de ese santuario, y destruir EI en Siria, al igual que en Irak, y por qué no en Libia.

La unidad

Además de la claridad, la segunda palabra que se impone es la unidad. Por supuesto que esa unidad debe empezar en Francia, y no puede reducirse a las palabras ni responder a una simple opción táctica en vísperas de elecciones.

La sociedad civil no entendería que la clase política haga alarde de divisiones en momentos en que la Historia golpea a nuestra puerta, y de la manera más trágica. La idea de unión nacional frente a la barbarie y a los enemigos de la democracia ya no puede ser descartada como si nada, en nombre de cálculos políticos o prejuicios ideológicos. La unidad sigue luego por Europa. Nos venían diciendo que la Unión Europea está en plena crisis de identidad, que no tiene un proyecto. Bueno, desde el viernes ya tiene un proyecto: ser europeo es enfrentar de manera conjunta los ataques de la barbarie contra nuestros valores y nuestro modelo social.

La unidad también se extiende al mundo occidental. Un buen ejemplo fue la larga declaración del presidente Barack Obama tras los atentados de París. Estamos a bordo del mismo barco y libramos una misma guerra, y debemos estar plenamente convencidos de que las cosas que nos unen son infinitamente más importantes que las que nos separan.

Esa unidad, finalmente, excede los límites de Europa e incluso los de Occidente, porque concierne a todos los países que también están bajo la amenaza de Estado Islámico. En el contexto de esa guerra, necesitaremos sobre todo de Turquía, de Irán y de Rusia. De todos modos, hay que ser realistas: una alianza circunstancial contra Estado Islámico no resolverá todos los problemas que puedan existir entre nosotros.

La firmeza

Finalmente, además de claridad y de unidad, se impone un tercer concepto: la firmeza. Y en un sentido doble: no sólo firmeza frente a la amenaza, sino firmeza en la defensa y respeto de nuestros principios. Estado Islámico espera que reaccionemos con una mezcla de cobardía y sobreactuación. Su objetivo es provocar un choque de civilizaciones entre el mundo islámico y el mundo occidental. No hay que caer en la trampa.

Para empezar, hay que llamar a las cosas por su nombre. Después de que París fue atacada como lo fue el viernes pasado, no podemos sentarnos a reflexionar sobre la palabra "guerra". Una cosa es no volver a cometer los errores de George W. Bush, pero excusarse en esos errores para proteger nuestro "mundo de comodidad" y negarnos obstinadamente a aceptar el carácter trágico de la Historia a esta altura es imposible.

Europa tiene que "endurecerse", pero en estricto respeto de sus valores y de su Estado de Derecho. Frente a esta prueba de voluntad política que nos espera, nos toca demostrarle a Estado Islámico que nuestro amor por la vida es mucho más grande que su amor por la muerte.

Consejero especial del Instituto Francés de Relaciones Internacionales

Traducción de Jaime Arrambide

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