EE.UU. anunció que abandona el tratado antibalístico ABM
Moscú calificó de "error" la decisión
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NUEVA YORK.- En una decisión histórica que marca la primera vez que Estados Unidos renuncia a un acuerdo internacional, el presidente George W. Bush anunció ayer el retiro de su país del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM). Con el abandono unilateral de esta piedra fundamental de la Guerra Fría, Bush allana el camino para el desarrollo de su controvertido plan de un "escudo antimisiles".
"Anuncio formalmente a Rusia que Estados Unidos se retira de este tratado de casi 30 años de antigüedad", dijo el mandatario desde el Jardín de Rosas de la Casa Blanca. "Llegué a la conclusión de que el tratado ABM obstaculiza la habilidad de nuestro gobierno para proteger a nuestro pueblo de futuros ataques terroristas o de Estados díscolos", agregó Bush.
El pacto, firmado en Moscú el 26 de mayo de 1972 entre los presidentes Richard Nixon y Leonid Brezhnev, prohíbe específicamente las pruebas y el establecimiento de un sistema de defensa contra misiles balísticos.
Desde los agitados días de la campaña electoral, Bush -que definió el ABM como "una reliquia del pasado"- insistió en la necesidad de un sistema antimisiles y, al llegar a la Casa Blanca, comenzó las negociaciones con Rusia para persuadir al presidente Vladimir Putin de abandonar conjuntamente el tratado. Como no logró convencer a los rusos, el jefe de Estado norteamericano decidió hacer uso de una de las cláusulas del pacto (Art. 15), que prevé el retiro de una de las partes.
"El tratado ABM fue firmado por Estados Unidos y la Unión Soviética en una época muy distinta, en un mundo totalmente distinto -señaló Bush-. Uno de los signatarios, la Unión Soviética, ya no existe y tampoco sobrevive la hostilidad que llevó a nuestros países a mantener miles de armas nucleares en máximo alerta, apuntadas contra cada uno."
Ahora, dijo, ambas naciones enfrentan enemigos nuevos. "Hoy, como dejaron en claro los hechos del 11 de septiembre, las amenazas más serias no provienen de entre nosotros, sino de terroristas que atacan sin aviso o de Estados díscolos, que buscan armas de destrucción masiva", afirmó Bush.
La reacción de Moscú, aunque tibia, no se hizo esperar. "Esta decisión no fue una sorpresa para nosotros. De cualquier manera, creemos que es un error", declaró Putin.
Aunque muchos analistas han advertido que la decisión podría dar comienzo a una nueva carrera armamentista, poco podría hacer Moscú frente a la decisión de la Casa Blanca, porque los rusos no tienen hoy la capacidad económica para hacer frente a los gastos que ésta implicaría.
Consecuencias
"La decisión no tendrá las consecuencias negativas que tanto se temen", dijo a LA NACION Clark Murdock, experto en asuntos nucleares del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington. "Moscú cederá en este caso a cambio de una reducción en la cantidad de cabezas nucleares, que es lo que se está negociando, para llevarlas a entre 1500 y 2000 en cada lado", añadió Murdock.
"El presidente aprovechó este momento, capitalizando su popularidad para hacer este anuncio, que irrita a los europeos y a los demócratas", señaló a LA NACION William Hartung, especialista en temas de defensa del Instituto de Política Mundial en Nueva York.
"Ahora sale ganando el ala dura del gobierno, representada por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y las grandes compañías de la industria armamentista -estimó-. Pero a la larga todos salen perdiendo, porque el mundo se vuelve un lugar más peligroso para Estados Unidos y el resto de los países."



