EE.UU., preocupado por la presencia rusa en las cercanías de cables submarinos

Temen que el Kremlin pueda sabotear sus comunicaciones en tiempos de crisis
Temen que el Kremlin pueda sabotear sus comunicaciones en tiempos de crisis
Eric Schmitt
David Sanger
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27 de octubre de 2015  

WASHINGTON.- El incesante movimiento de submarinos y barcos espías rusos en las inmediaciones de los cables interoceánicos que transportan casi la totalidad de las comunicaciones mundiales por Internet ha generado alarma en algunos militares y funcionarios de inteligencia norteamericanos, que temen que Rusia tenga planeado atentar contra esos cables en tiempos de tensión o de conflicto.

El problema trasciende aquel viejo temor surgido durante la Guerra Fría de que los rusos pudieran "pinchar" las vías de comunicación, un método -por otra parte- que las agencias de inteligencia de Estados Unidos también dominan desde hace décadas. Ahora la preocupación es más profunda: el hackeo ruso definitivo contra Estados Unidos sería cortar los cables de fibra óptica en lugares remotos de difícil acceso, para interrumpir las comunicaciones instantáneas de las que actualmente depende Occidente, tanto sus gobiernos como sus economías y sus ciudadanos.

Aunque aún no hay evidencias de ningún corte de cables, el tema se suma a la creciente preocupación de los agentes de inteligencia y altos mandos militares de Estados Unidos y sus aliados por la escalada de operaciones de las fuerzas armadas de Rusia en todo el mundo. Al mismo tiempo, esa discusión interna deja en evidencia que Estados Unidos mira cada vez con más desconfianza cualquier movimiento de los rusos, un hecho con reminiscencias de la Guerra Fría.

Tanto en el seno del Pentágono como de las agencias de espionaje norteamericanas, las evaluaciones sobre el aumento de las actividades de la marina rusa son altamente clasificadas y no se discuten públicamente en detalle. Los funcionarios nada dicen sobre la vigilancia de esos movimientos ni sobre sus planes para reponer rápidamente esos cables si son cortados. Pero en líneas generales, más de una docena de funcionarios confirmaron que el tema pasó a ser una de las prioridades del Pentágono.

"No hay día en que no me preocupe lo que puedan estar haciendo los rusos", dice el contralmirante Frederick Roegge, comandante de la flota de submarinos del Pacífico, que se negó a hablar específicamente sobre los posibles planes de Rusia para cortar los cables submarinos.

El comandante William Marks, vocero de la marina en Washington, dijo que "sería preocupante enterarse de que cualquier país está manipulando los cables de comunicaciones. "Pero como las operaciones submarinas son clasificadas, no estamos autorizados a discutir sus detalles", indicó. En privado, sin embargo, tanto los militares como los espías son mucho más directos. Dicen que desde el Mar del Norte hasta el nordeste de Asia, e incluso en aguas cercanas a las costas de Estados Unidos, registraron un incremento significativo de las actividades rusas a lo largo de las rutas conocidas de los cables, arterias por las que circula la vital comunicación electrónica y comercial del mundo.

Monitoreo

El mes pasado, el barco espía ruso Yantar, equipado con dos sumergibles autopropulsados de aguas profundas, pasó lentamente junto a la costa este de Estados Unidos en su camino a Cuba, donde sube a tierra uno de los cables maestros, cerca de la base norteamericana de Guantánamo. El barco estuvo bajo monitoreo constante de Estados Unidos, a través de satélites espías, barcos y aviones. Los funcionarios de la marina norteamericana afirman que los dos vehículos sumergibles con los que está equipado el Yantar tienen la capacidad de cortar cables a kilómetros de profundidad.

"El actual nivel de actividad y movimiento es comparable al que vimos durante la Guerra Fría", señaló un alto diplomático europeo.

Noruega, miembro de la OTAN, está tan preocupada que les pidió ayuda a sus vecinos para rastrear los submarinos de bandera rusa. El almirante James Stavridis, ex máximo comandante militar de la OTAN y actual decano de la Escuela de Leyes y Diplomacia Fletcher, dijo que "ésta no es más que otra evidencia de un régimen sumamente autoritario y belicoso que al parecer pretende retrotraerse a las herramientas de la Guerra Fría, aunque con un alto grado de avance tecnológico".

Ese aumento de la presencia rusa en los mares está en consonancia con la expansión de las actividades militares del Kremlin en lugares como Crimea, Siria y el este de Ucrania, donde el presidente Vladimir Putin también ha buscado demostrar el largo brazo de sus fuerzas militares de tierra, agua y aire.

"El peligro es que cualquier país podría dañar el sistema y hacerlo de manera totalmente encubierta, sin necesidad de contar con un barco de guerra con equipo cortacables en la zona", señala el investigador Michael Sechrist.

Traducción de Jaime Arrambide

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