El ala conservadora ataca al Papa por su apertura a las uniones civiles gay

Los dichos del papa Francisco sobre los derechos de las personas homosexuales provocaron todo tipo de reacciones en la Iglesia católica
Los dichos del papa Francisco sobre los derechos de las personas homosexuales provocaron todo tipo de reacciones en la Iglesia católica Fuente: AFP
Elisabetta Piqué
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22 de octubre de 2020  • 12:43

ROMA.- Decir que seguía habiendo hoy revuelo por el respaldo del Papa a una ley que proteja a las familias homosexuales, es un eufemismo. La nueva apertura pastoral de Francisco, surgida de palabras dichas en un documental estrenado mundialmente ayer en Roma -pero cada vez más envueltas en el misterio porque nadie sabe exactamente cuándo fueron pronunciadas y a quién-, provocaron otro terremoto.

"Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie ni hacerle la vida imposible por eso. Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil, tienen derecho a estar cubiertos legalmente", dijo el Papa en "Francesco" en el documental del cineasta ruso Evgeny Afineevsky que no sólo aborda el tema gay, sino que hace un repaso de las grandes preocupaciones del pontificado de Jorge Bergoglio. Las declaraciones, aunque no significaron un cambio de doctrina, cayeron como una bomba en todo el mundo y especialmente en el seno de la Iglesia católica.

Tema de tapa de todos los diarios italianos, la apertura del Papa a las uniones civiles de los homosexuales -algo muy distinto del sacramento del matrimonio, que para el Papa y para la Iglesia católica sólo puede darse entre hombre y mujer-, generó un río de repercusiones. Fue aplaudida por los sectores más abiertos y, como era de esperar, condenada por los más conservadores, que se oponen a la pastoral inclusiva del exarzobispo de Buenos Aires y que no digieren su visión de Iglesia abierta a todos, especialmente a los excluidos.

El ex nuncio en Washington, Carlo María Viganó, que saltó a la fama en agosto de 2018 al acusar en una carta al Papa de encubrir los abusos sexuales de un cardenal estadounidense y pedir su renuncia, volvió a la carga. Y, sin medias tintas, acusó al papa Francisco de querer provocar un cisma en el seno de la Iglesia.

Hereje que quiere provocar un cisma

"No hace falta ser teólogos o moralistas para saber que tales afirmaciones son totalmente heterodoxas y constituyen un gravísimo motivo de escándalo para los fieles", aseguró el arzobispo en una carta publicada en el blog ultra-conservadorStilum Curiae, que detesta al Papa. "Pero atención: estas palabras constituyen la enésima provocación con la que la parte ultra-progresista de la jerarquía busca suscitar artificialmente un cisma, como ya se intentó con la exhortación post-sinodal Amoris Latetitia (donde se abría la posibilidad de comulgar a los divorciados vueltos a casar), el cambio sobre la pena capital (considerada ahora "inadmisible"), el sínodo pan-amazónico y la inmunda Pachamama y la declaración de Abu Dhabi luego reiterada y agravada en la encíclica Fratelli Tutti", disparó.

"Parece que Bergoglio busca descaradamente elevar la apuesta en un crescendo de afirmaciones heréticas, para obligar a la parte sana de la Iglesia -episcopado, clero y fieles- a acusarlo de herejía, para después declararla cismática y 'enemiga del papa'", agregó. "Asumimos con dolor que -concluyó finalmente-, en este choque epocal, quien debería conducir la Barca de Pedro decidió ponerse de lado del Enemigo, para hundirla".

Viganó no fue el único que salió a criticar al Papa por sus dichos.

En Estados Unidos, donde el tema polariza como en ningún otro lado y donde la mayoría del episcopado siempre rechazó el matrimonio o las uniones civiles gay, Thomas Tobin, obispo de Providence, no ocultó su rechazo. "El aparente respaldo del Santo Padre a las uniones civiles de parejas del mismo sexo debe ser aclarado. La declaración del Papa contradice lo que ha sido la enseñanza de la Iglesia sobre las uniones de parejas del mismo sexo", dijo, en un comunicado. "La Iglesia no puede apoyar la aceptación de relaciones objetivamente inmorales. Las personas con atracción hacia el mismo sexo son amados hijos de Dios y deben tener sus derechos humanos personales y civiles reconocidos. No obstante, la legalización de sus uniones civiles, que intentan simular un santo matrimonio, no es admisible", sentenció.

De la vereda opuesta, hubo elogios. "El papa Francisco ha dado otra prueba -y esta vez, sorpresivamente, a través de un canal comunicativo inédito-, de haber elegido una dirección decididamente progresista", aseguró Lucetta Scaraffia, historiadora católica y docente universitaria, que dirigió el suplemento mensual femenino de L'Osservatore Romano.

En un artículo en La StampaScaraffia destacó el giro "libre" y "valiente" dado por el Pontífice. Si bien consideró que sus palabras en verdad ya son puestas en práctica por muchos párrocos que acompañan a parejas homosexuales, subrayó que "al mismo tiempo no podemos negar que se distancia fuertemente de lo que es la moral oficial de la Iglesia católica". Algo que certifica que "es un Papa capaz de entender los tiempos en los que vivimos: era terriblemente anacronístico, de hecho, sostener una oposición a las uniones civiles homosexuales cuando se están convirtiendo en legales en casi todos los países avanzados".

Scaraffia, no obstante, puntualizó que hablar de "derecho a la familia" también abrió la puerta a otro tema complejo, el ser padres, poniendo en duda de que su apertura haya implicado un visto bueno al reconocimiento del derecho a tener hijos, con medios diversos, de las parejas gay. "Si la apertura fuera completa se abrirían problemas enormes porque iría en contra de una moral bioética que siempre se pronunció en contra de la fecundación asistida, la inseminación heteróloga y el alquiler de vientres", puntualizó, al reclamar una discusión abierta ya no sólo desde el punto de vista teológico sobre estos delicados temas de identidad sexual, de vida y muerte y de propiedad del cuerpo humano, que incluya a los laicos.

¿Corte, edición y manipulación?

Al margen de esto, seguía habiendo un verdadero misterio sobre cuándo y a quién el Papa le dijo las declaraciones que aparecen en el documental, que el padre jesuita Antonio Spadaro, director de la revista Civiltá Cattolica, consideró nada nuevas ya que habían aparecido en una entrevista que le hizo al Papa, en mayo del año pasado, la periodista mexicana Valentina Alazraki, decana de los vaticanistas y corresponsal de Televisa.

Aunque Alazraki prefirió no comentar, la primera parte de la frase del Papa que aparece en el documental parece ser exactamente la misma que pronunció en su entrevista -ostenta el mismo fondo, la misma silla, todo-. La segunda, que habla de la necesidad de una ley de convivencia civil -que tiene el mismo fondo-, nunca apareció en la entrevista de Televisa. Pero se cree que, en su momento, esa parte pudo haber sido cortada y editada por el Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, con el acuerdo del Papa. El problema es que luego Afineevsky habría tenido acceso a ese material completo, en bruto, que manipuló y editó a su antojo.

Preguntado sobre el tema, el cineasta fue muy críptico y nunca especificó ni cuándo ni dónde realizó una entrevista con el Papa. Aunque comienza a quedar claro en ambientes vaticanos que, en verdad, nunca existió entrevista alguna.

En un clima de lo más gélido pese a la jornada de sol que hubo en Roma, el cineasta ruso -que es gay- recibió en los Jardines del Vaticano una distinción por su film, que, gracias a la polémica, obtuvo una propaganda mundial inusitada.

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