El calor y la baja cantidad de vuelos protegen a la Argentina

Eduardo L. López
Eduardo L. López PARA LA NACION
(0)
3 de febrero de 2020  

Los coronavirus son una familia de virus con reservorios no humanos de los cuales solo seis pueden afectar al hombre. En el pasado provocaron dos brotes: entre 2002 y 2003 el SARS causó aproximadamente 8000 casos, con una mortalidad del 10%. El otro brote, conocido como MERS, fue en Medio Oriente y tuvo alrededor de 3000 casos y una mortalidad del 30%. En estos brotes se estableció que los reservorios fueron murciélagos y camélidos, respectivamente, y que hubo transmisión de persona a persona. La infectividad del virus disminuye en altas temperaturas y alta humedad.

La actual epidemia comenzó en una ciudad en época invernal con circulación de otros virus respiratorios y alta densidad poblacional en ambientes cerrados. El sistema de salud no estaba preparado y se subestimó el impacto de transmisión entre humanos . Finalmente se decidió una cuarentena de 51 millones de personas y se determinó la necesidad de construir nuevos hospitales en el foco de la epidemia. Esta nueva cepa de coronavirus parecería tener menor transmisibilidad que, por ejemplo, el virus de influenza de la pandemia de 2009, que tuvo más de 60 millones de afectados en Estados Unidos y alrededor de 12.000 contagiados y 680 fallecidos en nuestro país.

Los síntomas más comunes de esta nueva pandemia son el cuadro gripal febril y la tos, pero puede presentar cuadros leves, como resfrío con fiebre. Se especula la existencia de casos asintomáticos. La transmisión de persona a persona requiere contacto estrecho. Afecta en su gran mayoría a adultos, con pocos casos en niños, y se estima que un enfermo podría contagiar a alrededor de dos personas (en el caso del coronavirus del SARS el contagio podía alcanzar a tres individuos con contacto cercano).

La Argentina no está exenta de la posibilidad de que casos sospechosos arriben al país por vía aérea desde China y también es posible que algún pasajero presente síntomas dentro de las dos semanas, período máximo de incubación de la enfermedad en casos esporádicos. Sin embargo, nuestro país presenta algunas ventajas: al ser verano no hay aglomeración de personas en ambientes cerrados y la densidad del intercambio aéreo con China es más baja que en Europa y Estados Unidos. Recordemos que la influenza de 2009 nos afectó en invierno.

El riesgo de esta epidemia, casi restringida a China, es la diseminación a otros países con aparición significativa de casos autóctonos. Hoy esto parece poco probable debido a las medidas tomadas por Europa y América del Norte, como el aislamiento precoz del paciente sospechoso o confirmado, que resultó exitoso durante la epidemia del SARS. Además, algunos países agregaron medidas no recomendadas por la OMS, como la suspensión de los vuelos hacia y desde China. A nivel individual, se recomienda el lavado frecuente de manos, el uso de alcohol en gel y barbijo, evitar las aglomeraciones en caso de viajar a China e incluso evaluar postergar el viaje hasta que la epidemia se controle. Se está estudiando el desarrollo de vacunas, pero no estarán disponibles en lo inmediato.

El autor es epidemiólogo

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.