
El Congreso aprobó el juicio político a Clinton
Votó favorablemente dos de los cuatro cargos -perjurio y obstrucción a la Justicia-; pese a ello, el mandatario dijo que no renunciará y pidió un acuerdo a los senadores.
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WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- La presidencia de Bill Clinton quedó al borde del abismo después de que la Cámara de Representantes aprobó, con voto dividido entre republicanos y demócratas, dos de los cuatro cargos en su contra y, por segunda vez en la historia, remitió el juicio político (impeachment) a la instancia superior, el Senado. El presidente quedó así expuesto a la posibilidad de la destitución.
Clinton, acusado formalmente de mentir bajo juramento (perjurio) y de obstruir la Justicia a raíz de su affaire con Monica Lewinsky el mismo día en que anunció el final de la guerra con Saddam Hussein, insistió en un discurso en la Casa Blanca en que permanecerá en el cargo hasta la última hora del último día de su segundo mandato, y exhortó a los líderes republicanos a que terminen con su política de destrucción personal.
Pero en un giro dramático de la persecución sexual que se ha desatado en Washington desde que estalló el escándalo, Bob Livingston, republicano, presidente electo de Representantes, anunció que no asumirá en enero la nueva función y que, en un plazo de seis meses, abandonará la banca que ocupa desde 1977 a raíz de la revelación de una relación extramatrimonial.
Es el segundo peso pesado de los republicanos que cae por el escándalo, cual boomerang, tras la renuncia de Newt Gingrich, el 7 de noviembre, al mismo cargo que Livingston iba a ocupar, el tercero en importancia en la escala de poder, por haber cometido el error de creer que la relación de Clinton con Lewinsky, reprobada por la gente en sucesivas encuestas, iba a reportarles votos a los republicanos en las elecciones de medio término.
En su discurso en el recinto, Livingston instó a Clinton a que imite su ejemplo: "Señor, usted ha hecho un gran daño a esta nación durante este último año -dijo-. Afirmo que tiene usted el poder de poner fin a ese daño y de curar las heridas causadas. Usted, señor, debe renunciar a su cargo".
La propuesta de Livingston, de 55 años, casado hace 33 con la misma mujer, Bonnie, públicas desde el jueves sus indiscreciones conyugales, cosechó un abucheo sostenido en el recinto, cual nota musical, que provenía de las bancas demócratas.
Ejemplo no imitado
"Debo dar el ejemplo y espero que el presidente Clinton lo siga -agregó de inmediato-. No aceptaré el cargo de la presidencia de la Cámara, el 6 de enero. Quedaré como apoyo de esta Cámara que tanto aprecio. Estaba dispuesto a encabezar nuestra mayoría y creo que debo hacer un buen trabajo, pero no puedo hacerlo".
El abucheo trocó entonces en vítores, por el gesto, desde las bancas republicanas. Clinton reaccionó enseguida vía Joe Lockhart, su vocero: "El presidente cree firmemente que esta política de destrucción de las personas tiene que terminar", observó, concepto que después reiteraría, en los jardines de la Casa Blanca, en compañía de Hillary, del vicepresidente Al Gore y del jefe de la bancada de representantes demócratas, Dick Gephardt.
Visita de Hillary
Antes de aprobar el perjurio y la obstrucción a la Justicia, y de rechazar los artículos en los cuales Clinton era acusado de abuso de poder y de perjurio en la demanda por acoso sexual de Paula Jones, los demócratas, alentados por Hillary en una visita previa, hicieron el último intento de que el impeachment quedara degradado a una moción de censura. Esta pena severa hubiera eliminado del horizonte la posibilidad de una destitución, hoy latente.
Ello provocó el retiro masivo de los demócratas del Congreso, ofuscados por el proceso: "Estamos profundamente ofendidos", martilló Gephardt en la calle. El regreso, explanada arriba, al final de la segunda jornada de debates, deparó la crónica de un resultado anunciado: la primera votación, de 228 votos contra 206 en favor del cargo de perjurio, selló el destino de Clinton, reunido en ese momento, en el Salón Oval, con uno de sus consejeros espirituales, el reverendo Tony Campolo, y el televisor apagado.
Por 229 votos contra 205 no prosperó el cargo de perjurio en el caso Paula Jones, y por 285 contra 148 tampoco fue aprobada la acusación de haber suministrado respuestas falsas a las preguntas formuladas por escrito por el presidente de la Comisión Judicial, Henry Hyde, lo que habla de republicanos moderados que se salieron de la línea de su partido, pero por 221 contra 212 votos quedó en firme la impresión de que obstruyó las investigaciones del fiscal Kenneth Starr.
A contramano de encuestas que reflejan que la gente no quiere que sea derrocado ni que renuncie, la suerte de Clinton quedó marcada cuando el republicano Ray LaHood, a cargo de la presidencia de la Cámara, bajó el martillo y exclamó: "El artículo uno queda aprobado".
Hyde, con la satisfacción del deber cumplido, redondeó: "Cuando el primer funcionario, encargado de aplicar la ley, trivializa, ignora, destruye, minimiza la santidad del juramento, la Justicia queda herida, y uno queda herido, y los hijos de uno quedan heridos".
Vencido por vencido, Gephardt replicó que "necesitamos empezar a curar, necesitamos empezar a cicatrizar nuestras heridas, necesitamos poner fin a esta espiral descendente que terminará por matar a la democracia representativa".
El antecedente inmediato de Clinton era Richard Nixon, pero, a diferencia de él, renunció en 1974 antes de afrontar la votación en Representantes, cosa que sucedió ayer aquí. De ahí que Johnson, el presidente que por un voto no fue destituido hace 130 años, es el único caso de similar magnitud.
Adiós a las armas
Pero Clinton, más abocado al caer la noche al final de la guerra con Irak (ergo, su trabajo, como quiso transmitirlo) que al impeachment, cerró toda posibilidad de renuncia, al menos mientras sus operadores constatan que los republicanos no obtendrán los 67 votos que necesitan en el Senado para destituirlo.
"El presidente hará lo que más le conviene al país, y tratará de seguir llevando adelante su agenda", rubricó Lockhart.
En el Senado, sin embargo, uno de sus principales detractores, Joseph Lieberman, demócrata, dejó abierta la posibilidad de que renuncie: "Lo que nosotros estamos escuchando es que la gente quiere que esto termine". Eso habla, también, de los respaldos que podría perder en ese ámbito.
No menos de dos encuestas recientes dicen que cuatro de cada 10 norteamericanos hubieran preferido la renuncia de Clinton al tratamiento de su caso en el Senado. "La gente está harta de la discusión, de la pelea", refrendó Andy Kohut, de Pew Research Center.
Mike McCurry, ex vocero de Clinton en la Casa Blanca, dijo que el juicio, sin un plazo de vencimiento, dure todo el año en el Senado y que, como consecuencia de ello, el país podría paralizarse. "Quiere mucho a los Estados Unidos como para considerar la renuncia si cree que puede hacerle sufrir esta experiencia", deslizó.
El más preocupado, de todos modos, es Gore, ya que podría perder la posibilidad de ser presidente durante dos mandatos consecutivos completos si Clinton renuncia antes de enero. Aunque esta posibilidad parece cada vez más remota.
Además, para ese momento, seguramente, ya sabrá cómo se perfila la votación en el Senado y será, de hecho, el momento de decidir si se queda o acepta el consejo de Livingston.
Las frases de un día sin precedente
- Hillary Rodham Clinton: "Amo a mi marido y lo respeto mucho. El y yo hemos dedicado nuestras vidas a los valores de la calidad y oportunidad, para una vida mejor de los niños norteamericanos (...) No dejaremos que le hagan juicio político a nuestras ideas".
- Bob Livingston: (presidente electo de la Cámara de Representantes): "Señor (Presidente), usted ha hecho un gran daño a esta nación durante este último año. Afirmo que tiene usted el poder de poner fin a ese daño y de curar las heridas causadas. Usted, señor, debe renunciar a su cargo.(...) Debo dar un ejemplo y espero que el presidente Clinton lo siga", dijo, y renunció al cargo que iba a asumir en enero próximo.
- Bill Clinton: "Quiero hacerle saber al pueblo norteamericano que sigo dispuesto a colaborar con todas las personas de buena voluntad de ambos partidos... Esto es lo que he intentado hacer durante los últimos seis años y lo que me propongo hacer los próximos dos, hasta la última hora del último día de mi mandato".
- Al Gore: "Este fue el día más triste que yo haya visto en la capital de nuestra nación. (...) El voto es un gran insulto a un hombre que yo creo que será recordado como uno de nuestros mejores presidentes".
- Richard Gephardt: (líder de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes): "Me indignan esos nuevos apóstoles de la moral fundamentalistas, que han tomado a América por rehén. (...) La aprobación del juicio político es una desgracia para nuestro país y para nuestra Constitución".
- Joe Lockhart: (vocero de Bill Clinton): "El presidente cree firmemente que esta política de destrucción de las personas tiene que terminar. (...) Y es mejor que sea pronto".
- Henry Hyde: (presidente del Comité de Asuntos Judiciales, republicano): "Cuando el primer funcionario, encargado de aplicar la ley, trivializa, ignora, destruye, minimiza la santidad del juramento, la Justicia queda herida, y uno queda herido, y los hijos de uno quedan heridos".





