
El drama en los minutos finales en el Columbia
Los astronautas percibieron la gravedad de los problemas
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WASHINGTON.– Probablemente ellos sabían que algo estaba mal. Quizá sólo por segundos, pero posiblemente por varios largos minutos, casi con seguridad ellos supieron que las cosas no estaban saliendo de acuerdo con lo planeado.
En su última órbita, el Columbia estaba a 281 kilómetros sobre la Tierra y navegando a 27.680 kilómetros por hora. Los astronautas se habían ubicado en sus asientos. El comandante y el piloto, en la cabina, encendieron los propulsores de direccionamiento para virar el transbordador de forma tal que volara con la cola hacia adelante, una posición necesaria para frenar.
Los astronautas que han volado el transbordador han dicho en entrevistas que el viaje de regreso a casa habitualmente estaba lleno de suspenso, pero era tranquilo y parejo. El descenso comienza con un suave envión provocado por dos pequeños cohetes propulsores. Los astronautas, atados a sus asientos, sienten algunos movimientos mientras la nave, ahora con la nariz hacia arriba y la panza hacia adelante, se zambulle hacia y a través de la atmósfera, cada vez más densa. Aún nada había sido reportado por funcionarios de la NASA o escuchado en las transmisiones entre el espacio y la tierra que indicara que los astronautas sospecharan la gravedad de su situación.
Pero aunque son los únicos que pueden apreciar el panorama a través de una ventana, el comandante y el piloto estaban casi con seguridad mirando fijamente a las pantallas de sus computadoras mientras entraban en la atmósfera, el sábado último, aseguraron funcionarios de la NASA y ex astronautas.
La tripulación de la cabina buscaba alguna señal de comportamiento inusual y hubo una a las 8.52, según la NASA. En ese momento, los indicadores mostraron que las temperaturas de tres de las líneas de frenos del tren de aterrizaje izquierdo se elevaban de forma poco habitual.
Hasta ese momento, el vuelo a casa no parecía diferente a cualquier otra misión de un trasbordador, explicó Frederick Hauck, un ex astronauta que realizó tres vuelos de este tipo.
El descenso del Columbia comenzó a las 8.15 sobre el océano Indico, mientras las cuatro computadoras de vuelo automáticamente comandaban los dos motores del sistema de direccionamiento orbital para reducir la velocidad de la nave a 280 kilómetros por hora.
Luego de la salida de órbita, el comandante controló los valores para asegurarse de que la computadora mantenía la velocidad de descenso y la dirección de vuelo apropiadas. El piloto chequeó los propulsores. No había problemas. No todavía.
Como era habitual, los propulsores de direccionamiento rotaron la nave a la configuración de descenso, o "ángulo de ataque". Su nariz apuntaba hacia arriba en un ángulo de 40 grados, exponiendo la parte de abajo del fuselaje y las alas al impacto del calor por la fricción atmosférica.
La base era protegida por un gruesa capa que revestía placas antitérmicas. Las computadoras estaban nuevamente al mando. Los astronautas sólo contemplaban.
Comienzan los problemas
A las 8.45, treinta minutos antes del horario programado para el aterrizaje, el trasbordador entró en la atmósfera, a 120 kilómetros. Ahora sólo el aire podía frenar su descenso. El transbordador hizo su transición de nave espacial a planeador. Los propulsores fueron apagados y las computadoras ordenaron a los aleronesy otros controles externos que mantuvieran su curso estable.
El Columbia iba demasiado rápido. A las 8.49 hizo el primero de los tres movimientos sinuosos programados. Las rotaciones prolongan el tiempo en que el trasbordador está en la atmósfera y puede ser frenado por la fricción.
La computadora todavía estaba conduciendo la nave y se suponía que debía continuar así hasta tres minutos antes del aterrizaje, cuando los astronautas tomarían el control manual, asistidos por las computadoras.
El reingreso se desvióa las 8.52. Las temperaturas en las líneas de frenos evidenciaron un extraño aumento. En los tres minutos siguientes, sobre California, las temperaturas se dispararon en la cuarta y la quinta línea de frenos. A las 8.57, sobre Arizona y Nuevo México, las temperaturas en las superficies del ala izquierda bajaron "fuera de la escala".
Parecía que algo estaba seriamente mal, pero los problemas ocurrían tan rápido que ni el control de la misión ni los astronautas parecieron haber reconocido el peligro hasta que fue muy tarde.
A las 8.59, sobre el oeste de Texas, el ala izquierda estaba en problemas. Algo -quizás una cerámica suelta, teoría ahora casi descartada, o algo inusual- actuaba como un estorbo sobre el ala. Las computadoras de vuelo respondieron comandando la nave, desviándola y rotándola. Era un esfuerzo desesperado para mantener un curso estable, dicen los ingenieros, y quizás una experiencia excesivamente estresante para la vieja estructura de la nave.
Hauck dijo que la tripulación "habría visto algunas fluctuaciones en los controles de vuelo" de las computadoras.
El domingo pasado, Ron Dittemore, el encargado del programa del trasbordador, creía que los astronautas podrían no haber sentido las maniobras correctivas.
Pero al día siguiente, con más información, dijo que la nave estaba desviándose más de lo que habían pensado en un principio.
Parecía que el sistema de control estaba "perdiendo terreno" en sus esfuerzos para estabilizar el Columbia, dijo Dittemore. El vuelo se estaba volviendo más turbulento.
"No fue mucho después de ese momento- aseguró Dittemore- que perdimos toda información y comunicación con la tripulación".



