El error colosal de un premier que pecó de arrogancia

Elisabetta Piqué
Elisabetta Piqué LA NACION
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6 de diciembre de 2016  

ROMA.- No fueron los 47 artículos de la Carta Magna ni el fin del bicameralismo perfecto ni la reducción del poder del Senado. Fue la creciente insatisfacción, el malestar difuso, la rabia del ejército de jóvenes precarios o sin trabajo, de los empleados, de miles de familias de clase media, comerciantes, que le bajaron el pulgar a Matteo Renzi .

El padre de la derrota, una derrota mucho mayor de la que se preveía, de hecho, es el mismo ex alcalde de Florencia. Hiperactivo, eximio orador, reformista como ningún otro premier de los últimos tiempos, si bien apuntaba a reducir el poder de la “casta” política –reduciendo el Senado a un elemento decorativo, con sólo 100 miembros, ya no más 315, y eliminando las provincias-, se suicidó políticamente al convertir el referéndum constitucional en un plebiscito sobre sus poco más de mil días en el gobierno.

Y los italianos, que votaron con el bolsillo, aplazaron su actuación. La falta de un relanzamiento de la economía, la altísima presión impositiva, los sueldos estancados, las pensiones bajas, resultaron fatales. También alimentaron el cóctel del descontento la política de puertas abiertas a los inmigrantes, que se tragan partidas millonarias de ayuda que muchos italianos, empobrecidos por 15 años de recesión, reclaman para sí.

Todos los analistas coinciden en que Renzi pecó de arrogancia. Sobrevaloró su consenso y subestimó el malestar social. Como le pasó a David Cameron con el Brexit, llamó a un referéndum que nadie le obligaba a convocar, convirtiéndolo en un plebiscito sobre sí mismo: un error colosal. Lo hizo para sanear el “pecado original” de no haber llegado a Palazzo Chigi a través de las urnas.

Desde entonces, con su hiperactividad fue cosechando demasiados enemigos. Entre ellos, los disidentes de su propio partido. Así a la oposición a su gobierno, encabezada por el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo y la xenófoba Liga Norte, se unió un sentimiento de “antirrenzismo” transversal, que terminó por darle una puñalada en la espalda. Según el Corriere della Sera, la noche de la derrota Renzi se desahogó con gente cercana con esta frase: “No creía que me odiaran tanto”.

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