
El ex dictador vivió sus últimos años de poder paranoico y aislado
Apenas tenía contacto con sus asesores
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WASHINGTON.- Saddam Hussein evitaba los teléfonos, sometía su comida a pruebas de laboratorio especiales y tenía un capricho irrefrenable por la construcción de palacios, todo ello con el propósito de reforzar su propia seguridad, según se desprende del informe estadounidense difundido anteayer, que descartó la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.
El extenso documento, redactado por el jefe de los inspectores norteamericanos en el país árabe, Charles Duelfer, retrató, en base a los testimonios de ex funcionarios iraquíes, a Saddam como el típico dictador que gobernó a fuerza del miedo y el asesinato de sus opositores. En 1982, por ejemplo, mandó a ejecutar a su ministro de Salud, Riyad el-Ani, y demandó que el cuerpo desmembrado fuera entregado a la esposa de la víctima.
Con el paso de los años, Saddam se volvió más y más paranoico y, a partir de 1998, vivió prácticamente como un recluso ante el terror extremo de ser asesinado. En los últimos tiempos de su "reinado", el ex presidente se reunía con sus ministros luego de citarlos con poco tiempo de antelación, disponiendo sus traslados en automóviles de vidrios oscuros y ordenando cambios de vehículo a mitad de viaje.
Entre sus recaudos estaba además evitar el uso de teléfonos, que empleó sólo en dos oportunidades después de 1990, por temor a ser localizado en un ataque estadounidense. Su vicepresidente, Taha Ramadan, confió a los investigadores que jamás habló por teléfono con Saddam después de 1991, que no lo podía ver fuera de las horas de trabajo y que en ocasiones era imposible encontrarlo durante varios días, incluso en períodos de crisis.
También en esa época el ex presidente hizo construir varios palacios para que sus "asesinos" no supieran nunca dónde se encontraba, especificó el texto, que además describió al ex dictador como un narcisista obsesionado con su legado. "Todos los ladrillos debían llevar su nombre, de modo de ser admirado en la posteridad."
Desconfiado en extremo, Saddam se mezclaba regularmente con el pueblo iraquí porque era "la mejor forma de tener información exacta" y consideraba a las mujeres "excelentes fuentes de información". En sus horas libres, el ex líder iraquí se entregaba a sus libros favoritos, entre ellos "El viejo y el mar", de Ernest Hemingway.
Los investigadores hicieron énfasis en una interpretación psicoanalítica de la personalidad atormentada de Saddam, que se remontaría a una infancia "violenta en una sociedad tribal de costumbres rigurosas".
Alerta en Bagdad
- BAGDAD (AP).- Las autoridades norteamericanas elevaron ayer el nivel de alerta en la llamada Zona Verde de Bagdad, luego del hallazgo de una bomba artesanal frente a un bar en ese lugar, el martes. La Zona Verde es la más vigilada de la capital ya que en ella se encuentran los edificios gubernamentales y la embajada estadounidense, entre otros.
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