
El extraño caso de los "gatitos bonsai"
Por Mario Diament
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MIAMI.- El tema que tiene hablando al país no es el proyecto de un paraguas defensivo antinuclear, ni la crisis energética en California, ni siquiera la inesperada simpatía entre George W. Bush y Vladimir Putin. El tópico que domina las conversaciones sociales en estos días es hasta qué punto es posible producir gatos miniaturizados en forma de cubo, embutiéndolos desde pequeños en frascos de vidrio.
El nombre que han recibido estos felinos es "bonsai kittens" y aunque a esta altura ya está claro que todo el asunto no pasa de una broma de estudiantes, la ocurrencia ha desatado una sucesión de inusitadas reacciones.
Por lo pronto, muchos están persuadidos de que la historia es cierta y expresan su horror ante lo que consideran una práctica de extrema crueldad; a su turno, grupos defensores de animales en todo el mundo han expuesto su categórica condena por lo que estiman es una broma de pésimo gusto y una indirecta instigación a la crueldad con animales; finalmente, el FBI no pudo con su genio y ha iniciado una investigación.
Los chicos del MIT
Todo comenzó a fines de diciembre último, cuando un grupo de graduados del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) decidió satirizar lo que denominaban "la convicción humana de que la naturaleza es un bien de consumo", inventando la teoría de que la misma técnica que se aplicaba para miniaturizar árboles podía eventualmente usarse para miniaturizar gatos.
La idea pronto se tradujo en un sitio en Internet, alojado en el servidor de MIT ( www.bonsaikitten.com ), donde con todo rigor se explicaba lo que presuntamente era un antiquísimo método, basado en la premisa de que en las primeras semanas de vida, el esqueleto de los gatos es extremadamente flexible y puede asumir las formas del envase donde se lo encierre. Los diseñadores ilustraron el sitio con fotografías donde se observan los pasos para embutir a un gatito en un frasco y luego varias versiones del producto terminado. También añadieron un departamento de ventas donde se ofrecen los elementos necesarios para producir los deseados gatos bonsai.
El FBI no sonríe
Apenas la existencia del sitio comenzó a conocerse, las reacciones empezaron a llover, muchas de ellas de una virulencia tal, que las autoridades de la universidad intimaron a los estudiantes a que lo cerraran. En cambio, el sitio emigró a otro servidor al tiempo que una serie de nuevos sitios en favor y en contra de los gatitos bonsai comenzaron a poblar el ciberespacio.
Los estudiantes nunca se identificaron y el webmaster o conductor aparece con el alias de "Dr. Michael Wong Chang". Entrevistado por correo electrónico, sostuvo que "el principal objetivo detrás de la broma era castigar a los hipócritas y provocar a los que se ofendían fácilmente, divirtiendo, al mismo tiempo, a aquellos capaces de entender."
Pero ni los grupos defensores de animales ni el FBI parecen haber encontrado la broma risible. La Sociedad para la Prevención de Crueldad con los Animales de Massachusetts despachó a una brigada de investigación a los dormitorios del MIT y el FBI está tratando de establecer en qué medida la chanza viola una ley reciente que castiga "la descripción de actos de crueldad en los animales".
Pronto el asunto se transformó en una cuestión de principio y el debate llegó hasta las filas de los supermercados. Tal vez lo que ilustra este caso es que lo que verdaderamente se ha miniaturizado es el sentido la proporción de los norteamericanos, capaces muchas veces de desplegar el fervor más admirable en defensa de las causas más triviales.


