El Grexit, la opción que nadie puede permitir

Francisco Basterra
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5 de julio de 2015  

MADRID.- El caos, palabra griega, sinónimo de confusión y desorden, reina ya en la relación entre Europa y Grecia. Pero la partida aún no ha concluido y el Grexit puede no ser inevitable. La suposición de que la salida de la eurozona de un mal pagador, país de mínimo peso económico y población, 11 millones, que abusó de la confianza de los miembros del club, sería limpia, sin daños colaterales, es una peligrosa simpleza.

El moroso quiere continuar en la eurozona y no desea abandonar la Unión Europea (UE). El incumplidor no hizo amigos, los tuvo hace sólo unos meses; Grecia ha perdido la credibilidad y la confianza de sus socios europeos. Si el Grexit se cumple no será por elección de los griegos, aunque el descabellado referéndum produzca un no, sino como castigo por el mal ejemplo que da a otros miembros de la unión monetaria. El escarmiento puede golpear de vuelta, como un bumerán, a la propia UE. ¿El bloque actuaría igual con Grecia si en Atenas, en vez de Syriza, estuviera en el gobierno la derecha o la centroizquierda?

Tsipras está muerto. Pero la Europa de los valores y la solidaridad no puede el suicidio de Grecia. Lo que está en juego en la crisis es la admisión de que otras políticas son posibles. Einstein recomendaba que, si buscás resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. La opción no es entre el euro y el dracma, sino entre el pensamiento único -la bondad de la austeridad a ultranza por encima de los destrozos sociales que produjo en Grecia y en otros países- y el sentir democrático de movimientos ciudadanos que propugnan una visión alternativa de la sociedad. La colisión de dos Europas.

"Si fracasa el euro, fracasa Europa", asevera Merkel. Tomémosle la palabra y actuemos en consecuencia, aunque sea al límite y por las razones equivocadas, para impedir la sinrazón de un abandono griego del sistema. Europa vive la formación de una tormenta perfecta, por la convergencia de la crisis de Grecia, la tensión con Rusia en Ucrania, el ascenso de los populismos, la amenaza del "Brexit" y la débil recuperación económica no consolidada.

Obama lo tiene claro, pero Bruselas no tanto. No nos podemos permitir en el bajo vientre de Europa, en una zona geoestratégica clave, frente a Turquía y a Oriente Medio, con Estado Islámico rampante, un Estado fallido llamado Grecia.

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