El hombre sin rostro
Markus Wolf
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1952
Conocido durante décadas como “el hombre sin rostro” por su habilidad para evitar ser fotografiado, fue uno de los espías más brillantes del siglo XX. Como jefe de los poderosos servicios de inteligencia de Alemania del Este en plena Guerra Fría, Markus Wolf creó una gigantesca red de agentes que durante más de 30 años se infiltró con éxito en los gobiernos y ejércitos enemigos de Alemania Occidental y la OTAN.
Hijo de un médico y dramaturgo judío, con sólo 11 años Wolf huyó junto con su familia a Moscú en 1934, tras la llegada de los nazis al poder. En la capital soviética, “Mischa”, como le dicen sus amigos, se unió al Partido Comunista. Cuando cumplió los 22, regresó a Berlín, donde ocho años después se haría cargo de los servicios de espionaje de Alemania Oriental en el extranjero. Bajo su dirección, entre 1952 y 1986, más de mil espías de la legendaria Stasi (el Ministerio de Seguridad del Estado) lograron penetrar todos los estamentos de la sociedad de Alemania Occidental, incluido el corazón mismo del gobierno.
Su logro más espectacular –que inspiró a John Le Carré para crear el personaje de “Karla”– fue la infiltración de uno de sus espías, Günter Guillaume, en la oficina del canciller Willy Brandt. El entonces jefe de gobierno se vio forzado a renunciar en 1974, cuando descubrió que uno de sus principales asesores era, en realidad, un agente comunista.
Uno de los métodos más efectivos de Wolf para reclutar espías fue el de los “Romeo”, el envío de jóvenes solteros al otro lado del Muro de Berlín para enamorar a secretarias del gobierno de Alemania Occidental y convertirlas en informantes. Criticado por perfeccionar el “espionaje sexual”, muchos de esos romances terminaron en casamientos, con él como invitado. El mismo Wolf, sin embargo, se encargaría de desmitificar el mundo de los espías. “Olvídense de James Bond”, dijo hace unos años. “Lo que suele prevalecer es la ley de Murphy”, agregó, como cuando un vuelo súper secreto a Cuba en el que viajaba se quedó sin combustible y debió aterrizar en Nueva York, en plena Guerra Fría.
2004
Tras haber permanecido durante años en las sombras, Wolf se convirtió en poco menos que una estrella después de la caída del Muro. Escribió seis libros –entre ellos su autobiografía, que fue best-seller– y apareció como invitado en numerosos programas televisivos e inspiró a varios personajes cinematográficos. El legendario espía debió defenderse públicamente de las feroces críticas por su presunto papel en la represión de disidentes en Alemania del Este –algo que él ha negado, argumentando que su área sólo hacía inteligencia en el exterior– y por la protección que brindó la Stasi a terroristas de la talla de “Carlos El Chacal” y Abu Nidal, como parte de su respaldo a los movimientos de liberación nacional.
Wolf fue sentenciado en 1993 a seis años de prisión por espionaje y traición, condena anulada dos años después. En 1997, acusado por el secuestro de cuatro personas en Alemania Occidental, recibió una pena de dos años en suspenso.
Con 81 años, Wolf vive en Berlín con su tercera esposa. La semana pasada, un rumor circuló por Internet, según el cual el Departamento de Seguridad Interior norteamericano habría contratado sus servicios. Aunque por ahora es sólo una versión, la sola mención del hombre a quien muchos acusan de haber convertido a la mitad de la población alemana en informantes fue suficiente para encender las alarmas en Estados Unidos.



