El infierno bajo tierra, en primera persona
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COPIAPO, Chile.- Fue el mayor de los temores que los invadió durante los 69 días que duró la odisea en su lúgubre y caluroso refugio, a casi 700 metros de profundidad. Cuando ya habían pasado cinco días desde el accidente que los había sepultado y dejado incomunicados con la superficie, los 33 mineros sospecharon que ya no los estaban buscando. Sintieron muy de cerca la sensación de muerte.
"Pensé que no iba a volver a ver a mi señora, que no iba a poder conocer a mi hijo. Es en ese momento cuando se piensa más en la familia. Toda la película de la vida se le pasa a uno por delante", relató Richard Villarroel en uno de los primeros testimonios contados directamente por los mineros en el Hospital General de Copiapó, donde se encuentran en observación. Tres de los 33 trabajadores rescatados de la mina San José recibieron ayer el alta médica.
El exitoso rescate que acaparó la atención mundial ya quedó atrás. Ahora, el gran interés es conocer la historia de boca de los propios mineros, cómo sobrevivieron y mantuvieron la unidad durante los 69 días de encierro. Todavía no se han enfrentado a las preguntas de los centenares de periodistas que aún aguardan aquí su palabra, pero poco a poco ya se va conociendo cómo fue su vida bajo tierra. "Creyeron que se iban a morir de a poco, de hambre y sed", contó Doris Contreras, madre de Pedro Cortez, el antepenúltimo en ser rescatado, al recordar lo que le transmitió su hijo cuando por fin pudieron comunicarse el 22 de agosto.
"No sabían si los estaban buscando, porque no escuchaban nada", dijo el padre de Ariel Ticona, en uno de los ingresos al Hospital General de Copiapó, atiborrado de medios chilenos e internacionales.
Los mineros Juan Illanes, Edison Peña y el boliviano Carlos Mamani dejaron anoche el hospital. Los 30 restantes permanecían en observación y saldrían en las próximas horas.
El ministro de Salud, Jaime Mañalich, dijo que se brindará apoyo psicológico a los mineros por unos seis meses, y calificó como "un milagro" las condiciones médicas de los trabajadores. "Nuestros mineros están bien en el hospital los 33", dijo, con picardía.
En un diálogo telefónico desde el hospital con la Televisión Nacional de Chile, Villarroel reveló que el peor momento que vivieron fue cuando se produjo el segundo derrumbe, seis días después del accidente. "Fue un susto mayúsculo", afirmó. Mientras los socorristas los buscaban, una roca de 700.000 toneladas se asentó sobre la mina, lo que obligó a suspender las tareas de rescate por algunos días.
"Ahí fue que nos asustamos de verdad porque se cerró por completo" el yacimiento, recordó Villarroel.
Varios familiares de los mineros revelaron que los primeros cinco días fueron los más angustiantes, hasta que el sexto empezaron a sentir ruido y supieron que había posibilidades de que los rescataran. Lo relató Luis Urzúa, jefe de turno y último en salir. "El momento más difícil fue cuando se despejó todo y vimos la piedra que estaba puesta. No era como cualquier accidente", contó.
"Cuando llegó la primera sonda al refugio todos querían abrazar el martillo. Eran las seis de la mañana y teníamos todo un protocolo para el primer día que llegara una sonda. Pero se olvidó todo, todos querían abrazar el martillo", les contó Urzúa al presidente Sebastián Piñera y a André Sougarret, que dirigió el Operativo San Lorenzo. En la conversación, el experimentado minero dio detalles inéditos de los días en el interior del yacimiento. Contó también que en esa primera sonda que los encontró con vida después de 17 días había varios papeles. "Uno decía . Fueron bastantes papeles, pero Dios quiso que llegaran los que debían llegar". El mensaje que confirmó al mundo que los 33 estaban con vida fue escrito por José Ojeda: "Estamos bien en el refugio los 33", fue la frase que pasó a la posteridad.
Según Urzúa, después del accidente, los mineros tardaron tres horas en constatar cuál era su situación, producto de la espesa polvareda. Hicieron varios intentos para salir. "Muchos, de repente, trataron de hacer cosas que no eran las mejores, pero por suerte supimos mantener la cordura", recordó Urzúa, que confesó que siempre fue consciente de lo "difícil" que sería que los rescataran.
Compañerismo
El jefe "de un turno largo", como bromeó ayer el propio Urzúa, relató que durante los primeros 17 días racionaron la comida y explicó cómo hicieron una excavación para extraer agua de una napa, que no era de buena calidad. "Por eso muchos tuvieron problemas estomacales", contó a La Nacion el hermano de uno de los mineros. En ese momento fue cuando afloró el compañerismo entre los 33, según Villarroel.
"Nos prestábamos apoyo todos. Si uno estaba mal, el compañero de al lado le daba la mano", dijo. Señaló que todas las decisiones se tomaban por votación y que llegaron a quemar neumáticos para dar señales de vida. Esperaban que el humo saliera por una chimenea de ventilación, antes de que quedara obstruida por los nuevos derrumbes. Y apuntó a su compañero José Henríquez, "El Pastor", como el hombre clave para mantenerse unidos. "Fue gracias a él que nos juntábamos todos los días. Tenía siempre la palabra de aliento justa para levantarnos el ánimo."
En el momento de mayor temor en la mina, Claudio Yáñez prometió que si salía con vida intentaría ir a rezar por lo menos una vez a la semana.
Illanes, por su parte, contó ya en la superficie que no le disgustaría si otra mina se le volviera a caer encima. "Por lo menos ya sabría qué es lo que no hay que hacer", dijo.
Tampoco faltaron las discusiones futboleras. No podía ser de otra manera al haberse juntado 11 hinchas de la Universidad de Chile y 20 de Colo Colo, además del ex futbolista Franklin Lobos, que se quedaba con los regalos de los equipos de fútbol que les llegaban a través de las "palomas". Esto era motivo de disputa.
Respecto del futuro, Illanes dice que elegirán a alguien que los represente. "Y también a una persona que administre nuestras ganancias. Hay una frase que nunca antes del 5 de agosto la había dicho nadie. Y hay un número [el 33] que ya está asociado a nosotros. Pues ahora queremos sacarle partido a eso. Tenemos que ordenar las ideas y después juntarnos. Pero queremos hacer algo conjunto", afirmó.
El dinero, a un pozo común
Según trascendió, en sus días de encierro, los mineros acordaron dividir el dinero que recauden por asistir a programas de televisión o dar entrevistas, y con él crear una fundación para ayudar a mineros pobres. Según la hermana de Yáñez, él y sus compañeros hicieron un acuerdo para cobrar cada uno 40.000 dólares por entrevista.
"Es lo lógico. Los medios ganaron mucho dinero con nosotros, nosotros también deberíamos ganar", dijo la esposa de Renán Avalos. "Decidieron que si alguien va a un programa de televisión, va en representación de todos y, por tanto, el dinero es para todos", explicó Cristián Ticona, hermano de Ariel, el penúltimo hombre en ser rescatado. Otro integrante de su familia reveló que ya recibieron ofertas de dos canales nacionales y otros internacionales de hasta 14.000 dólares por sus testimonios.
Víctor Segovia, que durante el encierro escribió un diario de las vivencias del grupo, fue convocado, según su hermano Pedro, por periódicos de Holanda, canales de Francia y Brasil y también medios chilenos.
"Se las entregaré a Víctor para que decida", señaló Pedro, que dijo que les ofrecieron hasta 50.000 dólares por los derechos. Toda una muestra del interés mundial por la increíble odisea.
Ni los guardias del hospital en Copiapó quisieron quedarse afuera del "negocio", y ofrecen imágenes tomadas con celulares de la llegada de los mineros a la sala de internación. Su cotización: hasta 500 dólares.




