El Kremlin saca ventaja y se muestra como el amigo fiel de una zona abandonada

Anton Troianovski
Anton Troianovski MEDIO: The Wall Street Journal Americas
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16 de octubre de 2019  

MOSCÚ.- Las últimas semanas han sido desastrosas para la política exterior norteamericana, dijo el domingo a la noche un popular presentador de la televisión estatal rusa con una sonrisa jactanciosa.

Estados Unidos le dio la espalda a Ucrania con la investigación del juicio político, dijo el conductor de televisión Dmitri Kiselyov en su célebre programa semanal. Y después, Washington abandonó a los kurdos sirios.

"Otra vez los kurdos eligen al padrino equivocado", dijo Kiselyov. "Por supuesto, Estados Unidos es un socio poco fiable".

Mientras Medio Oriente se tambalea al ritmo de la errática política exterior del presidente Donald Trump, Rusia saborea la oportunidad de volver a ganarse un lugar como potencia mundial y presentarse como una fuerza de estabilidad. Tras el retiro de las tropas estadounidenses del nordeste de Siria y la incursión de Turquía, Rusia puede permitirse jugar el papel de mediador responsable y marcar un contraste con el liderazgo de Washington en la región, que para muchos es inestable.

Es demasiado pronto para determinar si Rusia será capaz de manejar la nueva volatilidad en Siria, y tampoco se sabe si el furor por el juicio político por las llamadas a Ucrania facilitará los intereses del Kremlin en Europa del Este. Pero anteayer, cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, aterrizó en Arabia Saudita para una visita de Estado a uno de los aliados más importantes de Estados Unidos, quedó claro que las decisiones de los últimos meses de Trump le permiten al mandatario ruso afirmar que Moscú, y no Washington, es el actor más confiable de la escena mundial.

Las revelaciones de las presiones de la Casa Blanca sobre el presidente ucraniano Volodimir Zelenski para impulsar investigaciones que pudieran ayudar en la campaña de Trump por la reelección les dieron más peso a los argumentos del Kremlin sobre los peligros de hacer acuerdos con Estados Unidos.

El primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, dijo este mes que los funcionarios ucranianos que contaban con Estados Unidos en caso de necesitar ayuda ahora se volvieron rehenes de los republicanos que quieren dañar al exvicepresidente Joe Biden, y de los demócratas que quieren llevar a Trump a juicio político.

"No envidio para nada a Zelenski", dijo Medvedev en una entrevista en la televisión. "Ahora está entre la espada del Partido Demócrata y la pared del Partido Republicano".

En Siria, a pesar de que la estrategia estadounidense cambió, Rusia se mantuvo junto a su aliado, el presidente Bashar al-Assad. A veces brutales, los ataques aéreos de Rusia contra los enemigos del régimen de Al-Assad ayudaron a inclinar la balanza en la guerra en Siria y convirtieron a Moscú en una potencia clave en Medio Oriente.

Como para dejar en claro la nueva estatura internacional de Rusia, Putin viajó a Riad para una de las poco frecuentes visitas de Estado a Arabia Saudita, uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos en la región. Luego se trasladó en su limusina blindada, escoltada por la guardia montada de honor saudita, para dialogar con el rey Salman y el príncipe heredero Mohammed sobre cuestiones de seguridad regional, el precio del petróleo y acuerdos comerciales.

"Rusia está volviéndose un actor importante en la región. Lo quiera o no, es un hecho", dijo el príncipe Khalid ben Bandar, embajador de Arabia Saudita en Gran Bretaña, en un diálogo público en un centro de estudios de Londres. "En cierto punto, los rusos entienden Oriente mejor que los occidentales".

El domingo, los kurdos sirios, que antes eran aliados de Estados Unidos en la lucha contra Estado Islámico (EI) en Siria, anunciaron un nuevo acuerdo con el gobierno de Al-Assad, apoyado por Rusia. El acuerdo tuvo lugar luego de que Trump retiró las tropas estadounidenses de la región y Turquía emprendió una incursión en territorio kurdo en Siria.

En cierta medida, Turquía parece haber coordinado sus acciones con los rusos, que ahora deben manejar cualquier posible enfrentamiento entre Turquía -que considera a algunos combatientes de los kurdos sirios como terroristas- y las fuerzas de Al-Assad que ya se mueven en territorio kurdo.

La semana pasada, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, habló por teléfono con Putin antes de ordenar la invasión, y anteayer, el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, dijo que las líneas de comunicación entre los comandos militares rusos y turcos estaban abiertas.

A corto plazo, el retiro de Trump es un triunfo para Rusia porque expande el territorio bajo control de Al-Assad. Pero la situación también implica nuevas pruebas y posibles recompensas para el aparato militar y de política exterior ruso, cuyos críticos dicen que ya está desbordado.

Rusia tendrá que enfrentar la amenaza planteada por los militantes y defensores de Estado Islámico que habían sido detenidos por los kurdos y que ahora podrían fugarse.

Algunos familiares de combatientes de Estados Islámico ya lograron escapar.

La semana pasada, Putin dijo que miles de esos combatientes son originarios de Rusia y de otras exrepúblicas soviéticas, y que por lo tanto presentan un serio riesgo para la seguridad porque tal vez intenten regresar a sus países.

Andrei Kortunov, director del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia, un grupo de expertos que asesora al Kremlin, dice que Rusia también tendrá que negociar un acuerdo a largo plazo entre Damasco y los kurdos, y al mismo tiempo tendrá que evitar enfrentamientos entre las fuerzas de Erdogan y de Al-Assad.

"Hay muchos obstáculos y no queda claro cómo realizarlo, pero sería todo un logro", dice Kortunov. "Demostraría una cierta superioridad de la táctica rusa sobre la estadounidense y en la región percibirían eso, y en otros lados también".

Putin parece creer que puede elevar el prestigio internacional ruso respondiendo a los intereses individuales de otros países en un contexto mundial en que el gobierno de Trump parece haber decepcionado a muchos aliados de Estados Unidos.

"Rusia nunca será amigo de un país contra otro", dijo Putin en una entrevista difundida el domingo por dos canales de noticias árabes y el canal Rusiya Al-Yaum, controlado por el Kremlin. "Construimos relaciones bilaterales basadas en tendencias positivas generadas por el contacto mutuo. No construimos alianzas contra nadie".

Traducción de Jaime Arrambide

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