
El más grave de todos los pecados
Por Narciso Binayán Carmona
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La condena es concreta: "El suicidio es el más grave de los pecados". Es taxativo, pero no está en el Corán, que no se refiere al asunto para nada. Sin embargo, emana de una autoridad musulmana indiscutida: el propio Mahoma, en un famoso hadiz (dicho) que figura en todas las recopilaciones que sientan cátedra en el islam. La doctrina musulmana está, por una parte, concentrada en el Corán , palabra de Dios revelada a su profeta. A ello lo complementan los dichos de Mahoma que fueron recopilados luego de su muerte con la mayor prolijidad, tras un cuidadoso análisis crítico. Bukhari, por ejemplo, autor de la más importante recopilación, aceptó sólo 7275 hadiz como auténticos sobre 600.000 que escuchó.
Frente a una definición tan clara: "el más grave de los pecados" que no figura en el Corán , ¿cómo debe juzgarse el suicidio después del cometido por los autores de los atentados de Nueva York y Washington?
Jamás Mahoma se atribuyó poderes extraordinarios -excepto como transmisor de la revelación- pero señaló: "Yo no so2y más que un hombre y cuando trato los asuntos cotidianos hablo y actúo como un hombre, pero cuando hablo de Dios, recibid mis palabras". Lo trasmite otro gran recopilador: Muslim, casi contemporáneo de Bukhari (820-875). Por lo demás, es norma para todos los musulmanes que debe tomarse a Mahoma como modelo de conducta en la vida cotidiana.
Por lo tanto, el suicidio está categóricamente prohibido por el islam. Lo está igualmente en el cristianismo y en el judaísmo, es decir, en las tres religiones monoteístas. La gran excepción la constituye el martirio que tampoco está en la Biblia pero que el Talmud acepta para la "Santificación del Nombre de Dios". Así ha sido reconocido y valorado a través de innumerables persecuciones.
El problema lo plantean los casos dudosos, y, sobre todo, el de los "falsos mártires", es decir de los que buscan morir por su religión pero para ganar el cielo provocando la situación. En el cristianismo se dio el caso a partir de San Perfecto que, en Córdoba, en 850 "condenó por falso profeta a Mahoma, llamándole adúltero, engañador maldito de Dios y de sus ángeles". También profirió blasfemias contra el Corán . Su ejemplo cundió y fueron varios los que lograron así la muerte.
Preocupado, el Califa Abderrahmán II llamó a un concilio que presidió Recafredo, Arzobispo de Sevilla, y en el que presentó al Califa, un alto funcionario cristiano, Gómez, quien "expuso las funestas consecuencias del celo inoportuno de los que insultaban a Mahoma. De ello decía que lejos de ser santos, merecían ser anatematizados, por exponer a todos los cristianos a una terrible persecusión. Pidió, en consecuencia, a los obispos que desaprobasen la conducta de los seudomártires y prohibiesen a los fieles seguir su ejemplo". Finalmen.te el concilio siguió ese temperamento, pero continuaron los disturbios y aun, en Toledo, fue tomado como rehén el gobernador mismo para liberar a los que habían sido detenidos (pero ya no por motivos religiosos). El episodio se extinguió en diez años.
La doctrina coránica
Al margen queda ahora el hadiz de Mahoma. El Corán , a este respecto fue muy claro, refiriéndose tanto a la "guerra santa" en sentido militar como a la defensa de la propia fe. Sobre todo: "Combatid por la Causa de Dios a quienes os combaten pero no seáis vosotros los agresores, pues Dios no ama a los agresores" (cap. 2, vers. 169). O "A quien combatiendo en el camino de Dios, sea muerto o salga victorioso, le daremos una magnífica recompensa" (cap. 4, vers. 74). Y también "Dios ha comprado a los creyentes del mundo sus personas y su hacienda, ofreciéndoles, a cambio, el Jardín (del Paraíso). Combaten en el camino de Dios, mata les matan. Es una promesa que le obliga, verdad, contenida en la Torá, en el Evangelio y en el Corán" (cap. 9, vers. 114).
Queda perfectamente en claro a través de todas las interpretaciones de las escuelas canónicas ortodoxas (las cuatro sunnitas y la chiita) que el sacrificio de la propia vida -en combate o en martirio individual- debe ser por la fe, en defensa de ella y en ningún caso por el interés egoísta.
Excluye por lo tanto, como en el Judaísmo y en el Cristianismo, el martirio buscado o provocado artificialmente. La intención y la propia convicción y fe personal son la guía correcta.
Sin embargo, estos principios sencillos no han sido aplicados en el Islam por sectas heréticas, y es allí donde puede enmarcarse el caso de los atentados de septiembre o los que puedan, muy probablemente continuarlos. Pero están fuera de la doctrina religiosa aceptada. Tienen una propia en la que encuentran apoyo y eso es lo que los hace tan peligrosos (fuera y también dentro del islam).
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