El Megxit, otro divorcio de una era de fractura política y generacional

Mark Landler
Mark Landler MEDIO: The New York Times
El abandono de Harry y Meghan de la familia real revive los bandos a favor y en contra de la salida del bloque europeo
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17 de enero de 2020  

LONDRES.- Todo empezó cuando a un editor del tabloide británico The Sun tuvo la ingeniosa ocurrencia de llamar "Megxit" a la decisión de Harry y Meghan de abandonar Gran Bretaña.

Ahora los comentaristas ya comparan el inminente divorcio entre "los Sussex" y Gran Bretaña con la promesa de campaña del primer ministro Boris Johnson de "hacer realidad el Brexit". Fogoneada por la implacable cobertura mediática y devorada por una opinión pública embobada y dividida, la saga de "Harry & Meghan" sigue los pasos del debate sobre el Brexit, aunque mucho más jugosa y picante.

Ahora que la victoria de Johnson calmó la tormentosa discusión por el Brexit, la realeza parece haberse convertido en un conveniente tema de reemplazo, que le permite a la gente discutir sobre cuestiones raciales, de clases sociales, de género y de lo que significa la identidad británica, todo concentrado en las desventuras de pareja enamorada.

"Con el Brexit, Gran Bretaña está eligiendo abandonar la UE", dice Meera Selva, directora del Programa Reuters de Periodismo de la Universidad de Oxford, "y sin embargo, con el Megxit hay muchos que están indignados de que alguien elija irse de Gran Bretaña".

"Se quiere ir porque no le gusta lo que ve en Gran Bretaña", agrega Selva en referencia a Harry. "Y eso es lo que menos quieren escuchar los británicos en este momento".

El drama de Harry y Meghan también reflota los mismos interrogantes que fogonearon la discusión del Brexit. ¿Qué tipo de sociedad quieren los británicos? ¿Abierta o cerrada? ¿Cosmopolita o nacionalista? ¿Progresista o tradicionalista? Y al igual que con el Brexit, el actual debate también recorre las mismas líneas de fractura políticas y generacionales. Los jóvenes y los progresistas, que en su mayoría votaron contra el Brexit, tienden a solidarizarse con los duques. Los adultos mayores y los más conservadores, que votaron mayoritariamente por salir de la UE, se muestran críticos de la pareja.

Lo que ven los defensores de Harry y Meghan es a una joven pareja interracial y transatlántica que busca refugio de las crueldades de la prensa y de las recalcitrantes tradiciones de la vida aristocrática, mientras que sus detractores ven a una pareja autoindulgente que quiere todos los beneficios de la realeza, pero sin los deberes que acarrea, dos jovencitos dispuestos a abandonar a su país y a su reina por las luces de Hollywood.

Los críticos son especialmente duros con la duquesa. "Meghan representaba el cambio, no solo por su legado racial, sino también por su feminismo, su activismo y por el hecho de ser una mujer que se hizo a sí misma, con ideas fuertes sobre su autonomía y su identidad", dice Afua Hirsch, profesora de Periodismo de la Universidad del Sur de California. "Su llegada coincidió con un momento en que el Brexit había envalentonado a quienes defienden la identidad nacional y abogan por un retorno al pasado imperial", señala Hirsch. "No es casual que haya desatado reacciones tan hostiles".

Para muchos británicos, sin embargo, la boda fue un potente mensaje de los cambios que alguien llegado de afuera podía imprimirle a una institución milenaria.

Poco tiempo después, sin embargo, se empezó a hablar de la infelicidad de la duquesa en su nueva vida, y de que casi no se hablaba con su familia política. Las relaciones de la pareja con la prensa se agriaron y los medios los criticaban por viajar en aviones privados y por restringirles el acceso a su hijo.

Harry y Meghan decían tener la esperanza de generarse "un lugar más progresista dentro de la institución". Pero al final, la duquesa ni siquiera participó del cónclave de los Windsor en Sandringham para decidir el futuro de la pareja.

Sin embargo, justo en el momento en que Gran Bretaña se está cortando sola de la UE, la monarquía y otros símbolos de identidad nacional tienen el potencial de ejercer mayor poder de tracción que nunca. Los británicos, por ejemplo, están muy ocupados debatiendo si el gobierno debería pagar cientos de miles de libras para que el Big Ben, que está apagado por renovación, haga sonar su campana en el momento exacto de la salida británica de la Unión, el 31 de enero.

Los críticos señalan que el mismo Partido Conservador que pergeñó el Brexit es el que fomenta el anhelo del pasado imperial británico. La pareja, sin embargo, impulsa un movimiento hacia una familia real más moderna, como la de países los países europeos más chicos.

"Tenemos una familia real acorde con un imperio que abarca medio planeta", dice Alan Rusbridger, exdirector del diario The Guardian. "Nuestra incapacidad para presentar una familia real más modesta va de la mano con nuestra incapacidad para asimilar el rol menor de Gran Bretaña en el mundo".

The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide

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