El origen del amor

Por Mario Diament
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25 de marzo de 2000  

MIAMI.- Después de siglos de ser celebrado por poetas, cantado por trovadores y elucidado por filósofos, el amor ha caído imprevistamente en manos de la ciencia y, como era de esperar, las respuestas que ésta provee acerca de su misteriosa naturaleza tienen más que ver con la genética que con el romanticismo.

Recientemente, una variedad de estudios que van desde la biología hasta la psiquiatría han aparecido en los Estados Unidos, los que sacan al amor de las letras de los boleros y lo ponen en cuadros y fórmulas que tratan de precisar la extraordinaria reacción química que a través de la historia ha sido capaz de inducir a la inmolación, el asesinato y la guerra, de provocar las pasiones más volcánicas y los comportamientos más inesperados.

A juzgar por lo que los investigadores están descubriendo, no fue la lírica exaltación del corazón, lo que empujó a Romeo y Julieta a su trágico destino, sino más bien una serie de códigos de atracción y belleza forjados evolutivamente a través de cientos de miles de años, que llevan a machos y hembras a seleccionar la mejor pareja posible para intercambiar genes y asegurarse así un eficaz proceso reproductivo.

Corazón y razón

Pero si los poetas han errado en su diagnóstico del amor, dejándose llevar por los desbordes de su musa al tratar de poner este grandioso sentimiento en palabras, los filósofos, en cambio, parecen no haber estado tan lejos de describirlo en los términos que hoy emergen de los ensayos de laboratorio.

Arthur Schopenhauer (1788-1860) advirtió este fenómeno cuando teorizó que el inconsciente está gobernado por "la voluntad de vida", esto es, de reproducir, mientras que el consciente, el intelecto, comprende "sólo aquello que es necesario para promover la reproducción".

Y cuando 300 años atrás el francés Blas Pascal (1623-1662) sentenció que "el corazón tiene razones que la razón no conoce", estaba adelantando muchos de los resultados de un muy comentado libro que acaba de aparecer, titulado "Una teoría general sobre el amor", de los psiquiatras Thomas Lewis, Fari Amini y Richard Lannon, donde se afirma que, tal como lo advertía Pascal, "los sistemas neurales responsables de las emociones y el intelecto están separados, lo que crea un cisma entre ellos en la mente y en la vida humanas".

Esto explica, según los autores, la naturaleza misteriosa de la atracción, puesto que "el marco neural requerido para desarrollar estas actividades no entiende de órdenes".

"Mi pobre región límbica"

Por lo visto, el primer paso para rectificar las equivocadas concepciones acerca del origen del amor debería ser reemplazar la silueta del corazón con la que todo el mundo identifica este sentimiento, por un contorno del cerebro, puesto que es ahí donde se producen los procesos químicos y eléctricos que la mitología ha atribuido a los flechazos de Cupido.

Según Lewis, Amini y Lannon, hay una región del cerebro llamada la región límbica que procesa la información proveniente de otras personas, ubicada entre la parte "reptilínea" del cerebro que regula el latido del corazón y el flujo sanguíneo y la neocorteza cerebral, que maneja actividades como la escritura y el habla.

Esta región límbica, residencia de los instintos, las emociones y las hormonas, es el sitio de aquellos que llamamos "amor". Cuando Romeo ve aparecer a Julieta en la ventana alta, desde el jardín de los Capuleto y exclama: "¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente y es Julieta el sol!", en realidad está reaccionando a un enérgico cóctel de serotoninas, opiates y oxitocinas que se agita en su sector límibico.

En muchos sentidos, "Una teoría general sobre el amor" exculpa a los infieles y promiscuos de uno y otro sexo al concluir que ningún individuo puede esquivar a sus propios impulsos al sentirse atraído por otra persona, puesto que estos códigos están impregnados en su estructura de pensamiento.

Pero no todo está perdido. Si bien la región límbica está más allá de toda posible persuasión, puede ser adiestrada para aceptar el amor de otra persona. "El asombroso legado de nuestra status combinado como mamíferos y seres neurales es la revisión límbica", escriben Lewis, Amini y Lannon, "el poder de remodelar las partes emocionales de la gente a la que amamos".

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