
El paneslavismo nostálgico
Por Narciso Binayán Carmona
1 minuto de lectura'
La situación de hoy trae a la memoria la crisis de Suez, en 1956. En aquella ocasión Egipto nacionalizó el canal de Suez, e indignadas, Francia y la ubicua Inglaterra atacaron al país transgresor (pasando por alto el detalle de que el canal corría por su territorio).
La aventura tuvo varios resultados: el premier, sir Anthony Eden, vio cortada su carrera, el presidente egipcio Nasser engrandeció su imagen en el mundo árabe, la Unión Soviética aumentó su influencia y Francia e Inglaterra descubrieron, con retraso, que el mundo había cambiado desde el siglo pasado y principios de éste.
Algo así ocurre ahora con Rusia y, en especial, con su ejército, que sigue viviendo en gran medida con la escala de los tiempos soviéticos. El error -si lo hubo- de haber desplazado tropas desde Bosnia -donde es de presumir que tenían misiones bien precisas dentro de una tropa internacional de paz- ha erizado la piel de todos sus vecinos. Ni la disolución de su imperio externo e interno (la URSS) ni la imposibilidad de vencer la resistencia afgana y chechena sucesivamente le enseñaron nada.
Ahora, tras el despliegue de hace tres días, ha alarmado a todos, pero el caso por considerar aquí es, en especial, el de Ucrania, ya que sería por su territorio por donde deberían cruzar las tropas que vayan a formar parte de la fuerza de las Naciones Unidas en Kosovo. Queda abierta, por supuesto, la posibilidad de mandarlas por aire o por barco, pero ello es más caro y complicado.
Otra frontera caprichosa
La frontera política de Ucrania, como la de Albania, no coincide con la étnica. Es, aun así, uno de los países más grandes de Europa: 630.000 kilómetros cuadrados y más de 50 millones de habitantes. Las zonas adyacentes de Rusia y Bielorrusia, en que más de la mitad de la población es ucrania, cubren 120 mil kilómetros cuadrados. A la inversa, dentro de Ucrania hay diez millones de rusos concentrados en el Este, o sea adyacentes en su mayoría a Rusia.
Con escasa prudencia, apenas recuperada su independencia (para Ucrania) o rota la unidad (para Rusia), menudearon las propuestas de unión. Hace apenas ocho años, en 1991, el secretario general del PC, Leonid Kravchuk, consideraba imposible la independencia. Sin embargo, precisaba "no me opongo pero es irreal". Cuando vino fue realista; cambió rápidamente de bando, se incorporó al Movimiento Democrático (Rukh) y fue el primer presidente. Su sucesor, Leonid Kuchma, fue miembro del PC, pero tuvo militancia (dirigía un complejo metalúrgico). Eso sí: no sabía su propio idioma (lo aprendió rápidamente), pero su mujer, rusa, lo ignora. Pero de todos modos él es de centro y se lleva muy bien con los nacionalistas (ucranios, por supuesto).
Las propuestas rusas provocaron airadas manifestaciones en Kiev y otras ciudades y las rechazan tanto el centro (34 por ciento del Parlamento, siete partidos) como la derecha (siete partidos, 27 por ciento). Tuvo eco en la izquierda (tres partidos, 39 por ciento) y algunos legisladores -ex comunistas militantes- formaron una comisión con diputados de la Duma rusa para trabajar en el tema. Una propuesta muy seria es la división de Ucrania. Occidente seguiría independiente y Oriente, reunido con Rusia.
También propusieron enviar tropas a Kosovo conjuntamente. Los militares rusos estaban entusiasmados con la idea. Yeltsin, realista, se opuso. El no ucranio fue fulminante y categórico.
Pero para llegar por tierra desde Rusia hasta Kosovo debe cruzarse Ucrania, Hungría (o Rumania) y Yugoslavia. La falta de simpatía -o sea el "no"- para ver, otra vez, tropas rusas es evidente en todas ellas, salvo la última.
Se tiende a sobreestimar la simpatía de Rusia por las otras naciones eslavas e incluso se ha fantaseado mucho sobre este punto. Lo hicieron, en especial, los pensadores románticos del siglo pasado al acuñar el proyecto político del paneslavismo, ideal generoso pero que logró escaso apoyo concreto en los medios gobernantes rusos. Estos lo usaron para sus propios fines y cuándo y cómo les convino, pero no más allá.
Desconfiados -y teniendo bien presente la durísima mano rusa sobre Polonia-, los pueblos balcánicos trataron, también, de utilizar a este aliado tan eventual para lograr su propia libertad, sea de Austria-Hungría o de Turquía, conforme con la idea de que "los Balcanes son para los pueblos balcánicos".
Nadie olvida que a Rusia le gustó siempre la idea de ser protectora, la "Santa Rusia", en aras de su gran misión histórica que, en 1942 defendió el metropolitano Zósimo en otra sentencia célebre: "Dos Romas han caído, Moscú será la tercera y no habrá una cuarta".
Hoy, Rusia sigue con fantasías (y bombas atómicas). Aparte, está arruinada militar y económicamente. Pero el viernes último, en nuestra capital, se le preguntó al teniente general Alexandr Chonovski, comandante de la Guardia Nacional (Gendarmería) de Ucrania, cuáles eran los enemigos potenciales tomados en cuenta en los planes estratégicos de su país. "Uno solo -contestó-, Rusia."
1- 2
El precio del petróleo cae luego que Trump anunciara la entrega de barriles a EE.UU. por parte de Venezuela
3Deudas con las petroleras: los exorbitantes números que pueden complicar gravemente los planes de Trump para Venezuela
4Qué dijo Diosdado Cabello en su aparición en TV tras la detención de Maduro


