El papa Francisco, en la FAO: "El hambriento nos pide dignidad, no limosna"

El papa Francisco visitó por primera vez la sede de la FAO
El papa Francisco visitó por primera vez la sede de la FAO Fuente: AFP
El pontífice habló por primera vez en la sede de la organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas y dio un fuerte discurso sobre uno de los temas que más le preocupan
Elisabetta Piqué
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20 de noviembre de 2014  • 08:15

ROMA.- "El hambriento nos pide dignidad, no limosna". Por primera vez en su pontificado, el papa Francisco visitó hoy la sede de la FAO (la organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas) en ocasión de su Segunda Conferencia Internacional sobre nutrición, donde volvió a tener palabras fuertes sobre uno de los temas que más le preocupan: el hambre en el mundo.

"Las personas y los pueblos exigen que se ponga en práctica la justicia; no sólo la justicia legal, sino también la contributiva y la distributiva", clamó, hablando ante delegaciones de todo el mundo. "Hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos".

El Papa, que llegó acompañado del secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, habló en la asamblea después de la Reina Letizia de España y después de que el secretario general de la FAO, el brasileño José Graziano da Silva, agradeciera su presencia, que calificó de "histórica", en el cuartel general de la organización de esta capital, un edifico de arquitectura mussoliniana. La última vez que un papa había estado fue en 1992 cuando Juan Pablo II inauguró la Primera Conferencia Internacional sobre nutrición.

El Papa arrancó su discurso, pronunciado en español, destacando que "vivimos en una época en la que las relaciones entre las naciones están demasiado a menudo dañadas por la sospecha recíproca, que a veces se convierte en formas de agresión bélica y económica, socava la amistad entre hermanos y rechaza o descarta al que ya está excluido". "Lo sabe bien quien carece del pan cotidiano y de un trabajo decente", agregó, al subrayar que "el derecho a la alimentación sólo quedará garantizado si nos preocupamos por su sujeto real, es decir, la persona que sufre los efectos del hambre y la desnutrición".

La lucha contra el hambre se ve obstaculizada por la prioridad del mercado

"Hoy día se habla mucho de derechos, olvidando con frecuencia los deberes; tal vez nos hemos preocupado demasiado poco de los que pasan hambre. Duele constatar además que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la «prioridad del mercado» y por la «preeminencia de la ganancia», que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera", dijo. "Y mientras se habla de nuevos derechos, el hambriento está ahí, en la esquina de la calle, y pide carta de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una alimentación de base sana. Nos pide dignidad, no limosna", agregó, provocando aplausos en la sala.

Acto seguido, después de exigir que se ponga en práctica la justicia, no sólo legal, sino también contributiva y distributiva, Francisco pidió que se respetan en todas las circunstancias los derechos fundamentales de la persona humana "y, en nuestro caso, la persona con hambre".

Francisco dio un fuerte discurso sobre el hambre
Francisco dio un fuerte discurso sobre el hambre Fuente: AP

"El interés por la producción, la disponibilidad de alimentos y el acceso a ellos, el cambio climático, el comercio agrícola, deben ciertamente inspirar las reglas y las medidas técnicas, pero la primera preocupación debe ser la persona misma, aquellos que carecen del alimento diario y han dejado de pensar en la vida, en las relaciones familiares y sociales, y luchan sólo por la supervivencia", dijo. Tras evocar a san Juan Pablo II, que en la inauguración de la Primera Conferencia sobre Nutrición, en 1992, puso en guardia a la comunidad internacional ante el riesgo de la «paradoja de la abundancia», Francisco remarcó que no han cambiado demasiado las cosas.

Dos retos

"Hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos. Por desgracia, esta «paradoja» sigue siendo actual. Hay pocos temas sobre los que se esgrimen tantos sofismas como los que se dicen sobre el hambre; pocos asuntos tan susceptibles de ser manipulados por los datos, las estadísticas, las exigencias de seguridad nacional, la corrupción o un reclamo lastimero a la crisis económica. Este es el primer reto que se ha de superar", denunció.

Hay comida para todos, pero no todos pueden comer

Y destacó que el segundo reto que se debe afrontar es la falta de solidaridad: "Nuestras sociedades se caracterizan por un creciente individualismo y por la división; esto termina privando a los más débiles de una vida digna y provocando revueltas contra las instituciones. Cuando falta la solidaridad en un país, se resiente todo el mundo".

"Si se cree en el principio de la unidad de la familia humana, fundado en la paternidad de Dios Creador, y en la hermandad de los seres humanos, ninguna forma de presión política o económica que se sirva de la disponibilidad de alimentos puede ser aceptable", también dijo.

El Papa terminó su discurso recordando la importancia de cuidar a la madre Tierra, pidiendo a la comunidad internacional que sepa escuchar el llamado de la Segunda Conferencia sobre nutrición de la FAO y lo considere una expresión de la común conciencia de la humanidad y con un último consejo: "Dar de comer a los hambrientos para salvar la vida en el planeta". Así como fue recibido por aplausos, el Papa dejó la sala principal de la FAO entre aplausos.

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