Francisco, en la favela Varginha: "No están solos, el Papa está con ustedes"
El sumo pontífice fue recibido con enormes muestras de afecto de la población de uno de los asentamientos más peligrosos y empobrecidos de Brasil
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En el marco de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el papa Francisco dio este mediodía un discurso ante una multitud en la favela Varginha, en el norte de Rio de Janeiro, Brasil. "Nadie es descartable y nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo", dijo. "No están solos, el Papa está con ustedes", sentenció.
En una zona pobre y ante miles y miles de personas, Francisco llamó a una cultura de la solidaridad. "No se cansen de trabajar por un mundo más justo y más solidario", pidió al poder público y a quienes tienen recursos.
"No hay bien común si se ignoran pilares como la vida, la familia, la educación, la salud, la seguridad", enumeró.
A los habitantes de la favela, el pontífice les pidió que no se desanimen. "No pierdan la confianza, no dejen que la esperanza se apague, ¡la realidad puede cambiar!", planteó.
"No están solos, la Iglesia está con ustedes, el Papa está con ustedes", insistió.

Cuarto día en Brasil
El "papa de los pobres", Francisco, tiene este jueves frío y lluvioso un día de contrastes en Rio de Janeiro: una visita a la favela de Varginha y un encuentro con cientos de miles de jóvenes peregrinos en la emblemática playa de Copacabana.
Por la mañana, el papa argentino bendijo la bandera de los Juegos Olímpicos que Rio organizará en 2016. Fue una ceremonia en el Palacio de la Ciudad, a la que asistieron el ex astro del fútbol Zico y el ex basquetbolista Oscar Schmidt, quien padece cáncer. Francisco es apasionado por el fútbol e hincha de San Lorenzo.
También recibió las llaves de Rio de Janeiro, bendijo a la multitud y pidió -riendo y en castellano-: "Recen por mí".
Después se trasladó a Varginha, una favela gris y plana del Complejo de Manguinhos (zona norte), que fue por décadas muy violenta. Hacemos menos de un año fue "pacificada", o sea, reconquistada por la policía.
En este lugar, el primer papa latinoamericano bendijo el nuevo altar de la iglesia San Jerónimo, aún sin terminar, regaló un caliz, y caminó y bendijo a cientos de personas que se acercaron a saludarlo.
Después se dirigió a la multitud. Habló de la solidaridad, dijo que "nadie es descartable" y que "no hay bien común si se ignoran pilares como la vida, la familia, educación, salud, seguridad".
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