El papa León XIV cargó la cruz durante todas las estaciones del Vía Crucis
Durante la tradicional procesión se recordó que “toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla”
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ROMA.- En su primer Viernes Santo, la novedad de León XIV fue que cargó personalmente la cruz durante las catorce estaciones del tradicional Vía Crucis en el Coliseo, conmemoración en la que la actualidad de un mundo en llamas estuvo más que presente.
“Concédenos lágrimas, Señor, para llorar por los desastres de las guerras; para llorar por las masacres y los genocidios; para llorar con las madres y las esposas, por el cinismo de los prepotentes, por nuestra indiferencia”, fue la plegaria de la VIII estación, que evoca cuando Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén durante el calvario.
En su primer Viernes Santo, el Papa por la mañana habló por teléfono con el presidente de Israel, Isaac Herzog, a quien le habló de la necesidad de reabrir el diálogo diplomático para “una paz justa y duradera en todo Medio Oriente” y le subrayó la importancia de proteger a los civiles y promover el respeto del derecho internacional y humanitario.
Según informó el Vaticano, el Papa también habló con el mandatario de Ucrania, Volodimir Zelensky, a quien le reconfirmó su cercanía en medio de un recrudecimiento de los ataques rusos justo durante la Pascua.
Evidentemente preocupado por el nuevo desorden mundial, además de cargar la cruz en todo el Vía Crucis, un gesto simbólico para hacerse cargo de un mundo sufriente, el Papa le encargó las meditaciones para esta ocasión al padre Francesco Patton, excustodio de Tierra Santa, que vivió en Jerusalén, epicentro de tensiones, durante nueve años.
En la primera estación, que evoca cuando Jesús es condenado a muerte por Pilato, la reflexión giró en torno al poder. “Toda autoridad deberá responder ante Dios por el propio modo de ejercitar el poder recibido: el poder de juzgar, pero también el poder de comenzar una guerra o de terminarla; el poder de educar a la violencia o a la paz; el poder de alimentar el deseo de venganza o el de reconciliación; el poder de usar la economía para oprimir los pueblos o para liberarlos de la miseria; el poder de pisotear la dignidad humana o de tutelarla; el de promover y defender la vida o de rechazarla y suprimirla”, se oyó entre los viejos muros iluminados del anfiteatro Flavio, en una reflexión más que actual.
Lo escuchaban, concentradas, unas 30.000 personas que se acercaron a la zona del Coliseo, entre las cuales familias, religiosos, turistas de todo el mundo.
Como recordaron los expertos, en la edad moderna fue sólo Pablo VI, en 1965, quien introdujo el antiguo rito que evoca la pasión de Jesús en el Coliseo, lugar de martirio de los primeros cristianos. Pero tanto él, como su sucesor, san Juan Pablo II, al inicio de su pontificado si bien siguieron toda la procesión, sólo cargaron la cruz al principio y al final. Benedicto XVI llevó la cruz sólo en algunas oportunidades y el papa Francisco, por su problema para caminar debido a la ciática, solía seguir el Vía Crucis desde la terraza del Palatino.
Robert Prevost, que tiene 70 años y es deportista -todos los martes nada y juega al tenis en Castelgandolfo-, cargó sin problemas la cruz -de una madera liviana-, concentrado y vestido con su muceta y estola rojas, en toda la procesión, que duró más de una hora.
Entonces, también se utilizaron escritos de san Francisco de Asís, de quien se celebra este año el octavo centenario de la muerte, marcados por su mensaje de paz.
Imágenes de actualidad
En la décima estación, que recuerda cuando Jesús es despojado de sus vestiduras, se hicieron patentes imágenes de una actualidad brutal. “Es una tentativa que también se repite continuamente en nuestros días. Lo hacen los regímenes autoritarios, cuando obligan a los prisioneros a permanecer semidesnudos en una celda vacía o en un patio. Lo hacen los torturadores que no se limitan a quitar las vestiduras, sino que arrancan también la piel y la carne. Lo hacen aquellos que autorizan y utilizan formas de inspección y control que no respetan la dignidad de la persona. Lo hacen los violadores y los abusadores que tratan a las víctimas como objetos. Lo hace la industria del espectáculo, cuando ostenta la desnudez para obtener algún espectador más. Lo hace el mundo de la información, cuando expolian a las personas ante la opinión pública. Y a veces lo hacemos también nosotros, con nuestra curiosidad que no respeta ni el pudor, ni la intimidad, ni la privacidad de los demás”, advirtió la meditación.
El #PapaLeónXIV postrado en el suelo al inicio de la Celebración de la Pasión del Señor #ViernesSanto #BasílicadeSanPedro pic.twitter.com/APDA0tFMEu
— Eva Fernández (@evaenlaradio) April 3, 2026
En la undécima estación, que evoca cuando Jesús es clavado en la cruz, la reflexión fue sobre nuevamente sobre el auténtico poder. “No es el de quien considera que puede disponer de la vida de los demás al causar la muerte, sino el de quien realmente puede vencer la muerte dando la vida y puede dar la vida incluso aceptando la muerte”.
Antes del Vía Crucis, que concluyó con una oración de San Francisco y una bendición final, el Papa presidió la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, rito en el cual se postró en el suelo en adoración.
El día anterior, en su primer Jueves Santo, hubo un regreso a la tradición en el Vaticano: en la ceremonia que recuerda la Última cena, en efecto, el Pontífice nacido en Chicago le lavó y besó los pies a doce sacerdotes en la Basílica de San Juan de Letrán, algo que no se hacía desde hace trece años. Francisco, en efecto, tal como hacía como arzobispo en Buenos Aires, desde su elección sorprendió al mundo al hacer el gesto del lavado de pies con presos, enfermos y migrantes. En su homilía, de todos modos, León XIV transmitió el mismo mensaje de servicio y humildad de Jesús y llamó a los católicos a servir a los oprimidos.
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