El perdón para Karla Tucker hubiera sido un milagro
La controvertida ejecución de la mujer demuestra qué lejos está la clemencia.
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WASHINGTON.- La esperanza habrá sido lo último que perdió Karla Faye Tucker, ejecutada anteanoche en Texas, pero, en verdad, habría sido una rareza, o un milagro, que la Corte Suprema de los Estados Unidos aceptara los pedidos de clemencia por su condición de mujer y por su conversión al cristianismo, o que el gobernador George Bush (hijo) demorara la ejecución. "No ha lugar", bajaron el pulgar.
Poco valor tuvo la mediación del Papa, de las Naciones Unidas o del Parlamento Europeo. Le prestaron más atención, en todo caso, a Pat Robertson, uno de los popes y de los fundadores de la Coalición Cristiana: de férreo defensor de la pena de muerte pasó a ser ahora su más ferviente detractor.
Con él y su gente, ultraconservadores de gran predicamento entre los republicanos, estuvo coqueteando Bush, hijo del ex presidente, en busca de respaldo para su carrera hacia la Casa Blanca, prevista para las elecciones del 2000.
No tenía más facultad que aplazar por un mes la ejecución. Habría ido a contramano de sus propias convicciones, en favor de la pena capital como castigo, y de la sentencia que, una vez superadas las apelaciones, esgrimió como firme el máximo tribunal.
La excusa de respetarla a rajatabla no salió de la regla, pero soslayó, por ejemplo, el perdón concedido a Karla por el Papa, aunque su palabra aquí, con mayoría protestante, suene más terrena que divina. En nada guarda diferencias esta actitud con el escaso eco de su prédica en contra de un crimen autorizado, acaso más silencioso, acaso menos perturbador: el aborto.
La inyección letal se cobró, tres cuartos de hora después de lo previsto, la vida de una asesina que, desde su niñez, se codeó con la droga y con la prostitución. Con su aplicación, en éste y en todos los casos que sea necesario, está de acuerdo el 75 por ciento de la gente, según las encuestas.
Farsa anticonstitucional
Karla, de 38 años, había estado los últimos 15 en prisión. Admitía sus culpas y afirmaba que podía ser útil a la sociedad. De nada sirvió. El sistema judicial, según todas las explicaciones, habría sentado un pésimo precedente ante, textuales palabras, la farsa anticonstitucional que se montó en Texas. "Pido perdón por el sufrimiento que he causado", dijo ella, antes de morir.
Jamás se declaró inocente. Karla confesó durante el juicio que, en 1983, entró en la casa de Jerry Lynn Dean, su ex amante, en Houston, con el propósito de robarle repuestos de motos para comprar drogas. Pero lo encontró durmiendo con Deborah Thornton y, en un arranque de celos, los mató con un pico. Con cada golpe sintió un orgasmo, según su testimonio.
A la ejecución acudieron el marido de Karla, Dana Brown, un capellán de la prisión con el que se había casado hacía un par de años, y Ronald Carlson, el hermano de Deborah, una de sus víctimas, partidario del perdón. Pero también estaba Richard Thornton, el esposo de ella: "Sólo cuando vea muerto a este monstruo podré empezar a respirar tranquilo", espetó.
La pena capital, cuyos condenados forman durante años la fila de la muerte (death row), no rige en todo el país. Texas encabeza la nómina de los 38 Estados que dictan con frecuencia esta sentencia, restablecida en 1976. En 12 no está permitida, pero siempre existen iluminados que confían en que remedia todos los males, como sucede ahora con el alcalde de Washington, Marrion Barry, a raíz de la muerte de policías que fueron baleados por delincuentes comunes.
Son decisivos, en forma alternativa, la inyección letal en 32 Estados, la silla eléctrica en 11, el gas letal en 7, la horca en 4 y el fusilamiento en 3. Elige el condenado, habitualmente, la mezcla de tres drogas que paraliza su pulso y detiene su respiración, pero puede reemplazarse si, por algún motivo, no puede aplicarse.
"Texas no tiene piedad", señaló David Botsfor, abogado de Karla. Poco después, Bush postulaba: "Todos los delincuentes deben ser tratados de igual manera ante la ley". De las 74 ejecuciones del año pasado, 37 fueron en su Estado. Desde 1995, cuando asumió el cargo, tuvo 59 ocasiones de prolongar vidas. De varones, en todos los casos. Pero nunca lo hizo.
Dios la bendiga
Y esta mujer, la primera ejecutada en 14 años en el país y la primera en 138 años en Texas, tampoco fue la excepción. "Dios bendiga a Karla, a sus víctimas y a sus familiares", imploró Bush, corroborando la sentencia. "Dios los bendiga a todos", repuso Karla, desde la camilla.
Su condición de mujer poco efecto tuvo. En especial, entre ellas, feministas o no, de modo de no contradecirse en su reclamo de igualdad de derechos. Del 1,2 millón de encarcelados en los Estados Unidos, el 6,4 por ciento son mujeres.
"El caso Karla Faye Tucker demuestra cuán cerca de lo imposible está la victoria de la clemencia entre los condenados a muerte -indicaba ayer The New York Times-. El derecho de apelar al perdón debe de ser tan antiguo como la Biblia, pero varía de Estado en Estado y de gobernador en gobernador, y está sujeto, generalmente, a factores políticos."
Un condenado a muerte de Virginia obtuvo su perdón por haber salvado a un guardia. En contraste, Bill Clinton, mientras era gobernador de Arkansas, rubricó la sentencia contra un asesino redimido, Rickey Ray Rector, que terminó suicidándose en su celda antes de ser el primero en la fila.
Poncio Pilatos, gobernador romano de Judea, tenía la facultad de salvarle la vida a Jesús, pero se lavó las manos. Dos milenios después, quizás el problema de Karla es que no haya contado con la defensa del Dream Team (Equipo Soñado). Fue el mote que recibieron abogados que, con todas las evidencias en contra, lograron la liberación de O.J. Simpson, acusado del asesinato de su mujer y del amante de ella.
Distintas reacciones en el ámbito local
La ejecución de Karla Tucker también generó repercusiones en el ámbito político local.
El jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, en sintonía con el pensamiento que el presidente Menem demostró en varias oportunidades, defendió la pena de muerte, aunque aclaró que sólo "para delitos aberrantes", como violación y secuestro seguido de muerte y crímenes del narcotráfico. "En esos casos sí me pronunciaría en favor", señaló Rodríguez, pero se mostró "contrario" a la ejecución de Tucker.
La diputada justicialista neuquina Norma Miralles, en cambio, anunció que promoverá la instauración de la pena de muerte, previa consulta popular, al sentirse convencida de que "la ley va a salir sola, porque el pueblo la va a pedir".
La legisladora reflotó así un proyecto que ya había anticipado hace algunos meses en su provincia, cuando dijo que quería la instauración de la pena capital "con sufrimiento o tortura previos".
Así, en medio de una ola de cuestionamientos por la ejecución de la mujer norteamericana de 38 años, los dirigentes locales plantearon sus opiniones:
- "Desde 1984, la Argentina adhirió al Pacto de San José de Costa Rica, por lo que no existe la menor posibilidad de implantar esa medida. Nuestro país ha avanzado, ha crecido y tiene un grado de madurez tal que replantear estos debates significaría un retroceso", señaló la subsecretaria de Derechos Humanos, Inés Pérez Suárez.
- "Yo estoy en contra de la pena de muerte, la vida o la muerte no tiene que ser una decisión de los mortales", dijo el diputado del Frepaso Carlos "Chacho" Alvarez.
- "Ni el Estado ni ninguna persona tiene derecho a quitar la vida a otra. Todo esto revela la injusticia de un sistema donde, además, se tiene a una persona nueve o diez años en lo que denominan los pabellones de la muerte. Yo votaría en contra de cualquier tipo de ley que pretenda imponer una pena de esta naturaleza", sostuvo el senador Eduardo Menem, dejando en claro que no comparte la idea de su hermano sobre el tema.
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