
El principio de la no indiferencia
MIAMI.- Historiadores, tomen nota: hay un nuevo concepto que se está barajando en la reunión anual del la Organización de Estados Americanos (OEA): se trata del "principio de no indiferencia", según el cual ningún país debe permanecer callado cuando uno de sus vecinos quiebra el Estado de Derecho o viola los derechos humanos.
Es un concepto revolucionario que está siendo discutido por varios países que quieren que la OEA adopte un papel más activo para prevenir nuevas dictaduras en América latina (ver Pág. 3). Aunque la idea no es nueva y refleja el cambio en el derecho internacional desde los horrores de la Segunda Guerra Mundial, la novedosa expresión ilustra el tema de fondo que están discutiendo los 34 cancilleres de la OEA en la reunión que comenzó anteayer en Fort Lauderdale.
"Hay un nuevo principio, el principio de no indiferencia", me dijo el embajador de Chile ante la OEA, Esteban Tomic. "No es algo que sustituye al principio de no intervención en los asuntos internos de otros países, que está consagrado en la carta de la OEA, pero es un principio que lo acompaña y que está cobrando cada vez más fuerza."
El gobierno de George W. Bush argumenta que la democracia está bajo amenaza en varios países de la región y que la OEA -que a diferencia de las Naciones Unidas es un club de democracias- debería hacer algo al respecto. La Carta Democrática de la OEA de 2001 convoca a los Estados miembros a ejercer la presión diplomática colectiva sobre los países en que se interrumpe el Estado de Derecho, pero su texto es poco preciso y difícil de instrumentar.
De hecho, varios países miembros de la OEA ya son "democracias híbridas´´. Cada vez más, presidentes democráticamente elegidos están asumiendo poderes casi absolutos y se esconden detrás del "principio de no intervención" para protegerse contra cualquier crítica del extranjero. Y hay poco que la OEA pueda hacer al respecto bajo las reglas actuales, dicen los críticos.
Cuando el entonces presidente de Ecuador Lucio Gutiérrez disolvió la Corte Suprema el año pasado, la OEA no levantó la voz. Y cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se apoderó de la Corte Suprema de su país agregándole 17 jueces incondicionales suyos, o manipuló las leyes electorales para ganar elecciones, a la OEA no se la vio por ningún lado.
Estados Unidos propone -sin llamarlo de esa manera- un sistema de alerta temprana que cuente con la asesoría de grupos de la sociedad civil para denunciar amenazas inminentes a la democracia. La idea fue propuesta primero por el ex presidente Jimmy Carter como un camino para superar la tendencia natural de los jefes de Estado de protegerse unos a otros.
En un párrafo que parece dirigido a Venezuela, la "Declaración de Florida", propuesta por Estados Unidos, dice que los países miembros "deben gobernar democráticamente, respetando los derechos humanos plenamente, el Estado de Derecho, la separación de poderes y ramas de gobierno independientes" y que "los gobiernos que no lo hagan deberán rendir cuentas".
El borrador también le pide al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, diseñar un "plan de acción" con el "consejo de expertos externos y la sociedad civil" para fortalecer la Carta Democrática 2001. Y pide a los países miembros de la OEA crear un comité de monitoreo del estado de la democracia en cada país.
¿Se aprobarán estas propuestas? Según me dicen diplomáticos latinoamericanos y norteamericanos, es probable que la reunión de la OEA apruebe una versión más tenue del borrador presentado por Estados Unidos y que Venezuela opte por no bloquear el acuerdo para no quedar aislada entre las democracias de la región.
Mi humilde pronóstico: América latina le bajará considerablemente el tono a la propuesta de Estados Unidos y probablemente incluirán en la declaración final una exigencia de respetar el principio de no intervención.
Pero, en líneas generales, el documento final recogerá las inquietudes de Estados Unidos y le dará un gran impulso al principio de no indiferencia.
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