
El Queen Elizabeth II se convirtió en el hogar de lujo para una viuda
Paga cerca de US$ 5000 mensuales por vivir en el barco; lo prefiere a un geriátrico
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LONDRES.- Un crucero de lujo se ha convertido en el hogar permanente de una anciana norteamericana, quien llegó a la conclusión de que vivir allí sería más barato -y mucho más entretenido- que recluirse en un geriátrico.
Beatrice Muller, de 82 años, paga unos 5000 dólares mensuales por la cabina 4068 del Queen Elizabeth II. El precio incluye las comidas, así que sus únicos gastos, asegura, son sólo de tragos, apuestas y ropa. Aunque la mayor parte del día lo dedica a jugar al bridge, a asistir a conferencias y shows y a gozar de su pasatiempo preferido: bailar en el salón de fiestas con los huéspedes masculinos.
Muller y su esposo de toda la vida, quien murió hace dos años, se habían enamorado del transatlántico en 1995. A partir de entonces, disfrutaron juntos de cinco cruceros alrededor del mundo durante cinco años seguidos.
Incluso planearon pasar todo el año 2000 a bordo del barco, y el hecho de que en 1999 Robert Muller cayera gravemente enfermo no impidió que la pareja se embarcara en la nave para dar otra vuelta al mundo. El 25 de marzo de ese año, sin embargo, Robert murió a bordo del crucero. "Es aquí donde quería estar", afirmó su mujer.
Sola por primera vez tras 57 años de matrimonio, Beatrice suspendió el viaje y regresó a su casa en Bound Brook, Nueva Jersey. Al cabo de un año había regresado al Queen Elizabeth II, ya no como pasajera, sino como residente permanente.
"Vivir aquí me sale 4848 dólares al mes, cuando un geriátrico en Londres cuesta en promedio unos 3000 dólares, y las perspectivas no son ni la mitad de espectaculares", comentó la señora Muller al diario británico Sunday Express. "El único problema es asegurarme de no comer demasiado de esta deliciosa comida", agregó, entre risas.
En su pequeña cabina, Beatrice guarda en la mesa de noche fotos de su marido y de sus dos hijos. Debajo de la cama hay un ropero y varios cajones. Además, la habitación cuenta con una pequeña radio y una TV color.
"Es suficiente para mí" -asegura la inquilina-. Aquí tengo todo lo que necesito."
Octava vuelta al mundo
Cuando el crucero no está navegando alrededor del mundo, Muller vive con su hijo Alan, de 51 años, en Middlesex, Nueva Jersey. Alan y su hermano menor, Geoffrey, de 45 años, la ayudan a manejar sus finanzas. Además, se turnarán entre ellos para estar junto a su madre cada Navidad. El resto del año Beatrice se mantiene en contacto con su familia mediante los e-mails que envía desde la sala de computación del crucero.
El año próximo, Muller pretende hacer su octava vuelta al mundo a bordo del crucero. Ya ha pasado mil días en el barco, y en la solapa de su saco rojo luce orgullosa el prendedor de oro que le otorgó la compañía Cunard Line, propietaria del transatlántico.
"La señora Muller es definitivamente un miembro de la familia para la tripulación del Queen Elizabeth II", señaló John Duffy, gerente del hotel del barco. "La conocen todos, y Bea conoce a la vez a todo el equipo. Es una relación muy cálida", agregó.
Muller dice que el crucero es como un pequeño pueblo, con su consultorio médico, negocios, biblioteca y restaurantes. Incluso, ha conocido a muchas celebridades a bordo: Bill Cosby, Vic Damone o Martin Hamlisch, entre otros. Aunque quien más la impactó, afirma, es Nelson Mandela. "Creo que es un santo", dijo sobre el ex presidente sudafricano.
Beatrice dice que, mientras pueda, hará de su "palacio" su hogar permanente. "A veces siento que he muerto e ido al cielo", dice. "Tengo que mirar alrededor para asegurarme de que los miembros de la tripulación no tengan alas en sus espaldas."






