
El recuerdo de LAPA, la peor tragedia argentina
Por Fernando Rodríguez De la Redacción de LA NACION
1 minuto de lectura'
Fue la peor tragedia aérea en la Argentina, y ocurrió, como ayer en Barajas, durante el despegue.
El 31 de agosto de 1999, el vuelo 3142 de la empresa LAPA, con destino a Córdoba, comenzó a carretear por la pista del aeroparque metropolitano, pero nunca despegó: un error garrafal de los pilotos hizo que el Boeing 737-204C, matrícula LV-WRZ, con 95 pasajeros y cinco tripulantes a bordo, no lograra tomar altura y terminara su marcha contra el talud de un campo de práctica de golf, situado frente a la aeroestación porteña, donde se incendió, a las 20.54. Murieron 65 personas: 63 que iban en el avión, y dos que viajaban en uno de los autos a los que la nave pasó por arriba.
La investigación técnica del accidente de LAPA estableció que los pilotos olvidaron, primero, realizar la configuración de las alas; luego, apenas comenzado el carreteo, desoyeron una fuerte alarma sonora que indicaba la ausencia de flaps en posición de despegue. Finalmente, después de haber decidido seguir acelerando y llegado el momento en que el avión debió haberse elevado del suelo (la llamada velocidad V2), intentaron sin éxito una maniobra de frenado totalmente desaconsejada, que terminó de sellar el destino trágico de la nave.
Los pilotos, Gustavo Weigel y Luis Etcheverry, no siguieron las normas de procedimiento before take off (una serie de chequeos instrumentales previos al despegue) porque mantenían una charla con la comisario de a bordo, en un ambiente que no reproducía la "seriedad y concentración" que requería ese momento crítico. Así, suspendían el procedimiento, "repitiéndose varias veces esta situación y no completando en ningún caso las listas" de control, según el informe de la Junta de Investigación de Accidentes (Jiacc) argentina.
Se estableció que los pilotos nunca supieron por qué sonaba la alarma. De la caja negra se deduce que el copiloto habría intentado detener la nave, y que el piloto le dijo que no. Con la alarma sonando, pudieron detener la marcha incluso antes de que la nave llegara a 80 nudos de velocidad (148 km/h), cuando el procedimiento recomienda "abortar por cualquier causa". Pasada esa velocidad, la VR (velocidad de rotación) y la V2, ya no hay vuelta atrás.
El LV-WRZ sobrepasó la punta de pista, destrozó la reja perimetral, una parada de colectivos, arrolló dos autos que circulaban por la Costanera, una caseta con una instalación de gas y dos máquinas excavadoras, hasta estrellarse en el talud del Driving Range.
Con los pilotos muertos, actualmente son enjuiciados los directivos de LAPA y varios funcionarios de la Fuerza Aérea, por su presunta responsabilidad en el hecho, al permitir que estuvieran al mando del avión a quienes no estaban en óptimas condiciones para volar.

