
El reino del millón de elefantes
Por Narciso Binayán Carmona
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"Si el zar volviera, yo le besaría el pie", dicen que dijo un campesino ruso a un amigo en los primeros tiempos del régimen soviético. "¡Mentiroso!", le replicó el otro. "No podrías." "¿Por qué?", contestó el otro. "Porque la cola sería demasiado larga", señaló el amigo, no sin razón.
En tierras muy lejanas y más calientes el zumbón comentario acaba de retomar inesperada validez y ello por la vía oficial del propio régimen (comunista) de Laos. Allí, el infeliz rey laosiano Savang Vatthang (1959-1975) fue dejado morir de hambre en un campo de concentración en 1978, e igual suerte corrió su hijo y heredero. Pero ahora el gobierno ha atribuido el último atentado con bombas en Vientiane -el 30 de noviembre- a los realistas en exilio mientras se aprestaba a festejar los 25 años de república y la instalación del comunismo en el país.
El pueblo laosiano surgió, según la leyenda, en el siglo VII asociado con la creación del mundo. Pero el país nació como tal en la época convulsionada que siguió a la caída del imperio mongol bajo el cual Panya Lang instaló un modesto reino en 1271. Fue su descendiente, Fa Ngum (1354-1393), el que eliminó todo vestigio de dominio mongol y fundó un poderoso reino -casi un imperio- que recibió el suntuoso nombre de "reino del millón de elefantes". Tal como Francia y Portugal han sido una creación de los monarcas capetos, Laos fue construido por la familia de Panya Lang y la muerte de su último heredero es una muestra de cruel ingratitud y aún más.
Pero estratégicamente, Laos se encuentra mal ubicado y políticamente ha tenido una vida de trompo, tironeado entre vecinos más poderosos: los thai al Oeste; los vietnamitas al Este y los khmer al Sur y eso ha marcado su mala suerte, sea en el siglo XIV, sea en el siglo XX y en todos los intermedios. Pero la misma familia real logró, sagazmente, pilotearlo a través de ese destino azaroso.
Llegan los comunistas
Su suerte en la segunda mitad del siglo XX quedó sellada cuando Ho Chi Minh fundó en 1930 el Partido Comunista Indochino y en 1936 la sección laosiana, formada toda ella inicialmente por vietnamitas. No fue hasta mediados de la década del 40 que comenzó a reclutar laosianos y así entraron en él dos figuras del partido que serían importantísimas: Kaysone Phombivan, que sería presidente y jefe del partido (1955-1992), y Nouhak Phoumsavan, que lo sucedió como presidente de la república a su muerte.
La guerra civil marcó los años siguientes a la liberación del dominio francés (1953): realistas-neutralistas bajo el príncipe Souvana Phouma; comunistas bajo su medio hermano el "ex" príncipe Souphanavong, que formó un gobierno paralelo, y militares de escaso relieve. Inicialmente se trató de formar un gobierno de coalición comunista-monárquico (sic), pero, con la caída de Saigón y la derrota norteamericana, los comunistas tomaron el poder, el rey "abdicó" (1975), y comenzó, según era de esperar, una serie de purgas, juicios y ejecuciones con la instalación de media docena de campos de concentración que reunieron entre 30 y 60.000 detenidos de las antiguas clases poseedoras que pasaron al nivel social de "no personas". Cientos de miles huyeron.
El país, manejado con mano de hierro por el PC, mantuvo con Vietnam "relaciones fraternales". La Iglesia budista no fue perseguida como tal, pero el abad Thammayano, su cabeza, prohibido de predicar huyó a Tailandia. Con pragmatismo, cuando la caída del régimen soviético lo privó de apoyo económico y militar, el régimen dio un salto acrobático y, sin abandonar el control ni más cambio que el generacional, abandonó todos sus principios ideológicos y se abrió a la "economía de mercado".
Con mano de obra baratísima y con toda clase de facilidades, las inversiones extranjeras afluyen al país y el marxismo ha sido reemplazado por el nacionalismo laosiano. Ello ha traído gravísimos problemas, ya que del 30 al 40 por ciento de la población no es laosiana. El país es uno de los más pobres del mundo -cientos de miles de campesinos están bajo el nivel de subsistencia- y proliferan la corrupción, la droga y la prostitución.
Mientras tanto crece -desde 1996- la ola de ataques guerrilleros de minorías y de campesinos. Y la enorme comunidad en exilio -con un eventual gobierno- ve la triste situación de su patria, mientras el monarca titular -nieto del rey asesinado- de Soulivong Savang, de 47 años, aguarda su momento.


