El riesgo nuclear en el Asia oriental

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5 de mayo de 2003  

La pata más oriental del "eje del mal" de George W. Bush no es, como Irán e Irak, un país musulmán; tampoco es, como Irak, mayoritariamente semita-árabe, ni tiene, como Irak, un ejército relativamente débil que no resultó un peligro mayor para nadie, excepto para sus vecinos.

No, Corea del Norte es un enemigo formidable y, además, no tiene petróleo ni otras riquezas que lo hagan apetecible para un país con ambiciones y en crecimiento colonial que quiere ganar en poco tiempo lo que a otros imperios les costó siglos alcanzar. Corea del Norte es difícil de controlar.

Tiene el tercer ejército del mundo en volumen, con más de un millón de efectivos, y se ha calculado que su artillería en una hora podría disparar 300.000 andanadas contra Seúl causando un millón de víctimas en pocos días, para empezar. También difiere de Irak en que afirma rotundamente tener la bomba atómica y ha hablado, con ligereza, de lanzarla. Hasta 1994 la planta nuclear de Yongbyon se ocupó de producir plutonio; ahora estaría detrás de uranio enriquecido. Su arsenal atómico, según el Pentágono, tiene sólo una o dos bombas y se estima que podría producir otras cinco.

El gran problema es que nadie puede afirmar con seguridad si realmente está en posesión de armas tan contundentes. ¿Dónde habrían sido hechos los ensayos? Estados Unidos, antes de lanzarla sobre Japón, en agosto de 1945, las probó en el desierto de Nevada; Francia, en el Sahara y en las inmensidades del Pacífico; la URSS, en el Asia central; la India y Paquistán, en los desiertos que los separan. Pero Corea del Norte tiene sólo 120.000 kilómetros cuadrados y una densidad de población de 200 personas por kilómetro cuadrado. Le falta espacio material para concretarlas. Pero... no hay seguridad.

Corea fue tradicionalmente el Imperio del Medio, entre los de China y Japón, y desde que hace menos de siglo y medio Rusia se anexó el gran puerto chino de Jaishanwei (hoy Vladivostock), pasó a ser país limítrofe e interesado en sus asuntos. La región, por lo demás, formó parte del viejo reino coreano de Parhae, antes de pasar a China, y su capital, Tonggyong, está hoy en Rusia (los coreanos, nación de gran memoria histórica, no lo olvidan).

Una región caliente

Pero para recordar conflictos no hay que ir tan lejos. Fue en junio de 1950, cuando el entonces dictador de Corea del Norte, Kim padre, invadió sin aviso alguno el Sur y pocos meses más tarde, en octubre, las tropas chinas comunistas cruzaron el río fronterizo, el Yalu, y entraron en la península a apoyarlo.

El peligro era enorme y el 29 de diciembre el alto mando planteó a Douglas Mac Arthur la posibilidad no sólo de perder toda Corea sino hasta de tener que evacuar Japón. La sugerencia del general fue exagerada hasta la caricatura: lanzar entre 30 y 50 bombas nucleares sobre la Manchuria china, desembarcar medio millón de tropas nacionalistas chinas (apenas el año anterior habían cruzado a Taiwan) y crear un cinturón de cobalto radiactivo a lo largo del Yalu (Kim Chum Kon, The Korean War , Seúl, 1959, pág. 809).

No hay región en el mundo donde el riesgo de una guerra nuclear pueda ser tan activo como en el Asia oriental, la única que la sufrió y donde se sigue hablando de ella como posibilidad. Hay un acuerdo entre casi todas las partes interesadas en la desnuclearización coreana (Corea del Sur, China, Japón, Estados Unidos y Rusia). La única excepción es el Norte. También se niega a dialogar con el Sur sobre estos temas insistiendo, hasta ahora con éxito, en hacerlo sólo con Estados Unidos. Sin embargo, en un juego de intrigas complicado, mantiene al mismo tiempo conversaciones con Seúl.

La semana próxima, el presidente de Corea del Sur, Roh Moo hyun, viajará a Washington, donde mantendrá una reunión cumbre con su colega norteamericano. Tal vez entonces se clarifique el panorama. Puede ser para bien -sin guerra- o puede ser para mal -con guerra-.

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