El secreto de Francisco: se deja conmover por los problemas de la gente y nunca se resigna

Andrea Riccardi
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28 de mayo de 2014  

ROMA.- El papa Francisco incursionó, este fin de semana, con el paso de un creyente y no de un político, en los intrincados problemas de Medio Oriente. Pero en esa región, la política está estrechamente ligada a lo religioso. Así es que un viaje pastoral y ecuménico muestra inevitablemente un costado "político". Para Francisco, la perspectiva del creyente no soslaya los problemas.

Pudo verse de inmediato, no bien aterrizó en Amman, cuando recordó y se encontró con tantos refugiados sirios, iraquíes y palestinos que fueron recibidos por Jordania. Pero también cuando en Cisjordania se detuvo sorpresivamente, sin hacer ruido, junto al muro que separa los territorios palestinos de Israel.

La política nunca tuvo éxito en conciliar la seguridad y las exigencias de Israel con la necesidad de consolidar un Estado palestino, ni en conciliar a tantas almas israelíes con tantas otras de palestinos.

El papa argentino no se rinde. Con humildad y decisión, llegó a esa tierra herida y "prometida" a tantos pueblos distintos. Hizo una escala en el muro levantado por los israelíes, pero también visitó Yad Vashem, el memorial del Holocausto .

Frente a esos mundos que se alejan entre sí, el Papa propone un punto de conciliación que está por encima de la política. No hay que tenerle "miedo al cambio", dijo el Papa en Jordania. Ese cambio de perspectiva debe ser radical, según le explicó Francisco al presidente palestino Mahmoud Abbas: "Un éxodo hacia la paz, con el coraje y la firmeza necesarios para cualquier éxodo". Debemos salir del embrollo de intereses, miedos, violencia y recuerdos. Sin embargo, mientras el Papa estaba en Belén, el primer ministro de Gaza, Ismail Haniyeh, de Hamas, estaba de visita en Teherán. Otra dificultad, que hará que Israel se ponga todavía más en guardia.

Pero el papa Francisco mira más allá de la coyuntura. El domingo, para sorpresa de todos, invitó al presidente israelí, Shimon Peres, y a Abbas, a orar juntos. Ambos aceptaron hacerlo en los próximos meses. Es una señal importante: "Construir la paz es difícil, pero vivir sin paz es un tormento", afirmó el Papa con profundo realismo.

Estamos frente a una reafirmación concreta del "espíritu de Asís". El rabino David Rosen, gran hombre de diálogo, lamentó que durante la visita no se realizara un encuentro interreligioso.

Francisco ha logrado más que un encuentro interreligioso: hace derivar la paz de la oración de todos los creyentes. "No recemos más unos contra otros, sino unos con otros": ése fue el llamado de Juan Pablo II en Asís, en 1986. Ahora, un sucesor suyo lo repitió en Tierra Santa, convocando a salir del enfrentamiento e invitando a todos a Roma.

El Papa quiso deliberadamente que su visita a Israel fuese antes de que Peres termine su mandato, en julio de este año, porque lo considera abierto a los gestos de paz. Así, el papa pastor propone una vía de salida espiritual para el bloqueo que padece la política. Rescata los puntos de unión y aparta lo que divide.

Dentro de esa lógica, se ubica la oración ecuménica en el Santo Sepulcro. En su reciente libro L'abbraccio di Gerusalemme ( El abrazo de Jerusalén), Valeria Martano mostró el enorme significado del encuentro de hace 50 años entre Pablo VI y el patriarca Atenágoras, en los orígenes del ecumenismo del último medio siglo.

Muchos no saben que una parte importante de los ortodoxos no reza junto a los católicos. La oración conjunta en Jerusalén es un logro de Francisco y del patriarca Bartolomé. Y, sobre todo, es la apertura de un camino de unidad que muchas iglesias deberían tomar si no quieren hundirse en la irrelevancia, frente a la multiplicación de ofertas religiosas del siglo XXI.

Este papa, que no es diplomático, está logrando un "éxito" político. Pero el secreto de Francisco es dejarse tocar por los problemas concretos del pueblo y no resignarse. Pudo verse en su homilía en Belén, donde se dejó llevar por el lirismo pío, pero se preguntó: "¿Cómo nos comportamos con los niños de hoy? ¿Somos como María y José, que recibieron a Jesús y lo cuidaron con amor materno y paterno? ¿O somos como Herodes, que quiere eliminarlos?". Para el Papa, ya no hay ni espacio ni tiempo para una posición intermedia entre la violencia de Herodes y trabajar por el futuro y por la paz de los niños de Tierra Santa y del mundo.

Traducción de Jaime Arrambide

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