El "síndrome Francisco" prende en una región con todo por hacer

Elisabetta Piqué
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18 de agosto de 2014  

SEUL.- En esta parte del mundo ya sabían que llegaba a su tierra un líder espiritual popular, conocido por su humildad, su amor por los pobres y su mensaje en favor de una economía que no excluya y de una cultura del diálogo y del encuentro. Pero lo que logró Francisco en sus cinco días en Corea del Sur superó todos los pronósticos.

"El Papa es la persona más popular de Corea. Si ayer hablábamos de «efecto Francisco», ahora hablamos de «síndrome Francisco». Todo el mundo lo ama", dice a la nacion Ko Jung Ae, periodista del diario JoongAng Ilbo.

Jorge Bergoglio conquistó a los coreanos porque predica con el ejemplo. Si de entrada cautivó que quisiera moverse con un modesto vehículo KIA Soul en un país que se caracteriza por la pasión por las grandes marcas de lujo y el consumismo desenfrenado, luego también impactó su actitud de cercanía, consuelo y comprensión con parientes y sobrevivientes de la tragedia del ferry Sewol. A diferencia de la presidenta, Park Geun-hye, se reunió más de una vez con ellos. Sin que nadie lo obligara, se puso en su sotana blanca la cinta amarilla que simboliza su protesta y hasta bautizó ayer por la mañana en la nunciatura- al padre de una de las víctimas que le hizo ese pedido, que por supuesto eligió llamarse "Francisco".

Los periodistas coreanos preguntaban y no terminaban de entender ese querer estar del lado de los manifestantes de Sewol, de estar del lado de los que sufren. Había que explicarles que no es una novedad, que también siendo arzobispo de Buenos Aires lo hacía. Y darles como ejemplo su actitud después de tragedias como la de Cromagnon o la de Once.

"Para nosotros, el Papa no fue sólo la noticia principal de estos días, sino que fue la noticia del año", dijo Ko. "Porque este año para nosotros fue atroz: no fue sólo el ferry, también nos ha devastado el suicidio de 10 conscriptos en pocos meses... Un colega me comentaba que el Papa fue como un rayo de sol en medio de la oscuridad", agregó esta periodista. "Yo nunca había visto a un hombre de entre 40 o 50 años sonreír. Los hombres coreanos están acostumbrados a no mostrar sus sentimientos, es parte de su educación. Pero viéndolos mirar al Papa por televisión, por primera vez vi que sonreían", subrayó.

El Papa que abraza, sonríe, se deja hacer selfies, besa y juguetea con bebes y acaricia a enfermos, en efecto, también conquistó por su normalidad, por su rechazo a querer ser tratado como un emperador, un príncipe o un rey. En todos los diarios coreanos fue noticia del día que cuando visitó un centro de discapacitados, anteayer, rechazó sentarse en el trono que le habían preparado. Prefirió quedarse de pie. O causó impresión que ayer, luego de haber bautizado al padre de una víctima, quisiera saludar, uno por uno, a los 40 policías motorizados que lo escoltaron durante su gira. Les agradeció su servicio, dejó que se sacaran fotos con él, sonriente y les regaló el rosario a tres de ellos que eran católicos. Porque el "síndrome Francisco" irrumpió en un país donde el catolicismo es minoritario (sólo el 10%), al igual que en el resto del Asia.

El éxito de Francisco, que fustigó a modelos económicos inhumanos, terminó siendo un búmeran para la presidenta Park -que esperaba sacarle rédito político a esta visita- y para la clase dirigente y empresarial de este país y de todo un continente que crece con enormes desigualdades sociales.

"Ahora los coreanos se preguntan: ¿por qué nuestros líderes políticos no son cómo él?", dice Park Sun Jin, periodista de la agencia Yonhap.

Al hablarles a jóvenes y obispos de 27 países que participaban de la Jornada de la Juventud Asiática en Daejon, uno de los grandes objetivos de este viaje, Francisco también se anotó puntos. Y le envió un mensaje contundente en favor del diálogo y de la apertura a Asia, para la Iglesia tierra de misión y objetivo prioritario de evangelización del tercer milenio. Asia es una prioridad para Francisco, que de joven soñaba ser misionero en este continente, pero una pulmonía grave se lo impidió. En enero volverá a viajar a esta parte del mundo, cuando visite Sri Lanka y Filipinas.

Como recordó ayer el cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay, presidente de la Confederación Episcopal de Asia y miembro del consejo consultor de cardenales del Papa, en Asia vive el 60% de a población mundial. "Es un continente joven, donde la mayoría es joven, que por lo tanto es, de muchas formas, central para el futuro del mundo y el futuro de la Iglesia", dijo.

Más allá de la "geopolítica del encuentro", Francisco demostró estar en un estado de salud muy bueno. Pese a una agenda que dejó destruidos a los periodistas y que incluyó todos los días traslados en helicóptero o tren a otras ciudades, siempre ostentó gran energía. Y cuando Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, le hizo un comentario al respecto, él le contestó: "Es el estado de gracia".

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