
El terrorismo suicida, la táctica que ya no reconoce fronteras
Por Douglas Jehl De The New York Times
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WASHINGTON.- Un acto terrorista suicida podría ser un máximo acto de devoción, pero también representa la máxima pesadilla para la seguridad: un atentado en el que el ingrediente esencial no es el adiestramiento, la capacitación ni la tecnología, sino el compromiso y la determinación.
Se trata de una táctica que demostró ser muy eficaz en ciudades como Beirut, Jerusalén y Bagdad, y que sólo en cuestión de tiempo, según advirtieron expertos en seguridad, se puede extender a otras partes del mundo.
En Londres, ese momento tal vez ya haya llegado. Si se demuestra que los atentados en Londres fueron obra de terroristas suicidas, los hábitos de vida podrían cambiar, con un creciente temor a ataques similares y una nueva conciencia de la inutilidad de ciertas medidas, como los controles inmigratorios y anuncios públicos que instan a alertar sobre paquetes sospechosos.
"Cualquiera puede ser un terrorista suicida", señaló Daniel Benjamin, un ex funcionario y experto en terrorismo del gobierno de Clinton. "No tiene que ser adiestrado, sino adoctrinado. No tiene un perfil definido; por eso es tan difícil defenderse de él".
Por qué no se registraron atentados suicidas antes en Occidente es un misterio. En Medio Oriente y en Asia, esa táctica se extendió en los últimos años más allá de sus orígenes en el Líbano, en 1982, donde tuvo como precursor al grupo chiita Hezbollah.
En Israel y sus territorios ocupados, los palestinos perpetraron más de 200 atentados suicidas en los últimos diez años.
En Irak, desde la invasión norteamericana en 2003, la insurgencia cometió más de 500 atentados suicidas con un saldo de cientos y cientos de víctimas iraquíes y norteamericanas.
Pero con la notable excepción del 11 de septiembre de 2001, el mismo método no había asomado en Occidente, objetivo principal de la mayoría de los extremistas islámicos.
En marzo de 2004, los terroristas que mataron a 191 personas en Madrid hicieron detonar sus explosivos por control remoto, y sólo se suicidaron cuando las autoridades los tenían cercados.
Controles inmigratorios
Al explicar por qué los grandes centros comerciales y clubes nocturnos occidentales no fueron blanco de actos terroristas suicidas, funcionarios norteamericanos indicaron que eso podría significar un éxito de los controles inmigratorios y policiales en el intento de identificar a extremistas.
Michael Chertoff, el nuevo jefe de la seguridad interna norteamericana, afirmó que aunque algunos sospechosos fueron acusados de delitos menores, sus arrestos podrían haber prevenido operaciones en mayor escala.
Los funcionarios norteamericanos también indicaron que, sea lo que fuere que resta del núcleo de Al-Qaeda, la red probablemente no tiene interés en malgastar sus recursos en un ataque de menor escala.
En una declaración pública a principios de este año, Porter J. Goss, el director de la CIA, sostuvo que "quizá sea una cuestión de tiempo antes de que Al-Qaeda u otro grupo terrorista intente usar armas químicas, bacteriológicas, radiológicas y nucleares". Pero también advirtió que Al-Qaeda "es sólo una faceta de la amenaza de un vasto movimiento jihadista sunnita".
Para las células terroristas instaladas en diversos países, como la que actuó en Madrid, y sea cual fuere la operación que impulsó los atentados en Londres, el diario ejemplo del caos que pueden provocar los atentados suicidas en lugares como Irak e Israel tal vez haya demostrado que es imposible ignorarlos.




